sábado, 7 de agosto de 2010

PATCH ADAMS




"Nuestro trabajo consiste en aumentar la salud... significa mejorar la calidad de vida, no sólo retrasar la muerte".


Patch Adams a Truman, en "Patch Adams"


¿Es Patch Adams un excéntrico, un pacifista, un loco, un payaso, un charlatán, un iluminado, un revolucionario, un visionario...?, ¿o tal vez un médico construido a partir de una aleación muy especial y resistente? Parece ser que durante su formación académica las calificaciones obtenidas en la Facultad de Medicina de Virginia fueron excepcionales..., por lo tanto, desde la ortodoxia de las cátedras concedámosle el beneficio de la duda.

Una de las virtudes del cine es cambiar a realidad. Ahí radica su magia. Por eso nos entretiene, nos fascina, nos seduce. Cuando
observamos una película basada en un libro y posteriormente releemos sus páginas, el aspecto de los personajes mudará en nuestra imaginación quedando dicha identificación literaria modificada para siempre. Por estas razones tan sutiles Tarzán se convirtió en Johnny Weissmuller, Superman en Christopher Reeve, Don Vito Corleone en Marlon Brando, Drácula en Bela Lugosi, Josef Mengele en Gregory Peck y Patch Adams en Robin Williams. Un proceso totalmente inverso al ocurrido con Charlot, por ejemplo, porque Charles Chaplin ha quedado indisolublemente metamorfoseado en su entrañable personaje.

Conocí al verdadero Patch Adams en circunstancias anecdóticas. Tras escuchar durante tres horas un interminable debate de expertos sobre el tratamiento de la hipertensión arterial, una tormentosa cefalea me provocaba tanto disconfort que me mantenía distraído. Entonces
el Dr. Adams hizo su aparición, sigiloso. Verdaderamente, me pareció la antítesis de Robin Williams, muy alto (1.93 metros frente a los 1.73 del actor), vestido de forma estrafalaria (es su uniforme habitual para provocar emociones), el cabello azulado recogido en una larga coleta y un bigote con las puntas retorcidas hacia arriba. Del lóbulo de su oreja izquierda colgaba un pendiente en forma de tenedor...

El verdadero Patch Adams

Un calor tedioso atenazaba a la sala; la audiencia, formada mayoritariamente por médicos, tampoco parecía estar demasiado por la labor. Mi dolor de cabeza desapareció cuando me concentré en un breve vídeo mostrando a Patch Adams en un parque de Arequipa (Perú) atendiendo a una pequeña con parálisis cerebral sentada en una silla de ruedas. De repente, entendí su mensaje, la idea central sobre la que versa la película "Patch Adams" (Tom Shadyac, 1998), una máxima sencilla quizás demasiadas veces olvidada por culpa de nuestra cotidiana desidia profesional; y es que casi sin quererlo nos hemos acostumbrado a tratar enfermedades y no a enfermos.

Saludando al más puro estilo Patch Adams

El mayor pecado de la medicina contemporánea radica en su deshumanización. Los pacientes se convierten en números, códigos, se encasillan en patologías, compartimentos estancos donde la compasión está ausente, mientras lo único importante son las cifras, las listas de espera, los tiempos medios, la duración de las estancias hospitalarias, los presupuestos, el gasto farmacéutico... Al ingresar en un hospital, perdemos nuestra esencia, nuestra individualidad, pasando a ser reos del más desamparado de los anonimatos. Y la atención primaria, muchas veces con la complicidad involuntaria de los propios pacientes, descuida también su principal cometido, pues todo el mundo parece haberse olvidado del significado de salud y calidad de vida.

LA PELÍCULA

Por cierto, Patch Adams no quedó demasiado contento con el resultado de la misma, sobre todo por la diferencia entre sus honorarios y los que Robin Williams se llevó para casa en los bolsillos... En sus propias palabras, si bien el film sirvió para popularizar su modus operandi, no le ha aportado mayores beneficios a su proyecto: la construcción de un ameno y original hospital gratuito en el medio de los bosques del condado de Pocahontas, en Virginia Occidental.

El guión es de Steve Oederkerk, basado en el libro "Gesundheit: Good Health is a Laughing Matter", escrito por el propio Patch Adams y Maureen Mylander. Ella también es la coautora de "
Gesundheit!", un segundo libro escrito por el Dr. Adams y definido como el primer bestseller detrás de la película. Su edición original me ha servido para recopilar a partir de las primeras fuentes algunas de estas informaciones, como por ejemplo la veracidad de la escena de la película en la que Patch Adams llena una habitación con globos, de manera que las personas en su interior, aún sin poder verse, perciben perfectamente el movimiento de los otros "invitados".

La infancia y la adolescencia de Patch Adams estuvieron marcadas por la muerte: primero, la del padre, militar de profesión veterano de la II Guerra Mundial y de Corea, víctima de un trastorno por estrés postraumático y fallecido a consecuencia de un infarto de miocardio. La figura paterna fue reemplazada por la de un tío, que desafortunamente acabaría suicidándose.

Pacth fue un chico enfermizo, afectado por unas terribles úlceras pépticas (tratadas a base de Gelusil ®, Librium ® y Rubinol ®). Abandonó los estudios e ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica, el Fairfax Hospital, en Virginia. Es cierto que a raiz de tan particular experiencia (convivir en la misma habitación con Rudy, un paciente psiquiátrico) descubrió "la luz", es decir el inmenso poder curativo del amor, de la comunicación y de la diversión. Decidió convertirse en un "estudiante de la vida", una especie de sociólogo sanador interesado en la infinita variabilidad del comportamiento humano. Otro dato fidedigno que aparece en la película es ese experimento llevado a cabo por Patch Adams, que llamaba indiscriminadamente por teléfono a números equivocados para hablar con la gente, o las conversaciones expontáneas entabladas con desconocidos por la calle, en los bares, incluso en los ascensores de los edificios públicos. Haciendo caso a sus propias palabras, llegó a asistir tanto a las reuniones del Ku Klux Klan como a las de los Musulmanes Negros, tratando de entender sus ideas...

Además de estudiar medicina, su formación autodidacta le llevó a leer las obras de los clásicos, desde Platón y los demás filósofos griegos hasta los maestros de la literatura universal, como William Faulkner o Thomas Mann. Y también leyó a Nikos Kazantzakis, especialmente "Zorba el Griego". A nuestra memoria acude ahora la excepcional interpretación que Anthony Quinn hizo de tan vitalista personaje en "Zorba el Griego" (Michael Cacoyannis, 1964).

Según el propio Dr. Adams, el cine y la literatura le han servido para conocer la idiosincracia de otros países. En el caso concreto de España, confesó su predilección por las obras de Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar, en nuestra modesta opinión excepcionales artistas, pero con una visión tan personal de la realidad que pueden irremediablemente deformarla... Respecto a los modelos profesionales de su etapa universitaria, Patch Adams se confiesa devoto de los doctores Albert Schweitzer (¿en honor a él su impresionante mostacho?) y Thomas A. Dooley.

Dr. Albert Schweitzer

Dr. Thomas A. Dooley

Quizás la película haya perjudicado la ontología de Patch Adams, tal vez centrándose en imprecisiones (Patch no se graduó con el culo al aire) y anécdotas divertidas capaces de atraer al espectador hacia las taquillas. A lo mejor él no represente más que un charlatán, un ególatra, un excétrico o un visionario. Pero, para algunos de nosotros, este film ha servido para descubrirnos a un colega muy particular, que nos propone humanizar nuestra profesión, despertando nuestras anquilosadas conciencias con verdades demoledoras, auténticos puñetazos camuflados bajo la inocente influencia de una roja nariz de payaso.

Sobre esta película existe un ensayo muy recomendable firmado por Steven C. Scheer en su libro "Hollywood Values", que puede consultarse en el siguiente vínculo:

http://www.stevencscheer.com/patchadams.htm

CINEFAGIA

En la película, Patch Adams conoce a Corinne Fisher (Monica Potter), una compañera de facultad que terminará siendo su novia. Este personaje nunca exitsió en la realidad, aunque está inspirado en Linda Edquist, la verdadera esposa del protagonista.

Como toda figura pública y famosa, la de Patch Adams tampoco ha conseguido mantenerse al margen de la polémica. Linda estuvo casada con él durante 26 años y tuvieron dos hijos, aunque actualmente están divorciados. Patch Adams ha abandonado el ejercicio de la medicina y se ha volcado con su movimiento lúdico y terapéutico tratando de recaudar los fondos necesarios para su hospital "cómico"; Linda sostiene que ha recaudado más de un millón de dólares... Él asegura que nunca ha ganado un centavo con la práctica de la medicina...

Tal vez inspirados en propuestas similares, existen movimientos protagonizados por médicos y otros profesionales que tratan de crear un ambiente más cálido y humano para los enfermos hospitalizados, como por ejemplo los Doctores Bola Roja:

http://www.doctoresbolaroja.com/doctoresbolaroja.html

Y como en todo film que se preste, el verdadero Dr. Hunter Patch Adams también realizó un cameo, apareciendo entre el público que escucha el alegato que el protagonista hace en su propia defensa ante aquellos que quieren impedir su graduación.

3 comentarios:

cirto dijo...

Excelente articulo lo felicito por compartir su investigación que nos acerca más a la verdad de este gran ser humano,que Dios lo continue bendiciendo a él Y a su gran labor. y que al igual que usted muchos medicos decidan seguir su ejemplo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por el artículo! De verdad muy bueno. Felicidades! Ojala que su labor perdure por muchísimos años mas y que contagie a todas las personas para extinguir la indiferencia. Saludos.

Anónimo dijo...

Supongo que aún dolida por la muerte de Robin Williams, me quedo con la carta que leí por parte de Patch a un actor que vivió como un Ser humano y supo transmitir como sólo un alma noble puede hacer.

Desde mi corazón, gracias Patch y gracias Robin por interpretar sabiduría con alma.

El cielo te acoja capitán, mi capitán.