martes, 11 de marzo de 2008

LAS INVASIONES BARBARAS



RÉMY GIRARD es RÉMY en "LAS INVASIONES BÁRBARAS"

Mantengo grato recuerdo de una película que todavía conservo por ahí, en formato VHS. Se trata de "El declive del Imperio Americano" (Denys Arcand, 1986). Asocio esta añoranza con una etapa universitaria idílica, cuando contra viento y marea me imponía la asistencia semanal a cualquier sala de proyección. Hoy, al igual que Marcel Proust, subyugado por el sabor de su hiperbólica magdalena, de nuevo evoco aquella agradable experiencia al repasar "Las invasiones bárbaras" (Denys Arcand, 2003), para algunos críticos cinematográficos, la necesaria coda de su obra anterior.


Su contemplación me produjo un primer choque: los pasillos de un hospital canadiense atestados de pacientes hacinados en camillas. ¡No es posible!. Por múltiples y complejas razones "afectivas" (Neil Young, The Band, los refrescos Canada Dry, la Policía Montada, Oscar Peterson...) siempre he tenido idealizado todo lo referente con Canadá...; inclusive su sistema sanitario.

El 19 de julio del año 2000, Ignacio F. Zabala firmaba en Aceprensa.com un artículo revelando cómo, durante ese mismo año, la sanidad canadiense ocupaba el puesto 30 en el ranking establecido por la propia Organización Mundial de la Salud. En dicho informe, EEUU se situaba en la posición 37, Francia en la 1ª y España en la 7ª. Si no me creen, visiten el vínculo siguiente:


http://www.aceprensa.com/articulos/2000/jul/19/la-oms-da-buena-nota-a-la-sanidad-p-blica/


Pero ahora, veloz retorno a la realidad, porque el embrujo de la pantalla por un momento me hizo olvidar que esta típica saturación de enfermos en los pasillos aparece en una película, tremendamente humana aunque bastante intelectualoide, simplemente una entretenida ficción. Seamos pues indulgentes...

En una habitación compartida con otros pacientes, de repente nos encontramos con Rémy (interpretado por el laureado actor québécoise Rémy Girard), un profesor universitario enfermo de cáncer. Lo acompaña en este trance su antigua esposa Louise (Dorothée Berryman), que incluso en tan incómoda situación, le reprocha sus infinitas infidelidades.


El problema de las listas de espera pronto hará también su aparición. Sébastien (Stéphene Rousseau), el exitoso broker londinense hijo de esta singular pareja, intenta infructuosamente que la sanidad pública le realice a su padre desahuciado una PET (Tomografía por Emisión de Positrones). El director Denys Arcand, también guionista del film, encuadra las relaciones paterno - filiales dentro de un típico conflicto generacional, sostenido belicosamente entre un progenitor fracasado, militante izquierdista, redomado libertino y cultivado lector, versus un hijo triufador, capitalista recalcitrante, nuevo rico, fiel devoto de las nuevas tecnologías, pero ciertamente infeliz, traumatizado por una infancia sin el anhelado cariño del padre. El joven intentará por todas las maneras recuperar el tiempo perdido junto a él.

De noche, prisionero del perturbador insomnio, del dolor y de sus tribulaciones, Rémy añora la presencia de su otra hija, Sylvaine (Isabelle Blais), que en las antípodas surca los mares a bordo de un velero. Solamente podrá comunicarse con ella mediante videomensajes vía satélite. También a Rémy le gustaría recuperar tantos y tantos momentos familiares dilapidados.


Una de los instantes más sarcásticos de esta tragicomedia transcurre cuando Sébastien intenta doblegar, a golpe de talonario, la "férrea" voluntad de la administración hospitalaria y de los propios sindicatos, tratando de conseguir una habitación individual y confortable para su padre enfermo. La puya al control sindical resultará especialmente ácida, sobre todo en la escena en la que Sébastien y el desastrado líder del SNTS (una especie de sindicato sanitario nacional de clase) se adelantan a un enfermo en silla de ruedas que pretendía tomar un ascensor. La negociación entre el hijo y el sindicalista, para que quede preparada la futura habitación de Rémy, no tiene desperdicio. Idénticamente hilarante transcurrirá la escena en la que Sebastien trata de encontrar su ordenador portátil desaparecdo; de nuevo saldrá malparada la imagen sindical. Y es que poderoso caballero es Don Dinero, y potente arma arrojadiza es la ironía...

Tras unas breves imágenes del terrible atentado contra las Torres Gemelas del fatídico 11 - S, Arcand repite las menciones al imperio americano (en clara referencia al título de su obra anterior) y a las invasiones bárbaras.

Seremos también testigos de mordientes referencias contra la llamada "Leyenda Negra", cuando provocador Rémy le recrimina a la monja enfermera católica que le cuida que los españoles y los portugueses borraron del mapa durante el siglo XVI a 150 millones de indios en América Latina con el beneplácito de su religión, 50 millones más en Norteamerica a manos de franceses, ingleses, holandeses y sus desecendientes, mientras que las guerras y deportaciones del siglo XX solamente eliminaron a unos 130 millones de prójimos. - "La historia de la Humanidad, hermana, es una historia del horror..."

En esta película observamos cómo se nos muestra, con toda la crudeza posible, la vivencia de una enfermedad terminal en el ámbito hospitalario: aislamiento, soledad, pesadumbre, miedo, dolor... En su desvelo, Rémy observa la agonía de su compañero de habitación; ¿deseará para él un final con un sufrimiento semejante?

El tratamiento del dolor terminal, en este caso oncológico, obtiene un tratamiento especial en "Las invasiones bárbaras". ¿Resultaría realmente descabellado emplear heroína en lugar de morfina? Recordemos que 10 mg de morfina por vía intramuscular equivalen a 5 mg de heroína. La heroína presenta una vida media de 8 horas. La morfina es su metabolito activo. En este aspecto, el tratamiento con heroína sería superior, pues a las 8 horas de analgesia que ella misma proporcionaría, se añadiría el efecto analgésico propio de la morfina. Ahora bien, la heroína desarrolla dependencia y tolerancia de manera rápida, lo que desaconseja su empleo. Pero estamos hablando de enfermos terminales, con una expectativa de vida muy corta, y afectados por dolores insoportables...; este sería pues el planteamiento mostrado por Denys Arcand en esta película suya.


En el siguiente vínculo, el Dr. Alberto Marín resume el control del dolor en el enfermo terminal.

http://drmarin.galeon.com/controldolor.htm


En medio de este debate hará su aparición un personaje capital en esta controvertida película. Se trata de Nathalie (interpretada por una hermosa y gélida Marie-Josée Croze), la hija junkie de una antigua amante de Rémy. A cambio del mantenimiento de su propio consumo, ella se encargará de comprar la heroína para el tratamiento del enfermo. Delante de la casa de Olivier, el camello (un amanerado Yves Desgagnés), Sébastien conversa con el policía Gilles Levac (un duro e inexpresivo Roy Dupuis) sobre el control del tráfico de drogas: una batalla perdida en la que unos traficantes sustituyen a otros, iraníes, iraquíes, libaneses, turcos, italianos... - "hay demasiada gente que quiere droga; es una invasión" -.


El aprendizaje de Rémy con la heroína comienza por la vía inhalatoria, fumando chinos. Nathalie le recomienda: "trate de concentrase; la primera vez es la mejor; es la que todos queremos recuperar. Se le llama riding the dragon - cabalgando el dragón..." Colgado de esta manera, recibe en su habitación la hilarante visita del médico, por cierto, figura ridiculizada por enésima vez en las pantallas cinematográficas (el galeno entra en escena mordisqueando una manzana, que entrega momentáneamente a una joven interna que le acompaña durante la visita clínica). Cuando menos lo esperamos, Nathalie incumple su parte del trato. Un día, no aparece por el hospital y Rémy cae en las garras del síndrome de abstinencia, del terrible mono. La inyección intravenosa de un pico de heroína se convertirá ahora en la segunda estación en el breve camino a su dependencia. Paradojas de la vida, mientras Rémy poco a poco se va enganchando en la heroína, Nathalie ingresa en un programa de deshabituación con metadona.


La amistad, junto al amparo de su desestructurada familia, destacan como valores esenciales para el director de esta película. Rémy mira al pasado, en busca del tiempo perdido, porque cualquier tiempo pasado fue mejor, sin dolor, sin remordimientos, sin éxitos, ¿sin amor?. En la página web de "El Criticón", Manuel Márquez se decanta por otras películas, tal vez sólidas predecesoras del film de Arcand, como por ejemplo "Reencuentro" (Laurence Kasdan, 1983) o "Los amigos de Peter" (Kenneth Branagh, 1992), que emplean la reunión de un grupo de antiguos amigos para argumentar sobre las cuestiones más trascendentales de la vida humana, para intentar superar la certeza elegíaca de nuestra mortalidad.

Los peores momentos de la cinta, con un ritmo exasperadamente lento repleto de pedantes diálogos sostenidos por los viejos jóvenes revolucionarios aburguesados, coinciden con la hermosa fotografía paisajística de los alrededores de la casa del lago, donde Sébastien traslada a su padre para que muera en paz. Apología a la eutanasia; sobredosis de opiáceos. Como pírrica herencia de su vida, Rémy le dejará a Nathalie una casa repleta de libros, los autores que llenaron su existencia: Cioran, Primo Levy, Alexander Solzhenitsyn, Samuel Pepys...

Las últimas imágenes en la mente de Rémy son plácidas, oníricas: corresponden a la película "Cielo sulla palude" - "Heaven Over the Marshes" (Augusto Genina, 1949), con la actriz Ines Orsini sumergiendo sus pantorrillas en las olas que mansamente vienen a morir en la arena.


Como viene siendo habitual, mención honorífica para la banda sonora: Arvo Pärt, Philip Glass, Händel, Mozart... y ¡Françoise Hardy!.

Afortunadamente, no todo el mundo opina igual que yo. Rafael Martín, en la página web de "Las Horas Perdidas", realiza una severa crítica de "Las invasiones bárbaras", película para él a todas luces sobrevalorada. Interesante apreciación, cuya lectura recomendamos:


http://www.lashorasperdidas.com/criticas/cbarbaras.htm