domingo, 7 de diciembre de 2008

EL ESTRANGULADOR DE BOSTON



Los asesinos en serie, reales - como el sanguinario Manuel Delgado Villegas "El arropiero" - o inventados - como el refinado Hannibal Lecter, han sido, siguen y seguirán siendo un inestimable filón cinematográfico. Las películas que abordan dichas truculencias suelen tener de antemano aseguradas jugosas taquillas.

El listado de estos criminales parece interminable. Si no me creen, consulten el siguiente vínculo:




Al igual que en el caso de Jack El Destripador, en el dossier del maníaco conocido como estrangulador de Boston, todavía a día de hoy continuan sin despejarse demasiadas incógnitas. Pero el paralelismo entre ambos criminales no se ciñe solamente a esta coincidencia. Por la precisión de los cortes y de las eventraciones de sus víctimas, muchos expertos sospecharon que el destripador de Londres pudiera haber sido un afamado cirujano. De la misma manera, por el empleo del doble nudo cuadrado en los estrangulamientos, inicialmente se pensó también en un médico como el posible autor de la serie de crímenes bostonianos.

En el caso que ahora nos ocupa, después de haberse autoinculpado de todos los crímenes cometidos, las acusaciones recayeron sobre Albert DeSalvo, infausto individuo poseedor de un complejo historial psiquiátrico. Iniciado ya en su primera infancia, mientras sufría frecuentes malos tratos físicos y psicológicos a manos de su propio padre, Frank DeSalvo, se extendería al resto de su vida, habiendo sido el autor de múltiples agresiones de tipo sexual.

El verdadero Albert DeSalvo



Pero sustanciales diferencias detectadas en las investigaciones policiales respecto al modus operandi llevado a cabo en los 13 estrangulamientos supuestamente cometidos por DeSalvo en Boston, entre el 14 de junio de 1962 y el 4 de enero de 1964, han hecho sospechar a los expertos que pudo haberse tratado de varios asesinos actuando miméticamente; quizás la prensa de la época aireó demasiados detalles de estos crimenes...

Vamos a centrar nuestro análisis en la película titulada "El estrangulador de Boston" (Richard Fleischer, 1968), protagonizada por Tony Curtis, muy alejado aquí de sus registros habituales como simpático galán, en el inquietante papel de DeSalvo; por cierto, durante este rodaje, el actor sufriría una fractura de tabique nasal trabajando en una escena de persecución. El productor del film pensó también en Robert Redford, Warren Beatty o en Horst Buchholz para encarnar al atormentado asesino.

Mención especial para Henry Fonda (que interpreta al sosegado jurista ayudante del fiscal general John S. Bottomly) y una vez más para George Kennedy (metido en la piel del estoico veterano detective Phillip J. DiNatale), los investigadores principales del caso en la ficción. Añadir por cierto que, en esta película, los verdaderos inspectores participaron como consejeros técnicos del director.


HENRY FONDA





GEORGE KENNEDY

El film de Fleischer se permitió varias licencias:

  1. Parte de la base de la existencia de un solo asesino, que identifica sin lugar a dudas con Albert DeSalvo. Así nos lo advierte desde los créditos iniciales.
  2. Atribuye a la patología psiquiátrica del criminal, un supuesto cuadro psicótico de múltiple personalidad, más técnicamente conocido como trastorno de identidad disociativo, la causa que lo empujaba a violar y asesinar a sus víctimas. Al verdadero DeSalvo nunca le fue diagnosticado dicho trastorno.
  3. DeSalvo no llega nunca a ser acusado formalmente de ser el estrangulador en serie por un pacto entre la fiscalía y su abogado defensor. En la realidad, en 1967 DeSalvo fue recluido en el Bridgewater State Hospital, de donde se fugó con unos compinches. Apresado poco tiempo después, es enviado a la prisión estatal de alta seguridad de Walpole, donde murió apuñalado 6 años después por otros reclusos. Sus asesinos nunca fueron identificados.
  4. Los crímenes reales se iniciaron en el verano de 1962. La ficción cinematográfica los situa en un Boston invernal, con sus calles manchadas por una espesa capa de nieve y hielo sucios.
  5. Por supuesto, los nombres de las víctimas en la pantalla no se corresponden al de las verdaderas mujeres asesinadas.

Una de las características que más me han llamado la atención de esta película es el atinado empleo por parte del director de la llamada técnica de la pantalla dividida, cualidad que nos permite ser simultaneamente espectadores de la misma acción, pero desde diferentes escenarios y puntos de vista.

Sin embargo, esta peculiaridad formal no convence a todos los críticos por igual, existiendo admiradores y detractores:

http://thecinema.blogia.com/2004/112401-the-boston-strangler-1968-richard-fleischer-el-estrangulador-de-boston.php


En el film, DeSalvo se hacía pasar por fontanero, calefactor y pintor para conseguir que sus víctimas le franqueasen la entrada en sus domicilios. Siempre elegía mujeres que se encontraban frecuentemente solas en casa. La edad de las mujeres asesinadas osciló entre los 19 y los 85 años.



EL TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO


Según la clasificación DSM IV, estamos ante un controvertido diagnóstico que se basa en la existencia de una o más identidades o personalidades en un mismo individuo. Cada una de ellas tiene una manera particular de actuar y de percibir la realidad. Al menos dos de estas personalidades suelen controlar el comportamiento del enfermo y suelen ir asociadas a una especie de amnesia. Por supuesto, este cuadro ha de ser independiente de cualquier otro parecido causado por el abuso de drogas o ser inducido por patología orgánica. No tiene ninguna relación con la esquizofrenia.

También se conoce como trastorno de personalidad múltiple, debido a su definición clásica. Los excépticos piensan que no existe tal cuadro psiquiátrico, y su causa la atribuyen a delirios de base puramente cultural.

Normalmente se origina en sujetos que denuncian haber sufrido malos tratos infantiles, como hemos visto que ocurrió en la vida del DeSalvo real.

Dentro de su amplia sintomatología, estos pacientes pueden sufrir depresión, ansiedad (con taquicardia, disnea y diaforesis), ataques de pánico, fobias y disfunción sexual. La sintomatología ansioso - depresiva es magistralmente retratada en el film, con un Tony Curtis convincentemente encarnado en su atormentado personaje.

La amnesia está también presente, pues Tony Curtis-DeSalvo se muestra confundido e incapaz de recordar lo que realmente le ha ocurrido. La desrealización y la despersonalización son manifiestas, resultando muy llamativa la escena en la que el protagonista parace reaccionar y retornar a la realidad cuando observa su propio rostro reflejado en un espejo.




UNA PECULIAR COLECCIÓN DE PARAFÍLICOS Y TRASTORNADOS


Como ha venido sucediendo en demasiadas películas en la historia del cine, los rasgos patológicos de los enfermos mentales suelen estar exagerados, cuando no incluso ridiculizados. Esta aquiescencia, presente también en este film, ha contribuido a darle cierto toque cómico a determinadas situaciones.

Tal vez sean secuelas de una particular circunstancia; en un principio, la 20th Century Fox contrató al guionista Terence Rattigan para la adpatación cinematográfica del libro de Gerold Frank sobre el estrangulador de Boston, pero, al hacerlo en clave de comedia, Rattigan fue despedido y sustituido definitivamente por Edward Anhalt.

Vayamos al grano. Mientras el estrangulador va cometiendo sus crímenes rituales, la policía realiza su periplo investigador por los sórdidos bajos fondos de Boston. Ante nuestros ojos, comienzan a desfilar una serie de extraños personajes, algunos de ellos esclavos de enrevesadas parafilias.

  1. Arnie Carr (William Traylor): viajante vendedor de pinturas, que frecuenta habitualmente varios prostíbulos; Cloe (Jeanne Cooper), su ramera favorita, informa a DiNatale que Arnie se excita sexualmente al mencionarle palabras soeces (coprofemia). Incapaz de mantener una relación sexual ortodoxa, obtiene placer apretándole el cuello a las mujeres para que éstas finjan tenerle miedo; podría ser un caso de asfixiofilia, es decir, de excitación obtenida mediante el deseo de estrangular a la pareja sexual, contando con el consentimiento de ella.
  2. Terence Huntley (Hurd Hartfield, en su día, el exitoso protagonista de "El retrato de Dorian Gray" - Albert Lewin, 1945): se trata de un varón homosexual, un invertido (en palabras de DiNatale), un refinado coleccionista de antigüedades, admirador del Marqués de Sade y aficionado a los libros sobre la secta de los Thuggee o Thugs, los estranguladores devotos de Kali, la diosa hindú de la muerte. A mi juicio, podríamos encontrarnos aquí ante una cierta clase de amonestación homófoba, dado es el tratamiento recibido por este personaje y por el de su denunciante, la señorita Ellen Ridgeway, antigua amante de Terence, despechada lesbiana que "realizaba el papel de Adán mientras él mismo hacía de Eva...". Simplemente recordar aquí que hasta hace poco tiempo, la homosexualidad figuraba como un trastorno del comportamiento sexual en ciertos sesudos tratados de psiquiatría.
  3. David Parker (Shelley Burton): un trastornado delirante que intenta estrangular a su propia esposa en varias ocasiones creyendo ser la reencarnación del mítico Otello, trágico personaje debido a la pluma genial de William Shakespeare. Pudiéramos encontrarnos ante un posible caso de agonophilia, en el que la excitación sexual del individuo vendría proporcionada por la lucha contra su pareja.
  4. Coronel Lyonel Brumley (George Furth): un histrión verdaderamente encantador, un vendedor de ultramarinos que se dedica a ligar con gran éxito suplantando a un veterano coronel de la guerra del Pacífico. Mientras trata de intimar con una supuesta enfermera (en realidad policía secreta), el guionista pone en boca de la atractiva señorita un dardo envenendado dirigido una vez más contra los galenos. Ella dice: "la mayoría de los médicos que conozco empiezan a estar algo bebidos cuando dan las 5 de la tarde..." Sin comentarios.
  5. Eugene T O´Rourke (William Hickey): ante la escasez de resultados en las investigaciones sobre el estrangulador, Jack Bottomly decide echar mano de Peter Hurkos (George Voskovec), un afamado mentalista que ha ayudado a resolver diversos crímenes a diversos cuerpos policiales, incluyendo Scotland Yard. El vidente sostiene haber identificado al asesino, proporcionando la descripción de O´Rouke, un antiguo monje trapense poseedor de una personalidad desvariada y depresiva, pues duerme sobre los muelles de la cama y se lava con el agua de los retretes, entre otras lindezas. Esta vez, Hurkos no acierta...

La moderna psiquiatría ha dejado de reconocer estrictamente a la mayoría de las parafilias como patologías, siempre y cuando estos gustos especiales no hagan daño al propio individuo o a los que le rodean.

No necesitamos inventarnos fantasmas, vampiros, hombres-lobo ni alienígenas procedentes del espacio exterior. Con el paso del tiempo, "El estrangulador de Boston" se ha convertido en un clásico del cine de suspense con trasfondo psiquiátrico, que por supuesto estimula potentemente la intranquilidad del público en general, al provocarle una reflexión sobre la posibilidad de una cercana presencia, oculta tras un manto de aparente e inocente mediocridad, de enajenados monstruos depredadores llamados seres humanos...

¡No le abran nunca a los extraños las puertas de sus casas!