sábado, 9 de enero de 2010

MUERTE EN VENECIA



"Los hombres no saben por qué les satisfacen
las obras de arte. No son verdaderamente
entendidos, y creen descubrir innumerables
excelencias en una obra, para justificar su
admiración por ella, cuando el fundamento íntimo
de su aplauso es un sentimiento imponderable
que se llama simpatía"...

"La Muerte en Venecia". Thomas Mann


Algunas veces, desfortunadamente cada vez más contadas, la simple contemplación de una película nos llena de satisfacción. Y un suceso tan sencillo y embriagador indefectiblemente obliga a nuestra curiosidad a que traspase un misterioso umbral, impulsada por una sed o un apetito todavía no saciados.

Incluso el trailer de "Muerte en Venecia" (Luchino Visconti, 1971), con el vapor Esmeralda, de Ancona, aproximándose a la ciudad entre las brumas del alba, es capaz de provocarnos ese extraño efecto, comparable al aturdimiento de aquel inexistente síndrome de Stendhal. Privilegiados, asistimos a la representación de una obra maestra elaborada minuciosamente por un artista que a su vez se ha inspirado en una breve maravilla, "La Muerte en Venecia" de Thomas Mann. Y por si esta empresa resultara incompleta, insuficiente, la música de Gustav Mahler, con el inmortal "Adagieto" de su 5ª Sinfonía, quedará para siempre identificada con la banda sonora.






"y comprendió entonces que llegar
por tierra a Venecia, bajando en la estación,
era como entrar a un palacio por la escalera
de servicio. Había que llegar, pues, en barco
a la más inverosímil de las ciudades"...





En nuestro caso particular, el cine precedió a la literatura. La cinta de Visconti sirvió para revelarnos la novela de Thomas Mann, mejor dicho, para estimular nuestra lectura de la misma, despertar nuestro interés por la música de Mahler, y por supuesto, la pasión por Venecia, amor platónico quizás del que la dura realidad conseguirá desengañarnos algún día.






Thomas Mann (1875 - 1955)


Paradojas de la vida, el flechazo por Venecia surgió una gélida mañana invernal en Londres, mientras visitaba la National Gallery, cuando descubrí toda la magnificencia concentrada en ese culmen de perspectiva y luz llamado "La regata vista desde Ca Foscari" (1727), del inconmensurable maestro Giovani Antonio del Canal, Canaletto.







Hasta aquí mi fascinación cinéfila... "Muerte en Venecia" tiene su entrada en este blog porque en el desarrollo de su acción aparecen dos enfermedades bien diferentes. Por un lado, el cólera, una patología colectiva, una epidemia ambientada en la ciudad de los canales a principios del siglo XX. Pero también está presente la cardiopatía isquémica que en nuestra humilde opinión afectaría a Gustav Von Aschenbach (interpretado por el decisivo y manierista Dirk Bogarde), un afamado compositor que consume sus últimos días en la procura de la inspiración y de la belleza. Todo ello lo encontrará en el rubio efebo Tadzio (Bjorn Andresen), desde entonces uno de los iconos gay por excelencia, del que se enamorará perdidamente. Para este papel, Visconti realizó cientos de pruebas de casting, hasta que en Estocolmo encontró a este joven actor de 16 años. Incluso llegaría a pensar en Miguel Bosé, su ahijado, que con 15 años comenzaba su polifacética carrera profesional.


Bjorn Andresen es Tadzio

Cuentan también que Visconti estuvo a punto de elegir a Marcello Mastroianni como protagonista de este film; al final se inclinaría por Bogarde, menos latino y más centroeuropeo, y con el que ya había trabajado en 1969 durante el rodaje de "La caída de los dioses". Burt Lancaster estuvo muy interesado en que le adjudicaran ese papel..., pero el destino ya le había dado su gloria en una anterior obra maestra: "El gatopardo" (Luchino Visconti, 1963).

En el guión, Nicola Badalucco y el propio Visconti cambiaron la profesión de Aschenbach, escritor en la obra de Thomas Mann, convirtiéndolo en este film en un afamado compositor y director. Bogarde se inspiró en la vida de Gustav Mahler para darle a la interpretación de su personaje una mayor credibilidad.



LA HISTORIA CLÍNICA DE GUSTAV VON ASCHENBACH






Dirk Bogarde es el desmedrado Gustav Von Aschenbach



Investigando en la novela de Thomas Mann, descubrimos que la infancia de este personaje estuvo lastrada por su complexión frágil y su salud quebradiza. Debido a estas especiales circunstancias, su talento hubo de cultivarse en el ámbito exclusivamente doméstico, una educación sin compañeros ni amigos en el seno de una acomodada familia bávara; entre sus ascendientes más inmediatos figuraban funcionarios estatales y algún que otro pastor eclesiástico, su padre había sido un alto funcionario judicial y su madre hija de un director de orquesta originario de Bohemia.

A los 35 años enfermó en Viena, por causas desconocidas. De carácter estoico, aún con 40 y 50 años se duchaba con agua fría todas las mañanas, entregándose después a la disciplina de su trabajo creativo.

La muerte súbita de Aschenbach mirando al mar, sentado en la playa en una silla de tijera, su hábito tabáquico y las frecuentes crisis de dolor que atenazan su pecho, nos hicieron pensar que tal vez pudiera padecer una angina de pecho inestable. Es necesario aclarar que en las páginas de la novela de Mann no aparece por ningún lado referencia alguna sobre una grave enfermedad del protagonista, que tampoco fallece infectado por el cólera.



EL CÓLERA EN VENECIA



"Así era Venecia, la bella
insinuante y sospechosa; ciudad encantada de
un lado, y trampa para los extranjeros de otro,
en cuyo aire pestilente brilló un día, como pompa
y molicie, el arte, y que a los músicos prestaba
sones que adormecían y enervaban"...



La plaza de San Marcos, la Piazzeta, el Gran Canal, el puente de Rialto, San Michele o la isla del cementerio... Tal vez agobiado por la monotonía de Munich, Aschenbach dedice viajar hasta Venecia. El film está cargado de simbolismo. La imagen enfermiza del protagonista sobre la cubierta del barco, encogido, cobijado a pesar del calor que el siroco expande sobre la ciudad, la hermosa metáfora de la sombría góndola que le traslada hasta su refugio en el Lido, la playa que se extiende al este de la capital del Véneto, negro y confortable ataud que se desplaza lentamente sobre las aguas turbias, nave que Caronte guía sobre la laguna Estigia..., la fugacidad del tiempo y de la vida que se escapa simbolizados en el reloj de arena roja..., la vieja cámara fotográfica abandonada sobre un trípode, cubierta con una tela negra, como si alguien se la hubiera olvidado así, sobre la pálida superficie de la playa...

Las esquinas de la ciudad se encuentran empapeladas por un bando que alerta a la población sobre el desarrollo de molestos cuadros intestinales, simples gastroenteritis asociadas al consumo de ostras y marisco, y al estancamiento del agua en los canales... En varias escenas observamos el humo ennegrecido que emana de múltiples hogueras y fogatas, todavía medio encendidas en el centro de las plazas y del cruce de las calles.

Recordemos que hasta que en 1854 Filippo Pacini descubrió el Vibrio choleare, la bacteria causante de esta enfermedad infecciosa, muchos creían en la teoría miasmática de su contagio, contra el cual recomendaban el fuego y el humo, incluso el que se esparcía después de una buena descarga de pólvora. En la película, nadie quiere reconocer la situación de cuarentena en la ciudad, pues al igual que en la actualidad, el turismo suponía la mayor fuente de ingresos para sus habitantes. Los diarios locales apenas daban noticias de muertes aisladas y todo el mundo, como en una confabulación, le echa la culpa del mal al viento y al clima... Aschenbach asiste personalmente al desmayo de un mendigo moribundo en la estación, sin que nadie le preste la más mínima atención al desdichado...

Por fin, tras cierto reparo inicial, un funcionario de una sucursal bancaria le cuenta a Aschenbach la realidad sobre la epidemia de cólera en Venecia. Desde la India, la plaga se había ido extendiendo por China, Afganistán y Persia. Siguiendo la ruta de las caravanas, había alcanzado Moscú. Mientras Europa tomaba medidas para evitar su llegada por tierra, el cólera viajó por el Mediterráneo a bordo de algunos barcos sirios, infectando así diferentes puertos: Tolón, Málaga, Palermo, Nápoles... Justo antes del verano, durante el mes de mayo, aparecieron las primeras víctimas de la enfermedad en Venecia... Poco a poco fueron apareciendo más casos por los barrios y un turista austríaco murió de regreso a su país por culpa de la enfermedad...

La novela de Thomas Mann aporta más datos sobre la mortalidad de la epidemia, que alcanzaba al 80% de los infectados; y menciona la forma "seca" del padecimiento, en el que los pacientes mueren ahogados en su propia sangre, transformada ésta en un fluido denso y pastoso, en medio de alaridos y presa de espantosas convulsiones... Los hospitales comenzaban a no dar abasto... El penetrante olor de los desinfectantes se va extendiendo por las callejuelas de la ciudad, casi a la par que la propia epidemia...

En líneas generales, recordemos que el cólera puede ser asintomático o benigno, pero también grave. Un 20% de los infectados padece un cuadro grave de diarrea acuosa, abundante, acompañada de vómitos importantes y calambres en las piernas, que puede llevar al paciente a la muerte por deshidratación si no es oportunamente tratado.

A todos aquellos interesados en profundizar en estas cuestiones, les recomendamos visitar el siguiente enlace de la Revista de Medicina y Cine


http://revistamedicinacine.usal.es/dmdocuments/venecia.pdf




4 comentarios:

obiwan1977 dijo...

Muy interesante el planteamiento del blog. Nunca se me habría ocurrido acercarme al cine a través de la medicina.

Sé de mucha gente a la que le va a encantar.

Y por supuesto, grandísima película Muerte en Venecia.

Un saludo desde Brevemente.

Lucila dijo...

Hola estuve revisando tu blog y me parece muy interesante y entretenido, sobre todo que la información es detallada y precisa, espero que sigas posteando más temas para informarnos y comentar.
Saludos.

Guissella dijo...

Déjame felicitarte, que bueno que está tu blog los temas tienen la información exacta que me interesa, sigue posteando más sobre estos temas.
Felicitaciones.

Anónimo dijo...

I inclination not agree on it. I assume precise post. Especially the appellation attracted me to study the unscathed story.