sábado 11 de julio de 2009

EL BALNEARIO DE BATTLE CREEK



"- ¿Qué es la vida sino una victoria temporal sobre todo aquello que causa la inevitable muerte? -"
Endymion Hart-Jones a Will Lightbody

"El balneario de Battle Creek" (Alan Parker, 1994) es una comedia basada en la novela "The Road to Wellville" del escritor norteamericano T. Coraghessan Boyle.

Desde los primeros fotogramas el Dr. John Harvey Kellog, inventor de los famosos copos de cereales para desayunar junto a su hermano menor el empresario Will Keith Kellogg, realiza un exhaustivo despliegue de su cuerpo doctrinal y terapéutico:

  • defecación sin represión,
  • templanza sexual, excepto para los propósitos reproductivos: "el sexo es la cloaca del cuerpo humano...",
  • dieta vegetariana estricta: "el consumidor de carne se ahoga en un mar de sangre...",
  • abstinencia tabáquica: "el hígado es el único obstáculo entre el fumador y la muerte...",
  • evitar los colchones de plumas, las novelas románticas (¿se acuerdan de la historia Don Quijote y de aquella prohibición de leer novelas de caballerías?) y, por supuesto, la masturbación ("el asesino silencioso de la noche").

Para sus extravagantes demostraciones prácticas cuenta con el orondo Sr. Poultney Dab (Roy Brocksmith). El planteamiento holístico sobre alimentación e higiene promovido por el Dr. Kellogg a lo largo de su existencia se basó en las teorías del Reverendo Sylvester Graham, adalid del vegetarianismo y de la abstinencia (llegó incluso a desarrollar terapias específicas para el alcoholismo). También fue el inventor de la harina y las galletas Graham, que todavía se comercializan.

Las figuras de los hermanos Kellogg fueron reales. Ambos pertenecieron a la Iglesia de los Adventistas del 7º Día y además fueron muy longevos, falleciendo a la edad de 91 años. ¿Fue la influencia genética o tal vez una feliz consecuencia de la comedida existencia que vivieron y promocionaron?

http://en.wikipedia.org/wiki/John_Harvey_Kellogg


Retrato del verdadero Dr. John Harvey Kellogg




http://en.wikipedia.org/wiki/Will_Keith_Kellogg



El empresario Will Keith Kellogg


Un Anthony Hopkins situado en las antípodas de sus registros interpretativos habituales, caricaturizado con bigote y perilla, dentadura postiza (dientes de Bugs Bunny) y gruesas gafas redondas, fue el encargado de encarnar en esta sátira al histriónico y extravagante galeno, autodefinido como "el paladín de la vida biológica".

Pero en toda familia ejemplar existe una oveja negra. Al Dr. Kellogg le tocó convivir con su apestoso hijo George (encarnado en este film por el cómico Dana Carvey), ¡¡¡uno de los 39 hijos adoptados por el médico!!!, empeñado en vivir licenciosamente al margen de los preceptos paternos y que acude regularmente al sanatorio en la procura de más dinero para sostener sus vicios. En este film existen unas divertidas escenas que nos muestran la tozudez y el empecinamiento del pequeño George (Jacob Reynolds) en su infancia, incluso a la hora de cumplir los castigos ejemplarizantes impuestos por el Dr. Kellogg. Rasgos estos, sin lugar a dudas, demostrativos de una futura personalidad antisocial y patológica.


Al sanatorio acude el matrimonio formado por Eleanor (Bridget Fonda) y William Lightbody (Matthew Broderick) con el firme convencimiento de que el Dr. Kellogg es el único médico capaz de curar al esposo de sus padecimientos digestivos y de su constipación permanente. El desdichado Lightbody tan solo se alimenta a base de tostadas de pan y vasos de agua. Desde el preciso instante de su ingreso, este personaje comienza a tener una serie de alucinaciones, pues por instantes cree ver completamente desnudas a las enfermeras y a las demás pacientes del centro. Una vez se ha instalado comodamente en su habituación individual la Srta. Irene Graves (Traci Lind), su atractiva enfermera particular, le aplicará la primera de una serie interminable de lavativas..., incluso de ¡yogur!.

Paralelamente a su historia discurre la de Charles Ossining (John Cusack), un viajante relacionado con la industria de los copos de cereales que acude a Battle Creek con la firme intención de progresar en ese floreciente negocio: "salud..., el ábrete sésamo para la cartera de los primos...". El joven Charles deberá lidiar con un viejo zorro estafador y arribista llamado Goodloe Bender (interpretado por el polifacético Michael Lerner). Charles, Bender y el descarriado George Kellogg se asociarán en una desastrosa quimera industrial... Los futuros cereales "Perfor" de Wellville...

A medida que avanza la acción, nos vamos enterando de la peculiar relación del matrimonio Lightbody: mientras ella perdía al primogénito tras el parto, él se dedicaba a beber alcohol en exceso. La joven esposa, desesperada por el hábito etílico de su marido, comienza cada noche a administrarle a escondidas en el café unas gotas de un remedio conocido a través de una revista especializada: el milagroso "Antilicores Estrella Blanca"; lo único que consiguió con ello fue mantener a su marido sumido en un sueño profundo. Pero no se trataba de un fármaco adversivo del consumo etílico (al estilo de las actuales gotas de COLME ® - carbimida cálcica -, o de los comprimidos de ANTABUS ® - disulfiramo -). En realidad era extracto de adormidera (amapola - Papaver somniferum) y el Sr. Lightbody se convirtió así en un adicto al opio. De esta manera nos enteramos que las alucinaciones y el estreñimiento crónico que afectan al pobre Sr. Lightbody son posibles efectos secundarios del consumo continuado de opioides.





Destaca también el tierno personaje de la Srta. Ida Muntz (interpretada por una pálida Lara Flynn Boyle), supuestamente afectada por clorosis, "la enfermedad verde", un tipo de anemia responsable de la coloración macilenta de estos pacientes.

Por clorosis conocemos dos tipos de anemias:

  • Una de ellas provocada por la infestación intestinal por el Ancylostoma duodenale, parásito causante de la "clorosis egipcia" o "clorosis de los mineros".
  • Otra es una anemia ferropénica, microcítica e hipocrómica, causada en mujeres jóvenes por las menstruación frecuente y excesiva. Probablemente ésta era la que padecía la Srta. Muntz...

Ancylostoma duodenale, un parásito "monstuosamente cinematográfico"...


... como los terroríficos gusanos del desierto de "Dune"...


Mientras esta suerte de comedia avanza, nos enteramos de los vanos intentos del trío Ossining, Bender y Kellogg hijo para conseguir unos copos de maiz comestibles. A modo de demostración práctica del popular método ensayo - error generalizado por Karl Popper, los aspirantes a magnates de los cereales fabrican una bazofia que ni los propios cerdos son capaces de comer...

A la par, y calzado con unas sempiternas sandalias, en el balneario de Battle Creek hace su aparición el extravagante Dr. Lionel Badger (encarnado por el pelirrojo actor dublinés Colm Meaney), un rival profesional del Dr. Kellogg. Este "fanático maravilloso", autor de un tratado sobre el clítoris, se proclama un convencido defensor del vegetarianismo y del nudismo, aunque sus "modernas" teorías sobre la sexualidad no cuentan con el beneplácito de su continente colega garante de la castidad.

Para celebrar la Navidad, el joven George Kellogg se dedica a lanzar cajas de cereales repletas de excrementos contra los huéspedes del sanatorio, a modo de venganza escatológica contra la ortodoxa figura paterna que le había castigado en la infancia por ventosear mientras sus hermanos cantaban "Noche de Paz".

El colmo de las desgracias para el Dr. Kellogg ocurre cuando su ayudante, el obeso Poultney Dab cae fulminado por un infarto a las mismas puertas del sanatario. Sin lugar a dudas, un ingrato ultraje para el modus vivendi "biológico" postulado por su patrón. Pero la escabechina no se detiene aquí: un paciente ruso, el Sr. Impronunciable (Alexander Slanksnis), y un empleado del balneario mueren electrocutados por un accidente en los baños, la desdichada Srta Ida Muntz fallece "plácidamente" mientras dormía en su cuarto... Aterrorizado por tanta fatalidad, el Sr. Lightbody abandona el Templo de la Salud y busca nuevamente refugio en el alcohol.

La satira continua con su crítica demoledora. Inducida por el maníatico Dr. Badger, la Sra. Lightbody visita al Dr. Spitzvogel (Norbert Weisser), un supuesto terapeuta manual que se dedica a "manipularle el útero". Mientras tanto, su esposo descubre los placeres de la masturbación eléctrica con el llamado "cinturón Dusselberg", extraño artilugio que el Sr. Endymion Hart-Jones (interpretado por el veterano John Neville) le había dejado en herencia al abandonar el sanatorio.

La traca final: la película nos muestra al matrimonio Lightboby conviviendo felices con sus cuatro hijas, al díscolo George Kellogg curado de su locura retornando como el hijo pródigo al redil paterno, al Dr. Kellogg falleciendo súbitamente mientras se lanzaba al agua en una de sus famosas demostraciones de vida saludable... y al innovador Sr. Ossining fundando una próspera industria de refrescos de cola (la popular Cola - ¿Coca Cola? - Kane ¿ciudadano Kane? -)

En resumen, "El balneario de Battle Creek" es una divertida comedia cuasi felliniana que maneja con gusto y humor británico ciertos temas considerados tabúes y escatológicos, y que manos menos expertas pudieran haber generado un subproducto cinematográfico chabacano e intrascendente. Estamos ante una cabal diatriba contra el fanatismo del culto al cuerpo, contra la intolerencia y la estigmatización del sexo, contra la ortorexia y contra los productos milagrosos que, todavía hoy en día, nos prometen la salud y el bienestar a módico precio.

En un sentido similar se manifiesta por ejemplo el crítico Christian Aguilera en su interesante estudio:

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Content/ContentFilm.asp?IdPelicula=1181

EL BALNEARIO DE BATTLE CREEK.

Hagamos un poco de historia. En el año 1866, bajo el nombre de Western Health Reform Institute, el futuro sanatorio y balneario de Battle Creek abrió sus puertas en lo que hasta entonces había sido una predio residencial del juez Benjamin Graves, miembro de la Corte Superior del Estado de Michigan.

El Dr. H.S. Lay fue su primer director, estando regido por el matrimonio White, fundadores de la Iglesia de los Adventistas del 7º Día. El sanatorio seguía entonces aquellos preceptos religiosos (recomendación de la vida saludable y de la abstinencia sexual, alimentación vegetariana y empleo de la harina Graham, higiene del sueño basada en dormir cada noche 8 horas, etc). Ellos animaron al joven John Harvey Kellogg para que estudiase Medicina.


En 1876. El Dr. Kellogg se convierte en director y cirujano de la institución, a la que cambiaría de nombre en 1877. Nacía así el Battle Creek Sanitarium. La producción industrial de copos de cereales y derivados destinados a la alimentación humana, capitaneada por los hermanos Kellogg y por el magnate W.C. Post, contribuiría al rápido desarrollo económico del entorno.


Paradójicamente, al igual que en la ficción dirigida por Alan Parker, en 1902 un incendio calcinó el viejo edificio. Kellogg trató de reflotarlo hasta su retiro en Florida en 1930, donde fundaría un nuevo sanatorio. En 1942, el hospital reconstruido pasó a llamarse Percy Jones Army Hospital, dedicado al tratamiento de los veteranos heridos durante la 2ª Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Posteriormente fue renombrado como Hart-Dole-Inouye Federal Center.


El actual Hart-Dole-Inouye Federal Center



COLOFON: Y para los que quieran documentarse consultando el original de uno de los tratados sobre higiene más famosos de principios del siglo XX, el popular "How to live. Rules for Healthful Living Based on Modern Sciencer", del tándem Irving Fisher y Eugene L. Fink, aquí va este enlace:


http://www.gutenberg.org/files/19598/19598-h/19598-h.htm


miércoles 1 de julio de 2009

HOMBRES

Marlon Brando es Ken "Bud" Wilocek


Muchos cinéfilos, o cinéfagos, como mejor le gusta calificarnos a Jesús Palacios, estamos pendientes de las fechas y aniversarios. Tal día como hoy, el 1º de julio del 2004, finalmente se apagaron las candilejas sobre el escenario vital de Marlon Brando; entonces, este colosal actor fallecía en Los Ángeles a los 80 años víctima de una fibrosis pulmonar.

Como sentido homenaje, comentamos aquí "Hombres" (Fred Zinnemann, 1950), la primera película de su amplia carrera realizada como protagonista y producida por Stanley Kramer. Precedió tan solo unos meses al éxito cinematográfico que le catapultaría a la fama, cuando decidió meterse en la piel del furibundo Stanley Kowalski en la imperecedera "Un tranvía llamado deseo" (Elia Kazan, 1951).

En el film de Zinnemann, Brando interpretó el personaje de Kenneth "Bud" Wilozek, un joven teniente del ejército norteamericano que resultaba herido de bala en el epílogo de la 2ª Guerra Mundial; como consecuencia de aquellos disparos traicioneros Bud quedaría parapléjico. Parece ser que el concienzudo actor de Omaha preparó su actuación viviendo durante un mes en un hospital de soldados inválidos. A buen seguro, fueron éstas habilidades aprendidas en el Actor´s Studio de Nueva York, fundado en 1947 por el propio Elia Kazan.

Sin embargo en la vida real, Brando se había librado del servicio militar gracias a las secuelas que le había dejado en una de sus rodillas una lesión causada por la práctica deportiva juvenil.

Por cierto, macabras casualidades de la vida, Karl Malden, compañero de reparto en "Un tranvía llamado deseo", cuya interpretación de Harold "Mitch" Mitchell mereció ser galardonada con el Óscar al mejor actor de reparto, ha fallecido hoy mismo, exactamente 5 años después que Marlon Brando. Desde estas líneas vaya también para el viejo Karl "Nariz de Patata" nuestro más sincero reconocimiento.




Inolvidable Karl Malden


El guión de "Hombres" se debe a la pluma de Carl Foreman, autor también de la novela original. Foreman fue uno de los escritores perseguidos por el Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy, que en su detestable caza de brujas lo había acusado de izquierdista y subversivo, todo ello motivado por su afiliación al Partido Comunista de los EEUU en su etapa estudiantil, si bien, con posterioridad, se habría desligado de esta formación política. Convertido en uno de los mejores guionistas de Hollywood alcanzó la popularidad por haber escrito el primer borrador de "Salvaje" ("The Wild One" - Laslo Benedek, 1953), la película de motoristas protagonizada por aquel feroz Marlon Brando, así como por haber participado en los libretos de otros exitosos films bélicos: "El puente sobre el Río Kwai" (David Lean, 1957), trabajo por el que ganó un Óscar que no pudo recoger, y "Los cañones de Navarone" (J. Lee Thompson, 1961).

El controvertido Carl Foreman


Brando es la encarnación por antonomasia de los inconformistas. Ahí radican sus mejores interpretaciones. Y precisamente su brava belleza masculina (contrapuesta a otros galanes clásicos de Hollywood como Clark Gable o Cary Grant) reside en el magnetismo de un rostro enfadado, colérico, dubitativo, frágil y melancólico. Al contrario que Burt Lancaster o Paul Newman, por ejemplo, él pierde gran parte de su atractivo cuando se ríe. En "Hombres" pueden constatarse fehacientemente estas sencillas reflexiones.

Desafortunadamente, esta película fue estrenada en julio de 1950, justo dos semanas antes del inicio de la Guerra de Corea, cuando nadie en los EEUU deseaba prestarle atención a un alegato antibelicista protagonizado por soldados parapléjicos. La ausencia de público en las taquillas de las salas de cine dictó su condena y su olvido. Los héroes son los enterrados en Arlington, los que entregan la vida por su patria, no aquellos desafortunados que regresan tullidos a casa para ser rechazados por sus seres queridos y por el contribuyente. Este argumento pudo haber servido de inspiración a la serena "Jardines de Piedra" (Francis Ford Coppola, 1987).


Todo lo contrario a "Hombres" ocurrió con la laureada "Nacido el 4 de julio" (Oliver Stone, 1989), éxito taquillero basado en la historia real del sargento Ron Kovic, interpretado por el siempre discutido Tom Cruise, la historia de otro veterano retornado de los campos de batalla de Vietnam sobre una silla de ruedas.



LOS HOSPITALES DE VETERANOS.


Siguiendo con la comparación entre "Hombres" y "Nacido el 4 de julio", nos ha llamado la atención el desigual tratamiento dispensado a las instituciones hospitalarias encargadas de la rehabilitación de los heridos en combate. Históricamente, el tratamiento de este colectivo de soldados siempre mereció el respeto y los mayores esfuerzos de los gobiernos. Por ejemplo, quien haya viajado a París y haya visitado la magnificencia palatina y la cúpula dorada de "Los Inválidos" puede constatar lo aquí afirmado.



http://www.viajeuniversal.com/francia/paris/losinvalidos/hotelinvalidoshistoria.htm


En "Hombres", las escenas hospitalarias fueron filmadas en el Birmingham Paraplegic Hospital situado en Van Nuys, California, institución visitada tanto por Carl Foreman como por Marlon Brando para documentarse para sus respectivos trabajos. Por el contrario, en el film de Oliver Stone, éstas fueron recreadas en los estudios cinematográficos. El tratamiento que reciben los personajes encarnados por Marlon Brando y Tom Cruise resulta claramente diferente, en perjuicio de este último. Las asépticas e inmaculadas salas de hospitalización donde viven Bud Wilozek y sus compañeros, la sobriedad de sus enfermeras y la piedad de sus cuidadores, contrasta con los muladares y las vejaciones que hubo de sufrir Ron Kovic durante su rehabilitación y convalescencia.


Tom Cruise es Ron Kovic en "Nacido el 4 de julio"



El verdadero Ron Kovic y otros veteranos reivindicando el cese de la Guerra de Vietnam

Llegados a este punto, nos gustaría destacar las actuaciones de los actores de reparto, especialmente los compañeros tullidos de Bud Wilocek, porque cada uno de estos personajes muestra muy acertadamente el tipo de vivencias particulares de los discapacitados:

  • Norm (el polifacético Jack Webb): cínico, rebelde y desencantado, no termina de aceptar su situación de minusválido.
  • Leo (el prolífico Richard Erdman): chistoso, ventajista, con un sempiterno puro habano en los labios (¡los enfermos podían fumar dentro de las habitaciones y de las salas de hospitalización!), capaz de sacar de quicio al más templado.
  • Ángel (Arthur Jurado, ¡primera y única participación en un film en la historia del cine!): un esforzado y atlético joven de origen hispano cuyo ejemplo sirve de estímulo para que el insociable Bud comience su rehabilitación física. La muerte de Ángel supondrá un duro golpe para la moral de Bud, que caerá en una profunda crisis existencial.


EL DOCTOR BROCK Y EL MODELO MÉDICO PATERNALISTA


El veterano actor Everett Sloan, más conocido por su interpretación de Mr. Bernstein en la mítica "Ciudadano Kane" (Orson Wells, 1941), fue el elegido para darle vida al Dr. Brock, el jefe médico del hospital de parapléjicos. No es un militar, si bien dirige a su equipo como si de un general se tratase. Él se responsabiliza de la visita de los enfermos, de la cruda información a los familiares y del gobierno del personal.

Everett Sloane, rocoso Dr. Block


En los años 40 y 50 del pasado siglo XX todavía predominaba el modelo asistencial del médico paternalista. Sabio y profesional, él toma las decisiones sobre "sus pacientes" según su formación y su experiencia, quedando los enfermos reducidos al papel de meros comparsas obedientes de las recomendaciones facultativas.


"En casi todos los casos, la palabra andar hay que olvidarla...; no tiene solución. Todos los parapléjicos deben aceptar vivir en una silla de ruedas. Acéptenlo ustedes también...; será más fácil para ellos..."


Dr. Brock a los familiares en "Hombres"


En el comienzo de la película, en una escena ambientada en la iglesia del hospital, el Dr. Brock advierte a los familiares de los heridos de los síntomas y de las consecuencias de su enfermedad: dolor, espamos musculares, grandes llagas (úlceras por decúbito) y posible parálisis de la vejiga y de los intestinos. Pero también los reconforta dejando abiertas las puertas a la recuperación parcial mediante tratamiento médico y quirúrgico, alimentación adecuada, rehabilitación física y autocuidado.

Este film también recoge las preguntas e inquietudes de los cuidadores respecto a sus familiares lisiados: el pronóstico y la supervivencia de la enfermedad, la mortalidad de la misma, las posibilidades de regeneración medular, la disfunción eréctil y la vida sexual de los afectados, la incontinencia de esfínteres, las traumáticas secuelas psicologicas...


Ellen "Elly" Wilocek (Teresa Wright), la novia y futura esposa de Bud asiste atenta a todas estas explicaciones. Sumido en la tristeza y en el aislamiento, el joven teniente parapléjico la rechaza y no quiere que le visite en el hospital, deseando poner punto y final a la relación sentimental entre ambos.

Luminosa Teresa Wright

Apuntamos aquí el excelente trabajo de la actriz en este papel, ya que su aspecto dulce y cándido le había granjeado el éxito anteriormente como Eleanor Gehrig, la esforzada esposa del malogrado Lou Gehrig (Gary Cooper) en "El orgullo de los Yankees" (Sam Wood, 1942) - ya comentada en este mismo blog cuando se trató la ELA - y como Carol Bendon, la joven novia protagonista de "La señora Miniver" (William Wyler, 1942), drama ambientado también en la 2ª Guerra Mundial.

En las últimas escenas del film, cuando Bud regresa a casa para vivir en matrimonio con Ellen, una pequeña barrera arquitectónica, unos peldaños en la rampa del jardín, parecen hacer dudar al decidido veterano. La amorosa mirada de su esposa disipa cualquier incertidumbre.

Una crítica muy cabal con una interesante información adicional sobre el making off de esta película puede consultarse en:

http://www.leninimports.com/the_men.html

Y por supuesto, mención especial a la banda sonora de Dimitri Tiomkin, todo un clásico.

martes 23 de junio de 2009

PARRANDA


"La conciencia es soluble en alcohol"

Riane Eisler


Después de una silenciosa pausa tan solo atribuible a cuestiones personales, retomamos hoy esta bitácora en la que pretendemos repasar las estrechas relaciones entre el apasionante mundo del cine y el controvertido de la medicina.

Y hemos elegido "Parranda" (Gonzalo Suárez, 1977) al tratarse de una película inspirada en "A Esmorga", la novela clásica del escritor ourensano Eduardo Blanco Amor, de la que precísamente este año se celebra su cincuentenario.




Como ha ocurrido en otras ocasiones, la historia del 7º Arte está plagada de intentos fallidos a la hora de adaptar ciertas obras literarias a la gran pantalla. En mi humilde opinión, "Parranda" es uno de ellos. Y todo ello a pesar de contar en su dirección con Gonzalo Suárez, del que especialmente admiro "Remando al viento" (1988) y la serie televisiva "Los pazos de Ulloa", con un reparto estelar encabezado por José Sacristán ("Cibrán"), José Luis Gómez ("Bocas"), Antonio Ferrándiz ("Mil Hombres"), Fernando Fernán Gómez ("Escribiente") y la colaboración especial de Marilina Ross ("Socorrito"), actriz argentina catapultada a la fama por su inolvidable interpretación en "La raulito" (Lautaro Murúa, 1975).



José Luis Gómez es O Bocas

José Sacristán es Cibrán O Castizo


Marilina Ross es Socorrito



El libro, escrito en gallego no normativizado, ubérrimo en términos populares de nuestra hermosa lengua de Rosalía, relata las desventuras y los excesos del trío formado por Xan Fariña (O Bocas), Eladio Vilarchao (Milhomes) y el desdichado Cibrán Canedo (O Castizo), durante un día cotidiano convertido en una orgia de borrachera, sexo y violencia, que bien pudieran haber filmado el mismísimo Quentin Tarantino o los hermanos Joel y Ethan Cohen. Me encantaría imaginarme lo que hubieran hecho ellos con esta obra de Blanco Amor...




Un retrato de Eduardo Blanco Amor



Disculpadas de antemano mis sucintas divagaciones, para completar estas anotaciones me he documentado leyendo "A Esmorga" en una de sus modernas reediciones: la de Editorial Galaxia del año 2006, dentro de la colección dedicada al excelente autor ourensano.


En mi humilde opinión, acertó parcialmente Gonzalo Suárez en la ambientación de su obra. Como buen asturiano, aprovechó este film para rendir cumplido homenaje a su tierra natal, empleando escenarios naturales de Oviedo, Llanes y Mieres, con imágenes de los altos hornos (donde supuestamente trabajaría el personaje de Cibrán) y de montañas y bosques carboníferos. Sin embargo, pienso que no hubiera tenido dificultades a la hora de elegir las localizaciones en las viejas callejas y caserones del casco antiguo de Ourense capital.


Por cierto, a modo del "Bloomsday" dublinense que cada año celebra la existencia del genial "Ulises" (James Joyce), existe en mi ciudad una Ruta de A Esmorga, con unas placas de coloreada cerámica que conmemoran el recorrido que hicieron los tres libertinos en su trágica jornada de parranda. Desde aquí recomiendo realizar este roteiro a todos nuestros los visitantes:










La primera placa del recorrido...




EL ALCOHOLISMO Y OTRAS ENFERMEDADES EN "A ESMORGA" / "PARRANDA"



La acción de la novela de Blanco Amor se sitúa en el Ourense de finales del siglo XIX y principios del XX. Las carencias vitales de las clases socialmente más desfavorecidas entonces eran enormes. En demasiadas ocasiones, el consumo de bebidas alcohólicas formaba parte de la alimentación cotidiana de muchas familias pobres. El aguardiente era un sustituto de los actuales fármacos ansiolíticos y analgésicos.


Además de por vicio y por malsana costumbre, O Castizo, O Bocas y O Milhomes beben alcohol para combatir el frío; el ambiente gélido e inhóspito está omnipresente en el relato de Blanco Amor, compartiendo protagonismo con el viento, la niebla, la lluvia y la humedad constantes; sin embargo, se perciben casi ausentes en el film de Gonzalo Suárez.


En las primeras páginas del libro, cuando Cibrán Canedo se levanta del lecho compartido con A Raxada (brevísima aparición de Charo López en el film), la madre de su hijo Lisardiño, con la sana intención de ir a trabajar en las obras de la carretera que entonces entraba en la capital por Ervedelo, leemos que él mismo se autodefine como un "borracho"...; por si fuera poco, le da de beber a su hijo "un trago de vino con romero y azúcar que tenía calentándose en el brasero"...


Hasta hace bien poco tiempo, he oído contar a algunas personas mayores de mi entorno la costumbre de darle antiguamente a los niños las llamadas "sopas de burro cansado", a base de vino, azúcar y pan... Existen en Galicia fiestas populares que ahora celebran este singular acontecimiento gastronómico (como por ejemplo en Muiños - Ourense) y exquisitas recetas fabricadas con estos alimentos:


http://recetas-sam.blogspot.com/2007/03/sopas-de-burro-cansado.html


Es lunes por la mañana. Amaneciendo, aunque todavía oscura la invernal noche, Cibrán abandona su hogar para ir al trabajo, con los pies plagados de sabañones, lo que le provoca un dolor insufrible al caminar. Un frugal desayuno a base de sopas de ajo comienza a causarle una incómoda pirosis, que él achaca al picante del almuerzo. Busca una taberna abierta para "echarse un par de vasetes de blanco", pero especificando claramente que él no es uno de esos que desayunan a base de perritas de aguardiente del país.


Poco después, se encuentra con sus dos compinches, O Bocas y O Milhomes, los cuales llevaban dos días de borrachera y todavía permanecen medio ebrios. Ambos le convencen para que les acompañe a comer y a beber a una taberna.





http://www.clubcultura.com/clubcine/clubcineastas/suarez/1peliparranda.htm



En la taberna de la tía Esquilacha comienza la desquiciada jornada de los tres esmorgantes. Siguiendo el libro de Blanco Amor, allí comieron una tortilla de patatas, chorizo y cebolla, y pimientos fritos, todo ello regado con "dous o tres xerros de dous netos cada seu". Según el Diccionario da Real Academia Galega un neto es una medida de capacidad que equivale a medio litro. De esta forma, los golfos habrían bebido aproximadamente un litro de vino nuevo cada uno. O Milhomes pidió además un cuartillo de aguardiente, "para curarse el catarro", que apuraron entre los tres... Como medidas de capacidad, un neto y un cuartillo son equivalentes.


En esa misma taberna, la Tía Esquilacha aplica un remedio casero a los doloridos pies de Cibrán: primero, los sumerge en un barreño de agua de ajo caliente; después, prepara un mejunje a base de brotes de una hierba medicinal traída de la huerta (¿caléndula o botón de oro?), manteca de cerdo y... ¡su propia saliva!. Al parecer, los síntomas del eritema pernio de Cibrán se vieron notablemente aliviados.


A modo de curiosidad, presentamos aquí uno de tantos vínculos con remedios caseros para tratar los sabañones:


http://www.remediospopulares.com/sabanones.html



Siguiendo con el relato de Blanco Amor, de vez en cuando observamos que Cibrán se queda embargado por un estado singular que él mismo denomina como "o pensamento", una ausencia plena de remordimientos y figuraciones, una suerte de estado crepuscular que en el film de Gonzalo Suárez es tratado como posibles crisis comiciales. El mismo Cibrán le cuenta a O Bocas que su hermana también lo viene padeciendo desde la infancia, y que la muchacha incluso llega a perder el conocimiento, echando espuma por la boca...


En el libro, Cibrán añade además que su hermana suele permanecer rígida y descolorida durante horas enteras, atribuyendo el origen de la enfermedad a una "doenza que meu pai trouxo de cando andivera de varrendeiro en Cádiz, sendo mozo..." Pudiera estarse refiriendo a un caso de sífilis congénita, con el consiguiente retraso en la maduración neurológica durante el desarrollo fetal de su desventurada hermana.


También como simple apunte, resaltamos aquí que la relación entre epilepsia y alcoholismo no es infrecuente.


Haciendo un salto de varias páginas en el relato de "A Esmorga", Blanco Amor pone en boca de Cibrán la enorme angustia que le provocaba encontrarse embargado por sus ausencias, de las cuales teme no volver a despertarse nunca, motivo por el cual "moitas veces doume ó viño para me librar diso..."; he aquí un ejemplo del supuesto empleo ansiolítico de la ingesta etílica.


Siguiendo con la jarana, y después de dormitar un rato cobijados cerca de As Burgas, las afamadas fuentes permanentes de agua caliente de Ourense, los tres compinches se dirigen a la casa de los Andrada, una familia aristocrática afincada en la vieja Auriavella, donde al parecer vive cautiva una dama (Isabel Mestres en el film), prisionera de su esposo, Don Fernando de Andrada (interpretado por Fernando Hilbeck en la película), tras haber sido descubierta en flagrante adulterio en tiempos pasados. O Bocas comienza a obsesionarse con esa misteriosa mujer.


Para animarse y escalar el muro del jardín de la mansión, los tres bergantes apuran una nueva botella de aguardiente que O Milhomes había sustraído a la Tía Esquilacha.





Una imagen actual de As Burgas



Siguiendo el relato de Cibrán, nos enteramos que el señor de Andrada, al haber vivido durante largo tiempo en el extrajero, era el único superviviente de su familia; todos sus miembros habrían fallecido a causa de una "tisiquis do peito", la terrible tuberculosis, que entonces causaba gran mortandad entre la población gallega y española, incluso entre las clases más adineradas.


Según O Milhomes, la señora de Andrada padecería insomnio. Y este granuja añade: "...eso pásalles moito ó que teñen o mal cansado, que tamén un meu curmau, que morreu dunha hética do peito, dáballe por non durmir..."


Esta supuesta "hética do peito" hace nuevamente referencia a la tuberculosis. La fiebre héctica, diaria, remitente, acompañada de escalofríos, sudor profuso, frecuencia y debilidad del pulso, además de cursar con adelgazamiento y diarrea, es característica de esta patología infecciosa.


El inolvidable Antonio Ferrandis interpretó al histriónico Milhomes


Llegado este momento, anotamos una breve referencia relacionada con el ámbito de la Salud Pública. En la época en la que tiene lugar la acción, el agua caliente de As Burgas era aprovechada por as lavandeiras para asear la ropa ("cheiro a bravú da roupa e do xabón"), por as tripeiras para lavar los callos, así como también para desplumar pollos y gallinas. De mi infancia, todavía guardo el recuerdo de algunas leiteiras lavando allí los recipientes donde recogían la leche que vendían ambulantes, de hogar en hogar, hasta que este comercio fue finalmente prohibido por las autoridades sanitarias.


Los tres desvergonzados continúan con su extraño periplo. Llegamos a punto donde película y novela divergen:

  • En el film, la acción se sitúa en una bodega, donde Cibrán, Bocas y Milhomes se resguardan de las inclemencias del tiempo. Allí se encuentran con el personaje interpetado por Fernando Fernán Gómez, que se hace pasar por un profesor de latín. Está acompañado por el cadáver de O Cabito. Ante la desconfianza de los rufianes, les cuenta una quimérica historia de adulterios y asesinatos que al parecer Gonzalo Suárez tomó prestada de un cuento de Guy de Maupassant.
  • En el libro, los tres bergantes alcanzan el pazo de O Castelo, donde trabajaba O Pega como alquitareiro (destilador de aguardiente mediante alambique), pariente lejano de Milhomes. Éste les convida a probar el licor recién destilado. Mientras comen hasta la saciedad, Cibrán cuenta que entre todos pudieron haber bebido una media docena de canadas. Una canada es un recipiente de latón de capacidad variable, según las diferentes zonas de Galicia. Por término medio equivale a unos 4 litros. Si esto fuera así, nuestros esmorgantes habrían bebido entre todos unos ¡24 litros de vino!... Y de postre, una clásica queimada, aguardiente quemado con azúcar moreno... Como ya hemos tratado anteriormente en esta bitácora ("La leyenda del indomable"), es completamente imposible dilatar el estómago humano hasta la capadidad de 6 litros sin vomitar en repetidas ocasiones... Por supuesto, tamaña melopea terminó en trifulca... y con el pazo de O Castelo ardiendo por los cuatro costados, nefasta consecuencia de la caída accidental de un quinqué sobre unas balas de leña y paja, destinadas a alimentar la lumbre del alambique.


Como no, después de tanta refriega, la juerga que los tres granujas habían iniciado muy de mañana en la taberna de la Tía Esquilacha tendría su bronco final en un burdel. En aquellos tiempos, parece ser que la ciudad de Ourense era famosa en toda Galicia por la generosidad y calidad de los "servicios" dispensados en sus casas de citas. Por poner dos ejemplos, existen cumplidas referencias de ello en la novela "Mazurca para dos muertos", del irreverente premio Nobel Camilo José Cela, y en el ensayo "Do Posío os Remedios", de mi malogrado paisano Luis Rivas Villanueva, cuando menciona los paseos al atardecer de las discípulas de Doña Liberata ("as da Flor Da Malva") por la Alameda ourensana. Como en los lupanares de Storyville (Nueva Orleans), en los de Auriavella también se tocaba música y se bailaba al son de sus festivos compases...

En el burdel de La Nonó trabaja de encargada La Viguesa, una prostituta enamorada de O Bocas. De ella cuenta Cibrán en el libro que era aficionada al morapio, que bebía en exceso hasta perder el sentido y "que se lle esterca o estámago, e cheira coma nós os homes que andamos nise vizo...", (halitosis, olor fétido procedente del estómago, como el de los hombres rehenes de su hábito etílico), una probable alusión a la gastritis crónica provocada por el abuso etílico.


En "A Esmorga", el autor menciona dos casas de citas: la de La Monfortina y la de La Nonó. En el libro, a los tres compinches se les niega la entrada en la primera; en la película, sin embargo, son admitidos por La Monfortina (interpretada por la veterana Queta Claver). Allí apuraron dos botellas de anís escarchado y otras dos de licor café... Una nueva discusión y una reyerta termina con los tres farristas expulsados del lupanar. Las campanadas de medianoche les pillan otra vez a la intemperie.


En una churrería, O Milhomes compra dos botellas de aguardiente, que pronto son también agotadas. A continuación, los borrachos buscan refugio en el interior de la Iglesia de Santa Eufemia y terminan burlándose de los feligreses de la Adoración Nocturna.


La obsesión de O Bocas por la dama prisionera en la casa dos Andrada lleva a los tres compinches de nuevo hasta allí. Las escenas casi oníricas del film nos los muestran en el interior de la cocina, alimentando su melopea con las botellas de licor y de vino añejo que estaban dispuestas sobre las mesas. En la novela, la supuesta dama resulta ser un maniquí, una especie de muñeca inerte de tamaño natural. En la película, la huída de la casa señorial se produce tras provocar un espantoso incendio...


El episodio final de esta historia está repleto de violencia y ferocidad. O Bocas, ofuscado por todo el alcohol consumido a lo largo del día, tratatándose un individuo que tal vez padeciera un trastorno antisocial de la personalidad, se encamina a la cabaña de Socorrito, una discapacitada psíquica que vivía en la indigencia rodeada de muñecos. Allí, intenta forzar a la desgraciada muchacha. Preso de los celos provocados por una homosexualidad apenas disimulada en el libro y en la película, O Milhomes le propina al Bocas varias navajazos en el abdomen, que le provocan la muerte. En plena desbandada, Milhomes cruza corriendo la superficie helada de una laguna, que termina cediendo bajo su peso, muriendo ahogado. Sin embargo, en la película, Milhomes es abatido a tiros por la Guardia Civil mientras trataba de abandonar el escenario del crimen.


Cibrán, el tercero en discordia, el personaje que cuenta la azarosa jornada de latrocinio, se suicida en el cuartelillo clavándose una navaja entre las costillas, aunque el autor del libro deja en el aire la duda de su muerte a manos de los guardias presentes en su interrogatorio...


NOTA: no confundir la película de Gonzalo Suárez con la zarzuela "La Parranda", historia de amor ambientada en la huerta murciana. Estrenada en Madrid en 1928, su música fue compuesta por el granadino Francisco Alonso, con libreto original del madrileño Luis Fernández Ardavín.








lunes 13 de abril de 2009

FARINELLI



Stefano Dionisi es Farinelli, il castrato


¿Podría explicarse, desde el punto de vista estrictamente médico, la historia de un cantante de ópera castrado tal y como se nos muestra en "Farinelli" (Gérard Corbiau, 1994)?

Pudiera ser. Pero, vayamos por partes. Algunas disertaciones suelen comenzar por una definición; nosotros, aquí y ahora, no deseamos ser la excepción.

¿Qué entendemos por castración?

En términos generales, según los diccionarios de la lengua española consultados, supone la extirpación o inutilización de los órganos genitales. En el caso masculino, nos estaríamos refiriendo a la ablación de los testículos, que a su vez puede ser física (emasculación o sección de las gonadas masculinas, por traumatismos, tumores, etc) o química (generalmente mediante tratamientos hormonales). Las castraciones pueden ser totales (extirpación conjunta de pene y testículos) o parciales (sólo las gonadas o, más raramente, sólo una parte del pene).

Sea por el método que sea, cuando los testículos son anulados existen dos secuelas que marcarán para siempre la vida del individuo castrado:

  • en primer lugar, la esterilización, quedando éste incapacitado para tener descendencia;
  • en segundo lugar, la reducción drástica de la secrección de testosterona, manteniéndose únicamente la producción suprarrenal. El déficit hormonal masculino será pues el determinante de la feminización del individuo capado. Recordemos que las células testiculares de Leydig son las encargadas de producir la mayor parte de la testosterona, y que en la zona reticular de la corteza suprarrenal se sintetizan andrógenos secundariamente, incluyendo la testosterona.

Si la castración se provocaba antes de la pubertad, como en el caso de Farinelli, la voz permanecería aguda, el pene hipoplásico, infantil, el vello corporal no se desarrollaría y la apetencia sexual sería prácticamente inexistente. Después de la pubertad, el castrado podría conseguir erecciones e incluso eyaculaciones, por supuesto de un semen carente de espermatozoides.

Repasando la historia, la práctica de la castración masculina se pierde en la noche de los tiempos, posiblemente relacionada con motivos rituales o punitivos; de esta sutil manera, los vencedores evitarían la reproducción de los rivales y enemigos. Ya el historiador clásico Herodoto menciona en su obra la castración de los eunucos, esclavos destinados al servicio de las mujeres de la nobleza egipcia. Al cuidado de las concubinas imperiales también existieron eunucos en la antigua China, donde probablemente también serían capones algunos actores de la ópera china, aquellos especializados en papeles femeninos. Recordemos que en el elenco de este tipo de espectáculos, al igual que en el kabuki japonés, la mujer tenía vetada su presencia.



Estampa clásica de un eunuco en un harén



Desde Asia Menor adoptaron los musulmanes esta atroz costumbre, y la introdujeron en la España mozárabe del siglo IX. En estos casos, la presencia de individuos de apariencia masculina, pero con voces agudas de tonalidad infantil o femenina, sería muy apreciada en los cantos litúrgicos. Los ángeles, los seres espirituales más cercanos a Dios, ortodoxamente tenían la condición de asexuados. Sus voces cristalinas, infinitamente más puras que la del hombre, estarían dedicadas a loar permanente la grandeza del Creador.


LA VIDA DE CARLO BROSCHI, "FARINELLI".




El protagonista de este film existió en la realidad. Nació en Apulia en 1705 y falleció en Bolonia en 1782. Originario de una familia humilde, fue castrado en la infancia, conservando la voz de soprano el resto de su existencia. En la ficción cinematográfica, Ricardo Broschi (Enrico Lo Verso, el pérfido Gualterio Malatesta de "Alatriste" - Agustín Díaz Yanes, 2006) el compositor y hermano mayor del propio Carlo (Stefano Dionisi) achaca a un supuesto accidente de equitación la responsabilidad de la emasculación prepuberal de Farinelli. El desarrollo de la acción nos revela un hecho bien distinto... La película se inicia con el suicidio de un joven castrato que previamente ha advertido a las voces más delicadas del coro la posibilidad de un destino mucho más cruel...

Hay algún tremendista asegurando que entre los siglos XVII y XVIII, solamente en Italia eran castrados cada año unos 4000 niños, generalmente antes de cumplir los 8 años, con la finalidad de obtener la fama y el éxito como cantantes de ópera o solistas de prestigiosos coros de la iglesia o de la monarquía.


http://news.bbc.co.uk/1/hi/magazine/4853432.stm



¿Por qué eligió el director Gérard Corbiau a Stefano Dionisi para el papel protagonista, en lugar de un actor de aspecto, digamos más andrógino?

De talla elevada y apariencia claramente masculina, a pesar de su peculiar voz, el personaje de Farinelli parece conservar en todo momento la gallardía de un supuesto vigor sexual, hecho que contrasta con la permanente y necesaria presencia de su hermano Ricardo a la hora de consumar, de manera complementaria, el acto sexual con sucesivas amantes y admiradoras. Hete aquí el simbolismo del preciado albornoz de terciopelo granate, que pasa de las manos de un hermano a las del otro..., el vínculo indisoluble entre ambos. El seductor y el ejecutor.

Intencionada o no, esta contingencia presente en el guión de la película permite adornar las escenas triunfales de Farinelli como cantante lírico, justificando de paso su atractivo más animal por el sexo femenino.


¿Sería posible que la producción suprarrenal de testosterona fuera la responsable de la apetencia sexual y de la supuesta virilidad de Farinelli? Nosotros no lo estimamos así, y entendemos este hecho como una licencia del guionista y del director del film.



A largo plazo, la reducción de los niveles de testosterona provoca una serie de síntomas en el individuo que la padece:

  • descenso del deseo y de la actividad sexual, con menor número y calidad de las erecciones,
  • fatiga física e intelectual,
  • disminución de la masa y fuerza musculares,
  • alteraciones del estado de ánimo: depresión, irritabilidad...
  • disminución y atrofia del vello corporal,
  • osteopenia y osteoporosis,
  • obesidad abdominal por incremento de la grasa visceral.

Existe una amplia iconografía sobre el Farinelli real, pues fue retratado por diferentes artistas, especialmente por su gran admirador Jacopo Amigoni. Es común en todas las imágenes la presencia de una delicada figura masculina, vestido con nobles ropajes, de una belleza casi femenina y rasgos finos, bondadosos y amables.



Retrato de grupo: Farinelli junto al libretista de ópera Mestastasio, la cantante Teresa Castellini y el archiduque de Austria ataviado como un page.

Oleo de Jacopo Amigoni. National Gallery of Victoria, Australia



Retrato de Carlo Broschi, Farinelli. Oleo de Jacopo Amigoni. 1750 - 1752

Real Academia de San Fernando. Madrid




Retrato de Carlo Broschi, Farinelli.

Oleo de Corrado Giaquinto, 1755.

Museo Internacional y Biblioteca de la Música. Bolonia.


Retrato de Farinelli coronado por la musa Euterpe.

Oleo de Jacopo Amigoni. 1734-1735.

Museo Nacional de Arte. Bucarest



Existe una reciente ficción novelada de la vida de Farinelli debida a la pluma de Jesús Ruiz Mantilla (Ed. Aguilar, Madrid, 2007), en la que desde la vejez el personaje repasa su atormentada existencia.

HÄNDEL, PORPORA, FARINELLI...

Este año 2009 se conmemora el 250 aniversario del óbito del maestro Georg Friedrich Händel. Interpretado en esta película por el veterano actor holandés Jeroen Krabbé , su figura resulta aquí ciertamente maltratada; soberbio, engreído y envidioso del éxito del castrado que parece haber inspirado las mejores arias de sus afamadas óperas. De manera libre, en este film Händel fallece después de escuchar a Farinelli interpretando una emotiva aria de su ópera "Rinaldo", la bellísima "Lascia ch`io pianga". En la realidad, a principios de abril de 1759 Händel sufrió un desfallecimiento mientras dirigía "El Mesías". Desde entonces, su estado de salud empeoraría progresivamente hasta su fallecimiento, ocurrido el 14 de abril de 1759, día de Sábado Santo.

El director del film nos presenta una rivalidad artística que me trajo a la memoria aquella confrontación sostenida por Mozart (Tom Hulce) y Salieri (F. Murray Abraham), el príncipe de los mediocres, que popularizó la oscarizada "Amadeus" (Milos Forman, 1984). Destacable también la participación de Omero Antonutti en el papel de Nicola Porpora, el compositor y primer maestro de Farinelli.

Finalmente, una anécdota para cinéfagos: Stefano Dionisi, el protagonista que encarnó a Farinelli, hubo de meterse en la piel del mismísimo Vivaldi en "Antonio Vivaldi, un prince á Venise" (Jean-Louis Guillermou, 2006).


DE EUNUCOS Y CASTRADOS EN LAS PANTALLAS.
  • "Los eunucos" ("Le voci bianche", Pasquale Festa Campanile, 1964) es un denostado film italiano que, en clave de comedia picaresca, y ambientado en la Roma del siglo XVIII, relata la historia de un joven que finge ser un castrati para huir de su miseria original. Descubierto el engaño, deberá elegir entre la pena de muerte o la castración verdadera. Presentada en el Festival de Cannes, en realidad se trata de un desastre cinematográfico solamente indultable gracias a la modélica trayectoria profesional desempeñada como guionista por el propio Festa Campanile: "Rocco y sus hermanos" (Luchino Visconti, 1960) y "El gatopardo" (Luchino Visconti, 1963); dos ejemplos magistrales de su buen quehacer.
  • "El último eunuco de China" (Chi Leung Cheung, 1988) narra la historia de Lai Shi (Siu Chung Mok) un joven que consiente ser castrado para entrar como eunuco al servicio de Puyi, el último emperador manchú en China.
  • "El último harén" (Ferzan Özpetek, 1999), retrato lírico de los últimos días del Imperio Otomano, enmarcado por los amores imposibles entre una de las favoritas del harén y un eunuco encargado de su custodia.

PHILIPPE JAROUSSKY

Para aquellos que hayan sido capaces de leer hasta aquí, un premio, un regalo para sus oídos. Escuchen al exquisito sopranista y contratenor francés interpretando la conmovedora "Lascia ch`io pianga" ("Rinaldo", G.F. Händel). No es Farinelli; ni tampoco un castrato... Es la belleza; en estado puro.

http://www.youtube.com/watch?v=C4sQlOHcvjI&feature=related

martes 17 de febrero de 2009

HOMBRE MIRANDO AL SUDESTE


"Yo no quiero que me cure; quiero que me entienda"

(Rantés al Dr. Denis)



¡Por fin!. He encontrado una película que comienza con esa dichosa pregunta que cualquier médico probablemente se habrá planteado al menos una vez en la vida: ¿quién le ha dicho a este paciente que yo puedo ayudarle?

Y lo engorroso del caso es que el interrogante no genera una respuesta diáfana, categórica, absoluta. En las facultades de medicina del mundo entero todavía no enseñan cómo contestarla. En realidad, ¿qué esperan los pacientes de los médicos?; ¿la curación?, ¿el alivio?, ¿el consuelo?... ¿el todo, o la nada?

En "Hombre mirando al sudeste" (Eliseo Subiela, 1986) un paciente llega a un psiquiátrico. Dice llamarse Rantés (Hugo Soto) y aparece por primera vez en escena tocando música de Bach en el órgano de la iglesia del sanatorio, mientras varios internos lo escuchan atentamente.

Rantés le pregunta al Dr. Julio Denis (Lorenzo Quinteros), el psiquiatra protagonista:

- "... ¿dónde radica la magia de la música?, ¿en la maquinaria del instrumento?; ¿en el ingenio del que compuso la partitura?; ¿en el virtuosismo del músico que ejecuta la pieza?; ¿o tal vez en aquellos que escuchan la interpretación absortos y maravillados?..." -.


El argumento de este film es simple. Un paciente llega a un psiquiátrico asegurando ser un extraterrestre, un holograma avanzado procedente de una lejanísima civilización no humana. Asi de sencillo. ¿Cuántos pacientes acuden cada día a los servicios de psiquiatría con delirios semejantes?

Una vez más, y tal vez sean ya demasiadas, la imagen de una institución mental y la de sus profesionales resulta malparada. Pero esta película argentina no tiene nada que ver con "LT22 Radio La Colifata" (Carlos Larrondo, 2006), encantador documental que cuenta con el refrendo musical del iconoclasta Manu Chao y su banda Radio Bemba, ni tampoco con el anuncio del refresco Aquarius sobre tan singular emisora radiofónica, puesta en marcha el 3 de agosto de 1991 por los pacientes del Hospital Neuropsiquiátrico José Tiburcio Borda, de Buenos Aires. Precisamente este hospital prestó sus instalaciones para el rodaje del film de Subiela, y algunos de sus pacientes figuraron como extras.


Basada en el guión original del propio director, "Hombre mirando al sudeste" precedió en el tiempo a una película norteamericana que practicamente calcó su mismo argumento. Se trata de "K-Pax" (Iain Softley, 2001), supuestamente inspirada en una novela del escritor Gene Brewer, y de la que pronto comentaremos.

El Dr. Denis está sumido en una profunda crisis personal. Sus primeras impresiones como psiquiatra le llevan a pensar que se encuentra ante un simulador. Pero observando a Rantés, se percata de que tal vez éste invierta demasiado tiempo en su farsa, circunstancia que indirectamente lo convierte en un enfermo. Ascético, inmóvil en el patio, aislado de los demás internos, mantiene en todo momento la vista inmóvil en dirección sudeste, como si permaneciera absorto en lo que está ocurriendo en un escenario muy lejano, tal vez situado en su propio y más profundo interior.

Aún pretendiendo ser una imagen proyectada desde el espacio, perfecta y plena de todos los atributos de un ser humano, Rantés advierte al Dr. Denis de su incapacidad para sentir. Tan solo almacena información. Poco a poco, ese extraño paciente va monopolizando el interés de su médico, que trata de averiguar de quién se trata en realidad: un físico, un matemático, un escritor, un lector...; centrado en esta última hipótesis cree descubir unas pistas releyendo la deseperanza de "La invención de Morel" de Adolfo Bioy Casares (1940).




Al igual que algunos de los personajes internados en la institución psiquiátrica en la que se desarrolla "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Milos Forman, 1975), Rantés simula tomarse la medicación antipsicótica que diariamente le administran. Sin embargo, esconde las píldoras durante unos instantes debajo de su lengua y luego las extrae para guardarlas en un bolsillo de su pijama.

Entretanto, el Dr. Denis trata de diagnosticar el supuesto cuadro delirante de su extraño paciente. Todas las pruebas físicas son normales. Los test de inteligencia descubren el coeficiente de un genio. El especialista es consciente de que su paciente no se toma la medicación, pues el cuadro delirante no mejora. Sin embargo, ante lo inofensivo del caso, decide no emplear el tratamiento antipsicótico por vía parenteral. Incluso, le permite trabajar como ayudante en el laboratorio de patología del hospital.



Pero Rantés insiste en su procedencia extraterrestre. Y como a Jesucristo sus discípulos, otros enfermos del psiquiátrico siguen al nuevos Mesías a todas partes. Él parece obrar milagros, incluso empleando la telekinesia, y también realiza obras de misericordia, pues da de comer a los hambrientos, cobija al que tiene frío y conforta al que sufre.

La acción del film da un giro cuando alguien, de manera fortuita, limpiando debajo del camastro de Rantés descubre una caja con recortes de periódicos. Para él, se trata de información, valiosos datos sobre el arma destructiva más poderosa que posee la raza humana: la estupidez.

Simultáneamente, hace su aparición en escena Beatriz Dick (Inés Vernengo), una joven evangelista con la que Rantés había trabajado en un templo. La muchacha le cuenta al Dr. Denis el pasado del extraño paciente, su alcoholismo pretérito, su rehabilitación. Nunca había mencionado su pretendido origen extraterrestre; no había delirado.

La influencia de Rantés sobre los demás internos del psiquiátrico, su órdago a la ortodoxia terapéutica, su genialidad y enorme bondad, colocan al Dr. Denis entre la espada y la pared. Como un cordero que acepta su triste destino, encaminando sumiso sus pasos hacia el matadero, Rantés se somete al tratamiento antipsicótico por vía intramuscular. A partir de entonces, irremisiblemente se despeña hacia la catatonia y hacia la muerte.

La vesania de Rantés y el amor surgido entre Beatriz y el Dr. Denis tendrán el mismo fatal desenlace.

domingo 8 de febrero de 2009

FREUD, PASION SECRETA



"Freud, pasión secreta" (John Huston, 1962) es una respetuosa aproximación a los primeros años de la vida profesional (1885 - 1890) del llamado padre del psicoanálisis. Aunque no ha quedado convenientemente acreditado, el guión de esta película contó con la supervisión del filósofo Jean-Paul Sartre. Su inquietante banda sonora es obra de otro maestro, Jerry Goldsmith, en la que podemos escuchar incrustadas algunas secuencias electrónicas debidas al compositor holandés Henk Badings.

Para el papel protagonista de Sigmund Freud, el prolífico director norteamericano eligió a Montgomery Clift. El actor se encontraba atravesando una delicada etapa en su vida personal y profesional. En 1956, mientras rodaba junto a su querida amiga Elizabeth Taylor "El árbol de la vida" (Edward Dmytryk, 1957), Monty sufrió un grave accidente de tráfico que hizo necesaria la reconstrucción de su rostro mediante cirugía plástica. Desde ese momento, comenzó a consumir en exceso alcohol y calmantes, y su salud sufrió un deterioro progresivo.

Durante el transcurso del rodaje, sus continuas ausencias en el plató de rodaje obligaron a la Universal a demandarlo por incumplimiento de contrato. Paradojicamente, el aspecto enfermizo del actor contribuyó a proporcionar una mayor credibilidad a su interpretación del atribulado psiquiatra vienés.

He aquí una anécdota perteneciente a este tormentoso momento, extraída del magnífico blog en español dedicado a la rutilante estrella de Omaha (Nebraska):
  • Mientras filmaban en Viena, Monty se percató del deterioro progresivo de su visión. Teniendo en cuenta el pánico que le provocaba la posibilidad de quedarse ciego, viajó inmediatamente a Londres para consultarse con un especialista en Oftalmología, que le diagnosticó cataratas bilaterales. En diciembre de 1962, mientras se estrenaba exitosamente la película en Nueva York, el actor ingresaba para ser intervenido en el Hospital Mount Sinaí de Queens, siendo dado de alta en enero de 1963.

http://montgomery-clift.blogspot.com/

Monty caracterizado como Sigmund Freud



Este film contó con la supervisión especial a cargo del prestigioso psiquiatra británico Dr. David Stafford-Clark y con el asesoramiento técnico del Dr. Earl A. Loomis, psicoanalista especializado en psiquiatría infantil.



La película comienza con el homenaje a tres grandes investigadores, cuyas aportaciones a la Ciencia han servido para establecer la imagen que el hombre contemporáneo tiene de sí mismo y del universo:

  • Copérnico, que desmontó la teoría geocéntrica de Aristóteles, enriquecida con las aportaciones de Claudio Ptolomeo en el siglo II, y vigente hasta bien entrado el siglo XVI;
  • Darwin, que formuló las mismas leyes evolutivas que rigen el desarrollo de los seres vivos, incluyendo al hombre;
  • y por supuesto, Freud, que definió el verdadero peso específico del inconsciente en nuestra mente, concepto filosófico que había tomado de Von Hartmann, Schopenhauer y Nietzsche.


Nos encontramos en 1885, en el hospital general de Viena. Bajo el supuesto diagnóstico de histeria (patología hoy en día conocida como trastorno de conversión), Freud ingresa a una paciente en el pabellón psiquiátrico dirigido por el influyente profesor Dr. Theodor Meynert (Eric Portman). La imagen mostrada en este film de este médico de origen alemán no resulta cordial (excepto en su faceta de virtuoso violinista), siempre polarizada en la encarnizada rivalidad académica y profesional mantenida con Freud.

En realidad, Meynert destacó por sus brillantes trabajos sobre la clasificación de las enfermedades mentales, tratando de relacionar cada patología con su base neuroanatómica, algo verdaderamente novedoso en su época.


Dr. Theodor Hermann Meynert (1833 - 1892)



Profundamente desanimado ante su estancamiento profesional, Freud decide marcharse a París, para aprender y trabajar con el afamado Dr. Jean-Marie Charcot. En las escenas familiares previas a la partida, descubrimos un gazapo atribuido a la dirección de casting (responsabilidad de Robert Lennard). Supuestamente el joven Sigmund (que entonces debería contar con apenas 29 años) aparenta un envejecimiento mayor incluso al de su propia madre (Rosalie Crutchley). En 1962, Monty tenía 42 años, exactamente la misma edad de la actriz que encarnó a Frau Amalia Freud; sin embargo, su aspecto era el de un hombre mucho más avejentado.

Jean-Marie Charcot (1825 - 1893) representa una de las figuras más eminentes en la historia de la medicina francesa. Precursor de la psicopatología, fue fundador de la escuela de neurología instalada en el legendario Hospital de la Sâlpetriere de París. Fue el primero en describir la terrible esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como enfermedad de Charcot, ya tratada con anterioridad en este mismo blog. En aquellos años era una autoridad mundial en el tratamiento de la histeria. Freud sería el traductor al alemán de algunas de sus más brillantes obras.

Siguiendo el film, escuchamos declarar al personaje de Charcot (Fernand Ledoux): - "la histeria viola el principio médico de que los síntomas físicos deben tener un origen orgánico, y el principio psicológico de que la mente no es capaz de pensar en varias ideas a la vez..."

Charcot sentando cátedra en La Sâlpetriere




En algunas escenas, al igual que Freud, observamos a Charcot y a sus colaboradores emplear la regresión hipnótica como herramienta diagnóstica, nunca como terapéutica: "desgraciadamente, el estado hipnótico es pura farsa; nos ayuda a entender, no a curar". Debemos recordar que la aplicación de estas técnicas suponía de por sí una herejía contraria a la corriente científica imperante.

En 1886, de regreso a Viena, Freud se desposa según el rito judío con su prometida Martha Bernays (Susan Kohner) y abre una consulta privada. En los medios académicos y facultativos comienza a exponer sus tesis sobre la importancia en la salud mental del inconsciente. Entre su público, encontramos de nuevo al Dr. Meynert, paladín defensor de la base orgánica de los trastornos mentales, idea que colisionaba frontalmente con el discurso freudiano.

Meynert finaliza sentenciando: - "los doctores vieneses dejamos la especulación metafísica para los parisinos (en clara alusión a Charcot), y nos ceñimos pacientemente a las lecciones de los experimentos fisiológicos".

Solamente el Dr. Joseph Breuer (Larry Parks) se siente atraído por las consideraciones de Freud. Será precisamente este médico el que le presente el caso de Cecily Koertner (interpretada por la atractiva Susannah York), una joven afectada por una tremenda crisis nerviosa desencadenada tras la muerte de su padre. Una particularidad para cinéfilos: parece ser que Jean-Paul Sartre deseaba ver a Marilyn Monroe actuando en este vehemente papel.








LA PERTURBACIÓN DE CECILY KOERTNER



"Doctor, estoy harta de ser una enferma..."



El Dr. Breuer le confiesa a Freud que ha estado utilizando la hipnosis como tratamiento no farmacológico del insomnio padecido por Cecily. Sin embargo, al entrar la joven en trance, el médico se percató de que pronunciaba frases inicialmente inconexas, pero que poco a poco iban cobrando un cierto sentido. Mediante una estrategia planificada de preguntas y respuestas, Breuer descubrió la causa del insomnio: Cecily estaba aterrorizada por un sueño recurrente que giraba entorno al cadáver de su propio padre, devorado por los gatos callejeros de Nápoles, ciudad en la que éste había fallecido mientras viajaba.

Según los expertos, el personaje de Cecily Koertner bien pudiera corresponder en la realidad a la paciente Bertha Pappenheim (conocida por el pseudónimo de Anna O.), con la que Freud empleó el método catártico de Breuer (que la había tratado con anterioridad). El film nos muestra las sesiones terapéuticas de Breuer en la casa de Cecily, con Freud como atento testigo.

Para Breuer, "el acto de recordar, de revivir el incidente, hace que el síntoma desaparezca". De esta sutil manera, Freud comienza a intuir la posible utilidad de la hipnosis, por su capacidad de recuperar los recuerdos, como innovador método de tratamiento.

Bertha Pappenheim en 1881




En la película, esta referencia constituye además la primera toma de contacto de Freud con el mundo onírico. Como simple apunte, recordemos aquí el enorme peso específico en su cuerpo doctrinal de la obra titulada "La Interpretación de los Sueños" (1900).

La colaboración entre Breuer y Freud resulta muy fructífera, superando con ingenio los postulados de Charcot:

  • El trauma no divide la mente; solamente hace que el recuerdo del incidente se borre de la consciencia...
  • Los recuerdos están rodeados de emociones que no encuentran su desahogo natural a través del estado consciente...
  • Un síntoma insano solo es energía emocional que se manifiesta indebidamente...


Según Sigmund Freud, a menudo experimentamos pensamientos y sentimientos insoportablemente penosos. Éstos, junto a sus recuerdos asociados, son transportados desde el ámbito de lo consciente hacia la zona oscura del inconsciente. En la procura del llamado "recuerdo patógeno", siguiendo la línea de pensamiento compartido con Breuer, Freud inicia un novedoso tratamiento con los pacientes del hospital vienés.

Pero un nuevo enfrentamiento con Meynert y sus acólitos hace que Freud abandone el hospital. En sociedad con Breuer, comienza a investigar sobre la histeria con los pacientes que él le deriva a su consulta privada.



EL EXTRAÑO CASO DE CARL VON SCHLOSSEN


Paralelamente al asunto de Cecily, Freud se sumerge en la atormentada mente de otro paciente que marcará inexorablemente el curso de su futura carrera como psiquiatra. Se trata de Carl con Schlosser (interpretado por el actor escocés David Mc Callum, posteriormente reconvertido en el Dr. Robert Young, médico de familia en la exitosa serie televisiva "Marcus Welby"). Hijo de un general retirado del ejército imperial austro-húngaro y apasionado lector de Heine, Baudelaire y Rimbaud, el trastorno padecido por von Schlosser ayudará a Freud a descubrir y estructurar su archipopular "complejo de Edipo".

Sometido a hipnosis, el joven desequilibrado le revela el odio que siente por su padre, del que sin embargo guarda en un lugar bien visible el uniforme de teniente de húsares con el combatió en las batallas de Custoza, y que sirve para vestir el cuerpo desnudo de un maniquí identificado con su amada figura materna. Hasta el mismísimo fundador del psicoanálisis no estaba preparado para tan impactante revelación. Viendo la gravedad del cuadro psicótico de su paciente, Freud decide ingresarlo en una institución cerrada.

Edipo ante la Esfinge




Hacen acto de aparición las primeras escenas oníricas, surrealistas, de este film; protagonizadas por Freud, éste se encuentra en el umbral de una profunda caverna atado al extremo de una cuerda. Von Schlosser tira de él desde el otro extremo, a modo de guía. El paciente se dirige hacia un claro, un haz de luz que se cuela en la cueva e incide sobre una hierática y bella figura femenina, que en su mano porta una serpiente (¿Yocasta?). Von Schlosser acaricia y besa a la mujer, ante el gesto horrorizado de Freud, que esconde su rostro tras las manos. Un hombre mayor, vestido con un frac y tocado con una chistera, ríe burlón observando la escena. Furioso, alterado y ofendido Freud comienza a tirar de la cuerda que le une a su paciente, tratando de apartarlo de la mujer. Desde el interior de la caverna, lanza grandes piedras sobre el desdichado enfermo, que termina por despeñarse desde una altura. Para evitar ser atraído hacia el abismo por el peso muerto, Freud trata desesperadamente de cortar con un cuchillo el nexo que une a ambos, pero no lo consigue y es arrastrado en la caida. Entonces, se despierta agitado en su lecho conyugal. Fin de la pesadilla.

Freud queda profundamente traumatizado por el padecimiento de Von Schlosser, de tal manera que incluso piensa en abandonar la psiquiatría para centrarse en la neurología: - "está bien volver a los hechos demostrados experimentalmente..." Paradójicamente, será el propio Dr. Meynert, moribundo tras un infarto, el que anime a Freud para que siga con sus investigaciones sobre la histeria. Simultáneamente descubrirá que su antiguo paciente, el joven Von Schlosser, murió 6 meses atrás en un manicomio, víctima de una neumonía.

OTRA VEZ CECILY



Monty y Susannah, Freud y Cecily



Resulta curioso cómo John Huston, sin haberlo planeado, nos presenta en este film una reliquia asistencial que ha perdurado hasta hace poco tiempo. Se trata del retrato caduco del médico paternalista: los médicos son poseedores de "sus pacientes". Breuer y Freud comparten los cuidados de una enferma, pero tienen su primer encontronazo a propósito de la teoría general de la neurosis. Freud defiende el papel capital que la sexualidad desempeña en este tipo de trastornos: - "la represión trabaja en el inconsciente, en guerra contra la sociedad, que se desplomaría si se permitiera la libre expresión de la sexualidad..."

Es entonces cuando reta a Breuer; intentará desenmascarar el trauma sexual oculto en la mojigata Cecily Koertner, la verdadera causa de su sintomatología histérica.

Comienza una verdadera labor de detectives; primero Breuer, gracias a la regresión hipnótica, y luego Freud mediante la asociación libre, escarbarán en los recuerdos de la infortunada Cecily. Descubren que el padre de la muchacha, el difunto Herr Koertner (Joseph Fürst), realmente falleció en un burdel napolitano, y no en un hospital como la muchacha fabula, que la policía trasladó a Cecily hasta aquel infausto lugar para identificar el cadáver, hecho que le provocó a ella un profundo trauma psicológico; también se enterarán de que Herr Koertner era un asiduo visitante de prostíbulos y lupanares.

Ante la inminente marcha del Dr. Breuer de vacaciones a Venecia con su esposa, Cecily sufre una recaída en su particular trastorno de conversión. Aunque no está embarazada, en plena crisis histérica simula todos los síntomas de un parto. Mediante la hipnosis, el atribulado médico calma a la paciente, dejándola a cargo de Freud. Cecily está enamorada de su cuidador, y éste debe abandonar su tratamiento para salvar su matrimonio.

Pronto comenzarán también los problemas domésticos de Freud, al chocar frontalmente sus argumentos sobre el modelo psicosexual del comportamiento humano con las ideas más conservadoras de su esposa Martha. La sombra de ambas pulsiones contrapuestas, Eros y Tanathos, se cierne ahora sobre su propia existencia.

Sigmund Freud y su esposa Martha


Al fallecer su padre (David Kossoff), Freud tiene un extraño sueño: a las puertas del camposanto hebreo nuestro protagonista sufre un trastorno agudo, una crisis de ansiedad que le provoca un desvanecimiento. Convencido de que los sueños tienen un significado para la persona que sueña ("¿podría ser que los sueños sean ideas que escapan disfrazadas de la represión?") transmite su desasosiego a Breuer. Esta vez, ambos amigos acuden personalmente hasta la puerta del cementerio judío de Viena. Freud revive su angustia, con temblores, taquicardia, rigidez en las piernas e hiperventilación, que desaparecen al abandonar el lugar. Comienza a bucear en su mente, se autopsicoanaliza, pensando que él también es víctima de un trastorno neurótico de tipo histérico.


Si las neurosis empezasen en la infancia, bastante tiempo antes del verdadero despertar del estímulo sexual, su propia teoría etiopatogéncia de la misma quedaría completamente invalidada; para descubrir el significado de su sueño, Freud le pide a Breuer que lo hipnotice. Por supuesto, su amigo no acepta tan descabellada propuesta.


En aquellos días, Freud retoma el caso de Cecily Koertner, esta vez en solitario. En unas escenas capitales en esta película, Huston encuadra a Freud y a su paciente en unos fotogramas prototípicos del psicoanálisis: ella, recostada comodamente en un diván; él, atento a su lado, formulándole preguntas. Sin necesidad de hipnotizar a la muchacha, Freud consigue que afloren a su mente muchos recuerdos. Así descubre la especial inclinación de Cecily hacia su padre ("complejo de Electra") y la confrontación con la figura de la madre (Eileen Herlie).


En un determinado momento, Cecily confunde involuntariamente las palabras "prostituta" y "protestante". Como afortunados espectadores, capaces de viajar hacia el pasado gracias a la magia del cine, asistimos al nacimiento de la técnica psicoanalítica de la libre asociación: la paciente expresa todo lo que se le ocurre, sin ninguna discriminación, aunque le parezca completamente inadecuado. Poco a poco, Freud irá ocupando en el afecto de Cecily el trono vacante que habría dejado Breuer.

Nuestro protagonista empieza a pensar que Cecily ha sublimado primero en Breuer (y posteriormente en él mismo), la figura de un afecto mucho mayor, más potente y reprimido. Sus sospechas, se irán confirmando poco a poco. Descubre las frecuentes infidelidades de Herr Koertner, sus constantes visitas a la calle de la Torre Roja, en el barrio caliente vienés, el oscuro pasado de Frau Koertner, la devoción de Cecily por su padre y el rechazo hacia su madre, y el terrible secreto sobre su sexualidad que la muchacha mantiene tenazmente cohibido (le hace creer a Freud que su padre abusaba sexualmente de ella). Enfrentando a Cecily a sus recuerdos, Freud consigue que la joven vuelva a andar.


Basándose en los casos de Cecily y Carl, Freud enciende una luz que ilumina las tinieblas de su propio inconsciente. En sueños, retorna a la caverna, pero esta vez no es Von Schlosser el que tira de la cuerda, sino un niño vestido de árabe ("pequeño árabe" era el apelativo cariñoso que la madre dedicaba al pequeño Sigmund). Esta vez, mientras el niño se frota lascivo contra la figura femenina, ésta le regala a Freud la serpiente que lleva enrollada en su brazo. Precisamente una pulsera materna en forma de ofidio le sirve al psicoanalista para rebuscar en sus recuerdos.

El diván de Freud, conservado en su museo de Londres



Pero nada de esto resulta gratuito, pues nuestro protagonista vuelve a dudar sobre la bondad de sus descubrimientos. Simplemente recordemos aquí cómo el propio Freud destruyó todos sus escritos en dos ocasiones, una de ellas, en 1885.

El final de la película supone el principio del éxito profesional de Freud. Repudiado por Breuer, en el fragor de fenomal polémica, defiende sus postulados sobre el desarrollo psicosexual basado en sus famosas tres etapas: oral (la lactancia de los bebés), anal (el control de los esfínteres) y fálica (el complejo de Edipo). Cuando un individuo no es capaz de superar dicho complejo, aparecerá la enfermedad, la neurosis.

Iluminado por fín su inconsciente, Sigmund Freud podrá rendir honores a la memoria de su padre visitando su tumba en el viejo cementerio hebreo de Viena.

jueves 5 de febrero de 2009

CAMINO

Nerea Camacho es Camino

Acaba de arrasar en la última edición de los Premios Goya. Y no me extraña. Hacía tiempo que una película española no lograba sorprenderme, emocionarme y cautivarme a la vez. Ácida a la hora de criticar el extremismo religioso y la unívoca interpretación del concepto divino, en mi opinión resulta exquisita y delicada cuando trata las vivencias personales de la fe.


"Camino" (Javier Fesser, 2008), montada a lomos de la imaginación, se aleja de cierta tendencia general de nuestro cine patrio contemporáneo, más bien sesgada hacia ese posible subgénero cinematográfico de "películas sobre la Guerra Civil española", quizás en su momento necesarias, pero saturadas por una temática que en demasiadas ocasiones bien pudiera resultar redundante. En mi humilde opinión, ese cine de buenos y malos ya no parece atraer en demasía el interés de la crítica ni del público en general; en esta tesitura, los reveses sufridos por "Los girasoles ciegos" (José Luis Cuerda, 2008) en esa misma gala de los premios Goya puedan no resultar entonces una mera casualidad.


El éxito de este film se afianza en la labor de tres elementos fundamentales:


1.- Nerea Camacho: el descubrimiento de una actriz novel que dará mucho que hablar en los próximos años. El objetivo de la cámara se enamora a cada instante de esta pizpireta adolescente. Pero la notoriedad de su interpretación está basada en las escenas dramáticas; resulta harto dificil enfundarse de manera tan convincente la piel de un prójimo enfermo, tal y como lo ha conseguido esta joven almeriense con una madurez inconcebible para su corta edad y su inexperiencia interpretativa. Sin avergonzarme, confieso el desasosiego que me causó verla sufrir postrada en su lecho de dolor, así como la alegría provocada por toda esa luz del sol capaz de concentrarse en su vivaracha mirada. Conmovedor también resulta el retrato que aquí se hace del descubrimiento del amor y de la muerte (la búsqueda del eros y el tanathos freudianos) en plena adolescencia. Nerea es Camino, y Camino es Nerea, y a partir de ahora ambas serán por siempre la misma persona.

2.- Javier Fesser: de nuevo, confieso mi sorpresa. Habituado a las festivas obras anteriores de este director, la divertida y surrealista "El milagro de P. Tinto" (1998) o "La gran aventura de Mortadelo y Filemón" (2003), no me esperaba el resultado final de esta cinta como producto cinematográfico. El autor dedica esta película a Alexia González-Barros, una adolescente madrileña fallecida en 1985 a causa de un cáncer de huesos y actualmente en proceso de beatificación, cuya ejemplar existencia le sirvió de inspiración. Las vivencias de Alexia están recogidas en el libro "Un regalo del cielo". A pesar de tratarse de una ficción, este film ha levantado dolorosas ampollas, entrando en confrontación directa con la familia de la propia Alexia y con el poderoso Opus Dei. Camino es el nombre la protagonista, título de la obra emblemática de D. Josemaría Escrivá, el fundador de la orden.

La malograda Alexia González-Barros


3.- Carme Elias y Mariano Venancio: ambos, soberbios actores, sobrios e impecables encarnando a Gloria y José María, los padres de Camino. Ella, premiada con el Goya a la mejor actriz, resulta espartana, contumaz, rayando la indolencia y el fanatismo. Él, contrapuesto a sus papeles del "Súper" en la popular saga cinematográfica de Mortadelo y Filemón, interpreta a un hombre afectuoso y sensible, que sufre contenidamente la enfermedad de su adorada pequeña, la partida de Nuria (Manuela Vellés), su hija mayor (numeraria del Opus) y la incomprensión de su hierética esposa. Provisto de su sempiterno tomavistas, graba las alegrías y las penas de Camino, siendo a la postre el único testimonio gráfico de la breve vida de la protagonista. Aumentando todavía más el tono dramático de este cinta, el padre morirá en un accidente de tráfico en uno de los múltiples viajes que realiza desde Madrid a Pamplona para estar al lado de su hija.


Carme Elias es Gloria, la madre


Mariano Venancio es José María, el padre




LA ENFERMEDAD DE CAMINO, LA NIÑA QUE TEMÍA A SU ÁNGEL DE LA GUARDA.


En primer lugar, deseo manifestar mi profunda admiración por los compañeros que trabajan a diario con pacientes pediátricos oncológicos y terminales. Existe el tópico que afirma que ser médico es una vocación, y tal y como asegura una monitora del club del Opus en este film: "vocación significa llamada". Sin embargo, en el mundo en el que nos ta tocado vivir, yo empiezo a tener serias dudas, que no vienen al caso ahora comentar.

Recuerdo con cierta nostalgia mi último año en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, en especial la rotación clínica por el Servicio de Pediatría. El trato con los niños gravemente enfermos despertó en mí una suerte de vocación inversa, más proclive a confortar que a curar, un sentimiento de intranquilidad y una sensación de incapacidad para atender como futuro profesional a aquellos pequeños que tanto padecían gratuitamente, seres indefensos que ni siquiera podían comprender qué les estaba sucediendo, por qué se estaban muriendo.

Volviendo a la película, Camino comienza sufriendo intensas cefaleas y cervicalgias recidivantes. El primer médico que la atiende se limita a tratar la inflamación, incluso con dolorosas infiltraciones. Después de observar unas radiografías del cuello de la niña, se ratifica en el diagnóstico de contractura muscular y le prescribe unos ejercicios rehabilitadores.

Pero los dolores cada vez se hacen más intensos. Ya en el hospital, cuando sus padres la llevan a urgencias, los médicos le diagnostican una fractura de la tercera vértebra cervical, que exige una intervención quirúrgica inmediata para evitar el daño medular. Mientras la operan, asistimos a una hermosa ensoñación de la chiquilla guiada por su mascota, un diminuto ratón. Como secuela del tratamiento, Camino se quedará parapléjica.

Transcurren los días y las semanas, y la niña no mejora. La paresia se extiende al tronco y a las extremidades superiores. Sus padres deciden llevarla a una nueva consulta, un reconocido especialista en neurocirugía de una clínica privada. Las pruebas de imagen descubren el tumor causante de la fractura vertebral y que ahora comprime la médula espinal. Estoicamente, Camino se enfrentará a una nueva intervención quirúrgica.

La etapa final de su calvario llega con el diagnóstico tumoral: se trata de un rabdomiosarcoma, una neoplasia poco común, altamente maligna y que suele aparecer antes de los 20 años de edad; se origina en estirpes celulares musculares estriadas, siendo la cabeza y el cuello las zonas más frecuentemente afectadas.

En la película observamos cómo el cáncer que padece Camino vuelve a ser tratado, este vez en la prestigiosa la Clínica Universitaria de Navarra, en principio con cirugía y radioterapia. Posteriormente, la muchacha recibirá también varios ciclos de quimioterapia, representada en el film por unos frascos de llamativos colores que rodean su cama, en un último intento de paliar la diseminación metastásica de la enfermedad.

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001429.htm#Tratamiento




MR. MEEBLES, LA CENICIENTA Y BERNADETTE


Tres personajes de ficción resultan fundamentales a la hora de entender "Camino":


  • Mr. Meebles: cuando Camino visita la Feria del Libro con sus padres, descubre a Cuco/Jesús (Lucas Manzano), un muchacho del que se enamora a primera vista. Él estaba ojeando un libro de cuentos infantiles cuyo personaje central es el simpático Mr. Meebles, de Jack Kent. Se trata de un hombrecillo tocado con una enorme chistera, muy sabio, pero que tiene un gran problema. Camino convence a su padre para que le compre el libro, a pesar de ser demasiado infantil para ella. A medida que transcurre la película, podemos percatarnos cómo esta especie de duendecillo se va convirtiendo en una amable voz interior que sustituye al temible ángel custodio, convertido en pesadilla de la pobre niña enferma. Por cierto, aunque en la película el ángel no tiene nombre, en el libro sobre Alexia González-Barros se llama Hugo.

  • La Cenicienta: heredado de su hermana Yeye (Nuria), éste es el cuento preferido de Camino. En todo momento, el infortunio en las historias de la niña enferma y de la cenicienta parece discurrir de forma paralela. Camino es la responsable de que la compañía de teatro de su amiga Begoña (la redicha Claudia Otero) y de su amado Cuco representen esta obra. Hasta que Camino se percató de su inexorable destino, siempre mantuvo la esperanza de poder incorporarse al reparto. Finalmente, la representación teatral transcurre mientras la niña agoniza en el hospital. Fesser juega magistralmente con la simultaneidad de ambas acciones, consiguiendo casar los últimos pensamientos de la muchacha moribunda con el deseo de verla morir en santidad por parte de todos los que la rodean (familia, curas, médicos y equipo asistencial).


La Cenicienta y el Príncipe


  • Bernadette: existe una película religiosa que supuso un enorme éxito interpretativo para su protagonista, la actriz Jeniffer Jones (Óscar en 1943 como mejor actriz) y que se tituló "La canción de Bernadette" (Henry King, 1943). Narraba la vida de Bernadette Soubirous, la santa pastora francesa a la que se le apareció la Vírgen de Lourdes. Camino se enamora por primera vez en su vida, y lo hace de un muchacho que parece no corresponderle. La niña enferma se identifica con la vida de la santa, que hubo de renunciar a su amor por Antoine, el hijo del molinero, para consagrar su vida a Dios. Mientras lee la vida ejemplar de Bernadette, en el interior del libro se encuentra una estampa con una fotografía que le tomaron a la santa recién fallecida, tal vez a causa del padecimiento de un cáncer que le afectaba una pierna. Recordemos que Santa Bernadette es patrona y abogada de los enfermos, de los pobres y de las personas ridiculizadas por su piedad. Su cuerpo incorrupto es objeto de veneración en el Convento de las Hijas de la Caridad de Nevers.

Jeniffer Jones en "La canción de Bernadette"



A pesar de sus luces y sus sombras, sin lugar a dudas "Camino" me ha parecido una gran película. Para finalizar, veamos las opiniones sobre la misma de alguien que perteneció en su día al Opus Dei:


http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=print&sid=13367