jueves, 23 de agosto de 2007

MEDYCINE = MEDICINA + CINE


Rock Hudson es el Dr. Anton Drager en
"CAMINO DE LA JUNGLA" (1962)


Ser médico implica desarrollar una permanente curiosidad por la VIDA (¡con mayúsculas!). Esta especial capacidad de indagación se convierte también en específica, teniendo en consideración la vasta extensión relacionada con el conocimiento actual de dos importantes procesos, incompatibles, pero indefectiblemente simultáneos: por un lado, los esfuerzos destinados a preservar el bienestar y la salud; por el otro, el permanente y encarnizado combate contra los males de la enfermedad.

Este discernimiento se transforma en valeroso, sobrio, tenaz pero a la vez humilde, resignado ante la certeza del fin de los días y de lo irremediable de la muerte. Cuando el curar resulta imposible, siempre queda la posibilidad de aliviar y confortar. En otras palabras, adquirir esa tan necesaria empatía para con el prójimo que padece y sufre. En nuestro auxilio, presta acude generalmente una poderosa herramienta, el método científico, cuya efectividad terapéutica se verá especialmente atenuada si se excluye el obligado aporte del humanismo facultativo.

Desde la noche de los tiempos, el ARTE, en sus múltiples formas de expresión, ha venido preocupándose por el dolor, por la enfermedad y la muerte. Quizás, mediante esta exteriorización, ciertos artistas pretendieron conjurar el sufrimiento y la tribulación del hombre. La literatura, la pintura, la escultura, la música, incluso la arquitectura..., han abordado desde diferentes perspectivas todos estos procesos vitales. La moderna irrupción de la fotografía, y más tarde del propio CINE (al fin y al cabo, fotogramas en movimiento) han servido para aportar una visión más vívida, más real..., aunque en algunas ocasiones lo consiga mediante el trucaje y la ficción. De todos modos, gracias al cine, también se puede aprender medicina.



Estas breves reflexiones deberían haber constituido en su día el PRÓLOGO de esta humilde aproximación galénica al mundo del cine, que tantas y tantas horas de regocijo nos ha proporcionado (¡y nos proporcionará!). Pero, por si acaso, por ahí resuena el eco de aquel manido refrán que dice aquello de "nunca es tarde..."