sábado, 12 de diciembre de 2009

LA ANSIEDAD DE VERONIKA VOSS





"- Ahora le pertenezco; ahora le pertenece todo lo que tengo... Ya solo le puedo regalar mi muerte.
- Gracias. A un regalo tan barato puedo renunciar".



A mediados de los años 80, cuando todavía era un estudiante de Medicina, me llamó poderosamente la atención uno de los carteles que decoraban las paredes de la primera sala multicine que abrió sus puertas en Santiago de Compostela. Era el de "La ansiedad de Veronika Voss" (Rainer Werner Fassbinder, 1982). La imagen retro de la rubia actriz, con su fascinante belleza germánica, me trajo a la memoria reminiscencias de la mítica Lola Lola (Marlene Dietrich) protagonista de "El ángel azul" (Josef Von Sternberg, 1930).


Unos cuantos años después, he tenido la oportunidad de visionar de nuevo este film, brechtiano 100% (si se me permite la osadía del barbarismo), opinión que comparto con H-B. Moeller en su aquilatada crítica publicada en el nº 35 (abril 1990) de Jump Cut:


http://www.ejumpcut.org/archive/onlinessays/JC35folder/MariaVonBraunTrilogy.html




Las primeras escenas del film suponen un anticipo del drama que desarrollará ante nuestra atenta mirada como espectador. En "Veneno traicionero", una especie de película dentro de la película, una mujer atenazada por terribles dolores le suplica a su cuidadora que le administre una dosis de la droga que consiga mitigar su sufrimiento; a cambio de ello, está dispuesta a darle toda su fortuna, incluso su propia vida...

La orgullosa Veronika Voss, otrora musa favorita del propagandista Joseph Goebbels durante el auge del nazismo en Alemania, rutilante estrella en decadencia de la UFA (la Universum Film AG), asiste a la proyección de una película que ella misma protagoniza donde se escenifica su angustiosa drogodependencia. Está acompañada por un taciturno hombre de gafas y bigote, el propio Fassbinder, que con este cameo estaría venerando a otros maestros del cine que hicieron lo mismo en algunos de sus films, como el orondo Alfred Hitchcock en la archiconocida "Los pájaros" (1963) o mi muy admirado Stanley Kubrick en la inquietante "La naranja mecánica" (1971).


Tragedia de corte clásico filmada en blanco y negro, su luminosidad hiriente y plateada satura especialmente aquellos fotogramas que nos muestran el interior de la clínica de la malvada Dra. Marianne Katz (Annemarie Düringer), mientras las aterciopeladas sombras y los cuidados claroscuros envuelven las escenas más intimistas, como las de los amantes sobre los lechos desordenados, o los susurros y las confidencias a la tenue luz de las velas.



Rosel Zech es Veronika Voss



Cierta patina de thriller policiaco nos recuerda las intrigas contrabandísticas de "El tercer hombre" (Carol Reed, 1949), pero esta vez el escenario rota desde la destrozada Viena de la posguerra mundial al Munich de 1955, en una República Federal Alemana que empieza a levantar cabeza bajo el controvertido gobierno de Konrad Adenauer. A su vez, el despreciable tráfico de penicilina es sustituido por el de morfina. Un fornido sargento de color del ejército norteamericano (Günther Kaufmann) se encarga de suministrar las drogas a la Dra. Katz, cuya clínica de neurología cercana a la Thiersplatz se convierte en una tapadera donde los drogadictos se enganchan progresivamente a los opiáceos. Para que nadie la descubra, cuenta con el beneplácito oficial del Dr. Edel (Erik Schumann).


En las caras opuestas de esta moneda se sitúan la orgullosa y soberbia Veronika Voss, que dilapida su crédito y su fortuna para conseguir la droga que le permita soportar el declive de su existencia, y el viejo anticuario Herr Treibel (Peter Lühr), uno de los supervivientes del macabro campo de concentración de Treblinka. Paradójicamente, ambos conseguirán liberarse de su permanente sufrimiento suicidándose con barbitúricos (en el caso del anciano, acompañado por su amada esposa).


La historia de Veronika Voss nos recuerda a la de Norma Desmond (Gloria Swanson) en la soberbia "Sunset Boulevard" (Billy Wilder, 1950), la diva del cine mudo que trata de recuperar la fama y el prestigio perdidos durante la irrupción del sonido cinematográfico.

No en vano el guión de la cinta de Fassbinder se inspiró en la desdichada vida de Sibylle Schmitz, antigua estrella de la UFA que se suicidó mediante una sobredosis a los 46 años, incapaz de soportar el olvido de sus admiradores.





VIDAS CRUZADAS


Una noche lluviosa, en el bosque que rodea a Geiselgasteig (en la realidad, una localidad situada en el sur de Munich, donde se encuentra la sede oficial de la compañía Bavaria Film) una angustiada Veronika Voss conoce a Robert Krohn (Hilmar Thate), frustrado poeta que se gana la vida como periodista deportivo en un diario local. Ella está casada con el guionista Max Rehbein (Armin Mueller-Stahl), pero su convivencia marital transcurre por caminos opuestos. A su vez, Krohn cohabita con Henriette (Cornelia Froboess), su joven pareja fotógrafa de prensa, aunque con un compromiso muy liberal. El periodista comienza a fascinarse por la enigmática personalidad de la diva, que padece un trastorno ansioso - depresivo derivado de su adicción a la morfina, que trata de mantener oculta a toda costa.


Hilmar Thate es Robert Krohn




LA MÚSICA

La banda sonora de Peer Raben resulta fundamental en esta película, desde las trompetas épicas de los créditos iniciales hasta las suaves texturas sonoras elaboradas con breves pinceladas de piano, vibráfono y banjo ...; el repetitivo fondo musical, con canciones country y rockabilly americanas que emanan lejanas de la radio, contribuye al clima angustioso de las escenas en las que Veronika sufre el síndrome de abstinencia. Aunque no aparecen en los créditos del film, destacamos los temas "Run, boy run" de Lee Hazlewood y "Memories are made of this", de Gilkyson, Dehr y Miller, popularizada precisamente en 1955 por el socarrón Dean Martin...




UN DETALLE FUTBOLÍSTICO ESPECIAL PARA CINÉFILOS

En una de las escenas de "La ansiedad de Veronika Voss", Robert trata de explicarle a Henriette que Fritz y Ottmar Walter son dos hermanos futbolistas que juegan en el Kaiserslautern. Fritz Walter fue la estrella de la selección alemana que ganó el Campeonato del Mundo de 1954, en Suiza, derrotando en la final por 3 tantos a 2, contra todo pronóstico, a la hasta entonces invencible Hungría de los inolvidables Puskas y Kocsis. Tan solo recordar aquí que durante la fase clasificatoria para dicha final, los húngaros habían apabullado previamente a la escuadra alemana por un contundente 8 a 3...




Fritz Walter en acción