sábado, 10 de enero de 2009

EL CHIP PRODIGIOSO



¿Estamos ante un remake, una secuela en forma de delirante comedia de aquel "Viaje alucinante" de Richard Fleischer, o por el contrario, nos encontramos ante una obra con un valor intrínseco propio? Vayamos por partes...

"El chip prodigioso" (Joe Dante, 1987) fue en su día una taquillera comedia obra y gracia del Rey Midas del cine, Steven Spielberg, su avispado productor. Jeffrey Boam fue el encargado de llevarla a las pantallas según la historia original del guionista, director y actor Chip Proser. En 1988 fue galardonada con el Óscar a los mejores efectos especiales.

Ambientada en San Francisco (USA), narra la disparatada historia del teniente de aviación Tuck Pendelton (encarnado aquí por un impertinente Dennis Quaid), un impulsivo aventurero embarcado en un apasionante experimento que le llevará a pilotar una cápsula monoplaza miniaturizada a través del cuerpo de un conejo de laboratorio.



Dennis Quaid es el teniente Tuck Pendelton

Pero un ataque terrorista dirigido por la sibilina Dra. Margaret Canker (Fiona Lewis) modificará sustancialmente los planes iniciales. Para garantizarse el éxito de sus operaciones, la pérfida científica mantiene a sus órdenes a un esbirro muy poco tranquilizador llamado Mr. Igor (Vernon Wells). Tras una serie de peripecias y persecuciones, el Dr. Ozzie Wexler (John Hora), el director del experimento, termina inyectando a su diminuto amigo dentro del cuerpo del hipocondríaco dependiente Jack Putter (un histriónico Martin Short).

Martin Short, el insufrible Jack Putter

De esta descabellada manera, el periplo interior de Pendelton se inicia en el tejido adiposo de la nalga izquierda de Putter. Los adipocitos, esféricos y amarillentos, rodean la microcápsula del asombrado Pendelton por todas partes.


Adipocitos: preparación histológica




Ajeno a todo lo que está ocurriendo a su alrededor, Tuck continúa con su misión, con el objetivo de alcanzar el nervio óptico de su huesped. El ordenador de a bordo le marca la ruta: vena glútea superior, vena ílíaca, vena cava inferior, aurícula derecha, vena cava superior y vena yugular derecha hasta alcanzar el quiasma óptico.


Tuck Pendelton posa su nave en el nervio óptico izquierdo de Jack. Desde ahí, lanza una sonda que finaliza en un sensor que le permita ver lo que ocurre en el exterior a través de la mirada de su huesped. En este momento, comienza a darse cuenta que no se halla precisamente en el interior de un manso conejo blanco de laboratorio.

Desde el ojo Tuck decide viajar hacia el oído de Jack para comunicarse con él. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si de repente comenzásemos a escuchar una voz que nos asegura proceder de una microcápsula tripulada que navega por nuestro interior?...

Una vez que ambos protagonistas establecen contacto, la taquicardia provocada por la ansiedad de Jack causa serios problemas de navegación a la microcápsula de Pendelton. En el torrente sanguíneo observamos los eritrocitos, con su clásica forma discoidal. Al igual que en "Viaje alucinante", la nave manejada por Pendelton no debería entrar nunca dentro del corazón en marcha. Consigue detenerla ante el sobrecogedor expectáculo de la válvula tricuspídea, abriendo y cerrando sus valvas membranosas.

Un detalle particularmente cómico de "El chip prodigioso" acontece cuando Pendelton, gran aficionado a la bebida, le pide a Jack que se tome un buen lingotazo de bourbon para rellenar su microscópica petaca. El líquido baja a raudales por la faringe y el esófago de Jack.

Suena entonces el tema musical estrella de la película: "Twistin´the night away" del malogrado Sam Cooke, versioneada para esta ocasión por el cantante escocés Rod Stewart. Huesped e intruso se mueven embriagados al son de esta joya del soul...

http://es.youtube.com/watch?v=f0aLkdi3GQo



Para complicar aún más la comedia de enredo, Jack se enamorará de Lydia Maxwell (interpretada por una flaca e insulsa Meg Ryan), la novia periodista de Tuck. Por si fuera poco el embrollo, también entra en acción una especie de freakie traficante de nuevas tecnologías llamado The Cowboy (Robert Picardo).

Involuntariamente, un apasionado beso entre Lydia y Jack consigue que la microcápsula pilotada por Tuck cambie de huesped. Héroes y villanos ignoran esta modificación. La Dra. Canker planea miniaturizar a Mr. Igor para inyectarlo en el cuerpo del pusilánime Jack. De esta manera, localizaría la cápsula de Tuck y recuperaría el chip prodigioso.

Como si viajara a bordo de una cápsula endoscópica, el audaz Pendelton descubre ahora que ha pasado a encontarse en el interior de su amada Lydia, y que además ella está esperando un bebé; y todo ello gracias a las imágenes intrauterinas que recrean el líquido amniótico y el cordón umbilical.

Un nuevo beso entre Lydia y Jack devuelve la microcápsula de Pendelton al interior de este último. El viaje interior finaliza con las escenas del combate entre Tuck y Mr. Igor dentro del esófago y del estómago de Jack.

La acidez del jugo gástrico disolverá al malvado: "en lugar de Maalox ® (un popular fármaco antiácido) voy a darte malo..." - juega con las palabras el triunfante Tuck cuando consigue deshacerse de Mr. Igor.

Por fin, gracias a un estornudo que provoca en Jack la inhalación de un chorro de laca, el teniente Tuck Pendelton y su minúscula nave consiguen salir al exterior. Final feliz, con boda incluída.


Sin lugar a dudas, y a pesar de sus limitaciones formales y de sus primitivos efectos especiales, como película de ciencia - ficción me quedo con "Viaje alucinante". En mi modesta opinión, la vigencia de "El chip prodigioso" no alcanza más que un cierto valor como comedia comercial diseñada para entretener con sus endebles gags y sus alocadas persecuciones a un grupo de chavales, durante algo más de hora y media, en una lluviosa tarde del sábado.




OTRAS MINIATURAS CINEMATOGRÁFICAS

  • "El increíble hombre menguante" (Jack Arnold, 1957): es una fantástica película de serie B que, como los buenos vinos, con el tiempo ha ido ganando adeptos. Clásico de la ciencia - ficción, este film de culto está basado en el guión del escritor Richard Mateson, también autor del relato original homónimo. Su personaje protagonista, Scott Carey (Grant Williams), tras sufrir los efectos de una nube radioactiva, comienza a percatarse de su pérdida de peso y tamaño. Genial y kafkiana.


http://www.blogdecine.com/2006/07/03-el-increible-hombre-menguante-una-pelicula-grandiosa


  • "Cariño, he encogido a los niños" (Joe Johnston, 1989): el excéntrico científico Wayne Szalinski (Rick Moranis) es el protagonista de esta comedia dirigida al público infantil en la que, por un lamentable error, miniaturiza a sus propios hijos y a los de los vecinos. Aunque tampoco será especialmente recordada por la posteridad, contó con la dirección de un experto en efectos especiales, colaborador habitual de la factoría de George Lucas y ganador de un Óscar por la profesionalidad demostrada en "En busca del Arca perdida" (Steven Spielberg, 1981), la primera película de la saga protagonizada por el intrépido arqueólogo y aventurero Indiana Jones (Harrison Ford).

Y de la misma manera que hicimos cuando en esta misma bitácora reflexionamos sobre el film "Viaje alucinante", para comprender si el fenómeno de la miniaturización podría ser algún día realmente posible, recomendamos visitar el siguente vínculo:

http://www.malaciencia.info/2006/02/el-tamao-s-importa-el-chip-prodigioso.html

2 comentarios:

Un día salio el sol dijo...

Hola, te invito a darte una vuelta por mi blog, saludos.

DOCTOR ALBEIROS dijo...

Podemos afirmar, sin temor alguno a equivocarnos, que el insigne Premio Nobel de Medicina español D. Santiago Ramón y Cajal, imaginó en su juventud una novela biológica fantástica ambientada en el planeta Júpiter. El héroe de su relato se introducía en el cuerpo de un gigantesco animal jupiteriano por el poro de una glándula cutánea. Dotado de sofisticados y precisos instrumentos científicos, a caballo de un eritrocito se dedicaba a viajar por la sangre de su huesped hasta alcanzar el mismísimo cerebro. Allí descubriría con gran admiración el centro del pensamiento y de la voluntad... Esta novela de ciencia ficción nunca llegó a ser publicada, si bien se conserva su borrador con unas magníficas ilustraciones anatómicas del propio Ramón y Cajal.

http://www.biolex.es/atlas/cajal/cajal_b/caj_2b.htm

Coetáneo y amigo de D. Santiago fue el médico y político D. Amalio Jimeno. En 1873 publicó un cuento bajo el sugestivo título de "Un habitante de la sangre", de temática muy parecida al relato de Cajal...

Por último, el psiquiatra catalán Juan Giné Partagás escribió varias novelas de medicina ficción dentro de ese peculiar estilo: "Misterios de la locura", "Un viaje a Cerebrópolis" y "La familia de los Onkos (tumores)"...