domingo, 21 de febrero de 2010

BARFLY - EL BORRACHO

Bukowski con los protagonistas de "Barfly"


"Hay algo sobre mí como una flor y un banquete. Hay algo sobre mí que se arrastra como una serpiente. No es la muerte, pero muriendo, su poder quedará liberado..."

Charles Bukowski





En la trasera de "The Golden Horn", ubicado en un sucio chaflán del Downtown de Los Ángeles, con cierta frecuencia suelen ajustarse las cuentas
Eddie (Frank Stallone) y Henry Chinaski (sobresaliente Mickey Rourke), uno de los camareros contra un cliente habitual del garito. Ambos se odian a muerte, porque son antitéticos. Eddie es un macarra engreído, un chulo barato, un tipo duro prototipo del machismo reinante en los barrios bajos. Henry es un borracho, un enfermo alcohólico dotado de una capacidad de resistencia envidiable, un insomne del sueño americano, un aparente envoltorio de escoria humana que guarda en su interior una valiosa gema, lírica, sensible. Y a pesar de tanta mugre, el espectador cierra filas a su lado. Siempre que hay bronca en el callejón entre Eddie y Henry, al resignado Ben (Joe Unger) le toca ocupar su puesto en la barra de un bar que se vacía para asistir a la trifulca... El tercer camarero es el veterano Jim (interpretado por el malogrado J.C. Quinn) el único que respeta y se apiada del borracho...

"Barfly" (Barbet Schroeder, 1987) es una ficción cinematográfica basada en la vida y obra del polémico escritor norteamericano Charles Bukowski, también guionista de este film, que por cierto estuvo a punto de no realizarse. Cannon Films se encontraba al borde la bancarrota cuando Francis Ford Coppola y su Zoetrope Productions acudieron en su auxilio, apoyando a la potente productora de Menahem Golan y Yoram Globus. Un año después del estreno de esta película, la compañía de distribución cinematográfica terminaría echando el cierre.

Para el proyecto inicial se pensó en Dennis Hopper como director, en Sean Penn como protagonista y en Helen Hunt para el papel de Wanda, la novia de Chinaski. Pero Bukowski se había comprometido previamente con el cineasta galo, viejos conocidos de la TV francesa, y eligió a la pareja Mickey Rourke - Faye Dunaway.

Las imágenes de los créditos iniciales nos presentan una galería de bares y locales donde nunca nos atreveríamos a entrar para tomarnos unas copas. Ni de coña...

Mickey Rourke es Henry Chinaski

De súbito nos encontramos con Henry Chinaski en su propia salsa, cocinándose a fuego lento gracias a generosas dosis de sangre y alcohol, un Mickey Rourke en las antípodas de aquel elegante seductor que enamoraba a las mujeres con su mirada aterciopelada en "Nueve semanas y media" (Adrian Lyne, 1985). Dicen que el actor norteamericano se metió tanto en la piel del espectro de Bukowski que cuando el escritor murió en 1994, "The New York Post" utilizó una foto del protagonista de esta película para ilustrar el obituario. Por cierto, Bukowski falleció a los 74 años de edad, víctima de una leucemia. Bebedor impenitente, su hígado aguantó estoicamente los embates de su alcoholismo.

La resistencia es la característica principal de esta historia. Un individuo se mantiene en un permanente estado de embriaguez etílica, recibiendo implacables tundas de golpes que deberían provocarle fracturas óseas y graves traumatismos craneoencefálicos. Bien fuera la intención del director para resaltar tanta tenacidad, o quizás se tratase de errores de continuidad de la película, Chinaski aparece en pantalla sin apenas hematomas ni cicatrices después de varias noches de borrachera y violencia. El maquillaje solamente destaca sus nudillos pelados y edematosos.

Desde el punto de vista médico, "Barfly" nos muestra el caso de un alcohólico crónico, en una etapa avanzada de su dependencia etílica, sin ningún apoyo social ni expectativa de futuro, sobreviviendo en un pequeño mundo que se extiende entre los límites de la barra de un bar y el camastro sobre el que dormita. Los únicos instantes de paz y lucidez son aquellos que le proporcionan la literatura y la música clásica.


- "Dime qué somos, ¿dos que se cruzan en un pasillo"
Henry a Wanda

En el "Kenmore" Henry conoce a Wanda, "una diosa caída", de profesión bebedora, una mujer solitaria con cierto trastorno antisocial de la personalidad. Ella es la amante de un tal Wilbur Evans, un viejo benefactor que la mantiene y al que nunca llega a verse en pantalla. Ambos inician una tormentosa relación salpicada de apacibles momentos, aquellos en que pacíficamente comparten el tabaco y la bebida. Pero Wanda es débil, capaz de traicionar a Henry por una botella de whisky... y terminará por consumar su deslealtad nada más y nada menos que con ¡Eddie, el camarero!.

Los aficionados a las anécdotas del cine sostienen que Bukowski reconoció el apartamento donde conviven Wanda y Henry en la película como uno de los pertenecientes al edificio Royal Palms,
en el 334 de Wesley Place (South L.A.), donde él vivió realmente al lado de su pareja Jane Baker Cooley.

La colección de alcohólicos de "The Golden Horn" es amplia. Quizás adivinando el futuro que le espera, Henry se queda observando a un viejo borracho incapaz de llevarse el vaso a la boca; el temblor típico de la abstinencia etílica se lo impide. A destacar otra verdadera mosca de bar, Lilly (Roberta Bassin), una mujer que no se mueve de su asiento al final de la barra, siempre aferrada a una jarra de cerveza, algunas veces llena, la mayoría vacía, esperando que un parroquiano se digne a invitarla a una copa.

Tully Sorenson (Alice Krige) es la editora de una revista de literatura contemporánea norteamericana que descubre el talento de Henry. Sin resultado, tratará de convencerle para que abandone su vida como borracho y vagabundo y se dedique a escribir, bajo la seguridad de su protección. Pero lo que ella no alcanzará a comprender es que el artista necesita mantenerse en su inestable mundo particular para que la inspiración siga consiguiendo su fértil efecto.

"Barfly" es una película correcta en su estructura, que aborda el problema del alcoholismo y de la marginación en clave agridulce, con apuntes útiles desde el punto de vista médico y centrada en la especial relación de un artista con la bebida.

La música de Mozart, Mahler y Beethoven sirve de banda sonora, destacando además la omnipresencia del órgano de Booker T. Jones contribuyendo a hacer todavía más irrespirable el ambiente de los antros y cubiles donde la vida de muchos desesperados gira alrededor de una botella y de un vaso.