sábado, 8 de mayo de 2010

EL LUCHADOR (THE WRESTLER)


- "Dicen que la lucha es un engaño...
- ¿Un engaño?; nada es un engaño"

Randy "The Ram" Robinson a Cassidy, en "The Wrestler"


Todas las opiniones que he revisado sobre "El Luchador (The wrestler)" (Darren Aronofsky, 2008) han coincidido en destacarla como una excelente película. Tanta unanimidad en los elogios contrasta con las críticas recibidas por su anterior obra, "La fuente de la vida" (2006). Y es que este peculiar director ha conseguido salir airoso al construir con honestidad las desventuras de una antigua estrella de la lucha libre americana (wrestling o pressing catch) que debe afrontar sus últimos días intentando escapar de la nostalgia y de la enfermedad. Los gélidos y desolados parajes de un invernal New Jersey sirvieron como escenario a este film, reforzando un ambiente desapacible y carente de esperanza.

Dicho personaje me trajo a la memoria a otros perdedores también recientes como
Bad Blake (Jeff Bridges), el veterano cantante country alcoholizado de "Crazy Hearth" (Scott Cooper, 2009), pero sin que esta vez ni siquiera el amor manifieste un ápice de su esperada capacidad de redención. Sin duda alguna al éxito cinematográfico ha contribuido notablemente la presencia de Mickey Rourke, en el que tal vez haya sido hasta ahora el mejor trabajo de su carrera, enfundándose las ajadas mallas y el alma de Robin Ramsinski, más conocido entre sus fans como Randy "The Ram" Robinson ("El Carnero").

Mickey Rouke es Randy "The Jam" Robinson

Anteriormente, Rourke ya había estrenado ese deambular tan especialmente suyo, abatido y escorado, encarnado al atribulado personaje de Henry Chinaski en "Barfly" (Barbet Schroeder, 1987). A pesar de todo, habiendo retornado una vez más a la primera fila de la fama, este actor ha sido capaz de enriquecer su interpretación aportándole mayores dosis de humanidad y sensibilidad.

La trayectoria profesional de "The Ram" finalizó a mediados de los años 80 tras vencer definitivamente a "El Ayatollah" (Ernest Miller) su más encarnizado rival. Dos décadas después, éste todavía continua luchando en miserables y delirantes veladas a cambio de unos pocos dólares (¡impagables las escenas del combate CZW en las que un aficionado le ofrece su pierna ortopédica para que Randy remate a su contrincante!). Este tipo de lucha ultraviolenta permite el uso de armas tales como alambres de púas, chinchetas, escaleras de mano, cadenas e incluso fuego, y se nutre de desguazados gladiadores.


"The Ram" ahora está medio sordo (porta un audífono en su oreja izquierda), usa gafas para la presbicia, cuando no tiene dinero para el alquiler de su módulo prefabricado se ve obligado a pernoctar en su propia camioneta, escucha canciones de bandas como Ratt, Quiet Riot, Cinderella, Scorpions y Guns N´Roses, trabaja por horas descargando mercancías en el almacen de un supermercado y se entrena junto a una caterva de luchadores del tres al cuatro, con apelativos tan pintorescos como "Lex Lethal" (Mike Miller), "Tommy El Podrido" (Tommy Farra) o "The Funky Samoans". Todo un triunfador...

Un detalle para cinéfilos: la camioneta que conduce Randy es una Dodge Ram... El emblema de esta marca automovilística representa la cabeza de un carnero...


Asistimos como espectadores privilegiados a los entresijos previos a un combate: vemos como se vendan los luchadores, como pactan entre ellos las llaves y los golpes, incluso como "The Ram" oculta pequeños trozos de una cuchilla de afeitar en sus protecciones para provocarse sangre si así lo demandara la situación.

Al finalizar las peleas, Randy suele visitar el "Cheeques", un club de bailarinas de striptease. El portero es conocedor que en el gimnasio donde estrena el luchador existe un tráfico encubierto de hormonas (esteroides anabolizantes) y otros fármacos (incluso insulina y Viagra
®
) y le pide que le consiga Vicodin® (hidrocodona), ¡el analgésico narcótico preferido por el inefable Dr. House!...


La insulina ha sido empleada por los culturistas para incrementar su masa muscular, ya que ésta inhibe el catabolismo de las fibras musculares incrementando su anabolismo. La insulina facilita el ingreso de la glucosa y de los aminoácidos al interior de los miocitos, contribuyendo a su hipertrofia por el aumento del tamaño celular.

Randy siente una debilidad especial por una de las bailarinas llamada
Cassidy (convincente Marisa Tomei, en una interpretación por la que estuvo nominada al Óscar como mejor actriz de reparto). Pero las normas del establecimiento son estrictas: las chicas no pueden alternar con los clientes. Por cierto, la anatomía y las actuaciones de la Tomei nada tienen que envidiarle a los encantos desplegados por Demy Moore en "Striptease" (Andrew Bergman, 1996).

Marisa Tomei es Cassidy

Al finalizar un combate especialmente violento, Randy sufre un infarto agudo de miocardio que obliga a practicarle una angioplastia urgente (los médicos mencionan un bypass). En la clínica le insisten en que debe cambiar de vida, abandonar la lucha libre, no tomar más anabolizantes y sí la medicación prescrita para su enfermedad cardiaca.

Para mantener su rendimiento muscular, el luchador había estado inyectándose esteroides. Los efectos secundarios de estos fármacos han sido ampliamente descritos en la literatura médica, desde la hipoplasia gonadal masculina hasta la cirrosis y el cáncer hepático, pasando por la patología renal (glomeruloesclerosis segmental focal) y la disfunción cardíaca (disminución de la fracción de eyección ventricular).

Habiéndose percatado del poco tiempo que tal vez le quede de vida, Randy intenta aproximarse a Cassidy. Ella le recomienda que haga las paces con su hija, Stephanie (Evan Rachel Wood), de la que el luchador se ha mantenido largo tiempo apartado. También trata de rehacer su vida profesional al margen de los cuadriláteros. Acude a un evento para fans de la lucha libre organizado por la Legión Americana.


Delante de su improvisad
o puesto de reliquias, observa en qué se han convertido otras vetustas glorias del ring como él, lisiados, ancianos gordos y deformes, que posan para ser retratados junto a unos aficionados que más bien los consideran una típicas atracciones de feria.

Decide probar suerte como empleado en la sección de platos preparados y charcutería, en el mismo supermercado donde trabaja descargando mercancía. En nuestra modesta opinión, la mejor escena de este film es un plano secuencia que recoge a Randy encaminándose hacia el mostrador de su nuevo trabajo atravesando pasillos y despachos, mientras en off se recogen los vítores y los aplausos de un público imaginario que espera deseoso que el luchador entre en escena.

"The Ram" y su hija Stephanie (Evan Rachel Woods)

La vida parece comenzar de nuevo a sonreírle. Se sincera con su hija. Pero los renglones de su destino se escriben torcidos. Cassidy vuelve a rechazarle y ambos discuten. Randy se sumerge en una orgía nocturna donde no faltan las drogas (cocaína, especialmente tóxica para el corazón), el sexo y el alcohol. Olvida la cita previamente concertada para cenar con Stephanie, y ella vuelve a sentirse abandonada por ese padre que tanto necesitaba.

Paradójicamente, ese hundimiento sentimental por partida doble será
su verdadero canto del cisne, el instrumento que catapulte de nuevo a Randy "The Ram" Robinson a la fama. Sin nada más que perder, 20 años después acepta el combate de revancha contra El Ayatollah.

Suenan los acordes de "Sweet Child Of Mine", de Guns N´Roses. El público está gritando. Sobre el ring espera impaciente El Ayatollah para ser de nuevo derrotado. Pero esta vez la bella Cassidy llega tarde, pues "El Carnero" está a punto de autoinmolarse en el altar de los desventurados...



En "La Butaca" encontramos las notas críticas necesarias para entender cómo y por qué se hizo esta película:



Para rematar, el legendario Bruce Springteen contribuyó con una especial prueba de su lirismo a la banda sonora, que para algo también es natural de New Jersey: