domingo, 8 de febrero de 2009

FREUD, PASION SECRETA



"Freud, pasión secreta" (John Huston, 1962) es una respetuosa aproximación a los primeros años de la vida profesional (1885 - 1890) del llamado padre del psicoanálisis. Aunque no ha quedado convenientemente acreditado, el guión de esta película contó con la supervisión del filósofo Jean-Paul Sartre. Su inquietante banda sonora es obra de otro maestro, Jerry Goldsmith, en la que podemos escuchar incrustadas algunas secuencias electrónicas debidas al compositor holandés Henk Badings.

Para el papel protagonista de Sigmund Freud, el prolífico director norteamericano eligió a Montgomery Clift. El actor se encontraba atravesando una delicada etapa en su vida personal y profesional. En 1956, mientras rodaba junto a su querida amiga Elizabeth Taylor "El árbol de la vida" (Edward Dmytryk, 1957), Monty sufrió un grave accidente de tráfico que hizo necesaria la reconstrucción de su rostro mediante cirugía plástica. Desde ese momento, comenzó a consumir en exceso alcohol y calmantes, y su salud sufrió un deterioro progresivo.

Durante el transcurso del rodaje, sus continuas ausencias en el plató de rodaje obligaron a la Universal a demandarlo por incumplimiento de contrato. Paradojicamente, el aspecto enfermizo del actor contribuyó a proporcionar una mayor credibilidad a su interpretación del atribulado psiquiatra vienés.

He aquí una anécdota perteneciente a este tormentoso momento, extraída del magnífico blog en español dedicado a la rutilante estrella de Omaha (Nebraska):
  • Mientras filmaban en Viena, Monty se percató del deterioro progresivo de su visión. Teniendo en cuenta el pánico que le provocaba la posibilidad de quedarse ciego, viajó inmediatamente a Londres para consultarse con un especialista en Oftalmología, que le diagnosticó cataratas bilaterales. En diciembre de 1962, mientras se estrenaba exitosamente la película en Nueva York, el actor ingresaba para ser intervenido en el Hospital Mount Sinaí de Queens, siendo dado de alta en enero de 1963.

http://montgomery-clift.blogspot.com/

Monty caracterizado como Sigmund Freud



Este film contó con la supervisión especial a cargo del prestigioso psiquiatra británico Dr. David Stafford-Clark y con el asesoramiento técnico del Dr. Earl A. Loomis, psicoanalista especializado en psiquiatría infantil.



La película comienza con el homenaje a tres grandes investigadores, cuyas aportaciones a la Ciencia han servido para establecer la imagen que el hombre contemporáneo tiene de sí mismo y del universo:

  • Copérnico, que desmontó la teoría geocéntrica de Aristóteles, enriquecida con las aportaciones de Claudio Ptolomeo en el siglo II, y vigente hasta bien entrado el siglo XVI;
  • Darwin, que formuló las mismas leyes evolutivas que rigen el desarrollo de los seres vivos, incluyendo al hombre;
  • y por supuesto, Freud, que definió el verdadero peso específico del inconsciente en nuestra mente, concepto filosófico que había tomado de Von Hartmann, Schopenhauer y Nietzsche.


Nos encontramos en 1885, en el hospital general de Viena. Bajo el supuesto diagnóstico de histeria (patología hoy en día conocida como trastorno de conversión), Freud ingresa a una paciente en el pabellón psiquiátrico dirigido por el influyente profesor Dr. Theodor Meynert (Eric Portman). La imagen mostrada en este film de este médico de origen alemán no resulta cordial (excepto en su faceta de virtuoso violinista), siempre polarizada en la encarnizada rivalidad académica y profesional mantenida con Freud.

En realidad, Meynert destacó por sus brillantes trabajos sobre la clasificación de las enfermedades mentales, tratando de relacionar cada patología con su base neuroanatómica, algo verdaderamente novedoso en su época.


Dr. Theodor Hermann Meynert (1833 - 1892)



Profundamente desanimado ante su estancamiento profesional, Freud decide marcharse a París, para aprender y trabajar con el afamado Dr. Jean-Marie Charcot. En las escenas familiares previas a la partida, descubrimos un gazapo atribuido a la dirección de casting (responsabilidad de Robert Lennard). Supuestamente el joven Sigmund (que entonces debería contar con apenas 29 años) aparenta un envejecimiento mayor incluso al de su propia madre (Rosalie Crutchley). En 1962, Monty tenía 42 años, exactamente la misma edad de la actriz que encarnó a Frau Amalia Freud; sin embargo, su aspecto era el de un hombre mucho más avejentado.

Jean-Marie Charcot (1825 - 1893) representa una de las figuras más eminentes en la historia de la medicina francesa. Precursor de la psicopatología, fue fundador de la escuela de neurología instalada en el legendario Hospital de la Sâlpetriere de París. Fue el primero en describir la terrible esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como enfermedad de Charcot, ya tratada con anterioridad en este mismo blog. En aquellos años era una autoridad mundial en el tratamiento de la histeria. Freud sería el traductor al alemán de algunas de sus más brillantes obras.

Siguiendo el film, escuchamos declarar al personaje de Charcot (Fernand Ledoux): - "la histeria viola el principio médico de que los síntomas físicos deben tener un origen orgánico, y el principio psicológico de que la mente no es capaz de pensar en varias ideas a la vez..."

Charcot sentando cátedra en La Sâlpetriere




En algunas escenas, al igual que Freud, observamos a Charcot y a sus colaboradores emplear la regresión hipnótica como herramienta diagnóstica, nunca como terapéutica: "desgraciadamente, el estado hipnótico es pura farsa; nos ayuda a entender, no a curar". Debemos recordar que la aplicación de estas técnicas suponía de por sí una herejía contraria a la corriente científica imperante.

En 1886, de regreso a Viena, Freud se desposa según el rito judío con su prometida Martha Bernays (Susan Kohner) y abre una consulta privada. En los medios académicos y facultativos comienza a exponer sus tesis sobre la importancia en la salud mental del inconsciente. Entre su público, encontramos de nuevo al Dr. Meynert, paladín defensor de la base orgánica de los trastornos mentales, idea que colisionaba frontalmente con el discurso freudiano.

Meynert finaliza sentenciando: - "los doctores vieneses dejamos la especulación metafísica para los parisinos (en clara alusión a Charcot), y nos ceñimos pacientemente a las lecciones de los experimentos fisiológicos".

Solamente el Dr. Joseph Breuer (Larry Parks) se siente atraído por las consideraciones de Freud. Será precisamente este médico el que le presente el caso de Cecily Koertner (interpretada por la atractiva Susannah York), una joven afectada por una tremenda crisis nerviosa desencadenada tras la muerte de su padre. Una particularidad para cinéfilos: parece ser que Jean-Paul Sartre deseaba ver a Marilyn Monroe actuando en este vehemente papel.








LA PERTURBACIÓN DE CECILY KOERTNER



"Doctor, estoy harta de ser una enferma..."



El Dr. Breuer le confiesa a Freud que ha estado utilizando la hipnosis como tratamiento no farmacológico del insomnio padecido por Cecily. Sin embargo, al entrar la joven en trance, el médico se percató de que pronunciaba frases inicialmente inconexas, pero que poco a poco iban cobrando un cierto sentido. Mediante una estrategia planificada de preguntas y respuestas, Breuer descubrió la causa del insomnio: Cecily estaba aterrorizada por un sueño recurrente que giraba entorno al cadáver de su propio padre, devorado por los gatos callejeros de Nápoles, ciudad en la que éste había fallecido mientras viajaba.

Según los expertos, el personaje de Cecily Koertner bien pudiera corresponder en la realidad a la paciente Bertha Pappenheim (conocida por el pseudónimo de Anna O.), con la que Freud empleó el método catártico de Breuer (que la había tratado con anterioridad). El film nos muestra las sesiones terapéuticas de Breuer en la casa de Cecily, con Freud como atento testigo.

Para Breuer, "el acto de recordar, de revivir el incidente, hace que el síntoma desaparezca". De esta sutil manera, Freud comienza a intuir la posible utilidad de la hipnosis, por su capacidad de recuperar los recuerdos, como innovador método de tratamiento.

Bertha Pappenheim en 1881




En la película, esta referencia constituye además la primera toma de contacto de Freud con el mundo onírico. Como simple apunte, recordemos aquí el enorme peso específico en su cuerpo doctrinal de la obra titulada "La Interpretación de los Sueños" (1900).

La colaboración entre Breuer y Freud resulta muy fructífera, superando con ingenio los postulados de Charcot:

  • El trauma no divide la mente; solamente hace que el recuerdo del incidente se borre de la consciencia...
  • Los recuerdos están rodeados de emociones que no encuentran su desahogo natural a través del estado consciente...
  • Un síntoma insano solo es energía emocional que se manifiesta indebidamente...


Según Sigmund Freud, a menudo experimentamos pensamientos y sentimientos insoportablemente penosos. Éstos, junto a sus recuerdos asociados, son transportados desde el ámbito de lo consciente hacia la zona oscura del inconsciente. En la procura del llamado "recuerdo patógeno", siguiendo la línea de pensamiento compartido con Breuer, Freud inicia un novedoso tratamiento con los pacientes del hospital vienés.

Pero un nuevo enfrentamiento con Meynert y sus acólitos hace que Freud abandone el hospital. En sociedad con Breuer, comienza a investigar sobre la histeria con los pacientes que él le deriva a su consulta privada.



EL EXTRAÑO CASO DE CARL VON SCHLOSSEN


Paralelamente al asunto de Cecily, Freud se sumerge en la atormentada mente de otro paciente que marcará inexorablemente el curso de su futura carrera como psiquiatra. Se trata de Carl con Schlosser (interpretado por el actor escocés David Mc Callum, posteriormente reconvertido en el Dr. Robert Young, médico de familia en la exitosa serie televisiva "Marcus Welby"). Hijo de un general retirado del ejército imperial austro-húngaro y apasionado lector de Heine, Baudelaire y Rimbaud, el trastorno padecido por von Schlosser ayudará a Freud a descubrir y estructurar su archipopular "complejo de Edipo".

Sometido a hipnosis, el joven desequilibrado le revela el odio que siente por su padre, del que sin embargo guarda en un lugar bien visible el uniforme de teniente de húsares con el combatió en las batallas de Custoza, y que sirve para vestir el cuerpo desnudo de un maniquí identificado con su amada figura materna. Hasta el mismísimo fundador del psicoanálisis no estaba preparado para tan impactante revelación. Viendo la gravedad del cuadro psicótico de su paciente, Freud decide ingresarlo en una institución cerrada.

Edipo ante la Esfinge




Hacen acto de aparición las primeras escenas oníricas, surrealistas, de este film; protagonizadas por Freud, éste se encuentra en el umbral de una profunda caverna atado al extremo de una cuerda. Von Schlosser tira de él desde el otro extremo, a modo de guía. El paciente se dirige hacia un claro, un haz de luz que se cuela en la cueva e incide sobre una hierática y bella figura femenina, que en su mano porta una serpiente (¿Yocasta?). Von Schlosser acaricia y besa a la mujer, ante el gesto horrorizado de Freud, que esconde su rostro tras las manos. Un hombre mayor, vestido con un frac y tocado con una chistera, ríe burlón observando la escena. Furioso, alterado y ofendido Freud comienza a tirar de la cuerda que le une a su paciente, tratando de apartarlo de la mujer. Desde el interior de la caverna, lanza grandes piedras sobre el desdichado enfermo, que termina por despeñarse desde una altura. Para evitar ser atraído hacia el abismo por el peso muerto, Freud trata desesperadamente de cortar con un cuchillo el nexo que une a ambos, pero no lo consigue y es arrastrado en la caida. Entonces, se despierta agitado en su lecho conyugal. Fin de la pesadilla.

Freud queda profundamente traumatizado por el padecimiento de Von Schlosser, de tal manera que incluso piensa en abandonar la psiquiatría para centrarse en la neurología: - "está bien volver a los hechos demostrados experimentalmente..." Paradójicamente, será el propio Dr. Meynert, moribundo tras un infarto, el que anime a Freud para que siga con sus investigaciones sobre la histeria. Simultáneamente descubrirá que su antiguo paciente, el joven Von Schlosser, murió 6 meses atrás en un manicomio, víctima de una neumonía.

OTRA VEZ CECILY



Monty y Susannah, Freud y Cecily



Resulta curioso cómo John Huston, sin haberlo planeado, nos presenta en este film una reliquia asistencial que ha perdurado hasta hace poco tiempo. Se trata del retrato caduco del médico paternalista: los médicos son poseedores de "sus pacientes". Breuer y Freud comparten los cuidados de una enferma, pero tienen su primer encontronazo a propósito de la teoría general de la neurosis. Freud defiende el papel capital que la sexualidad desempeña en este tipo de trastornos: - "la represión trabaja en el inconsciente, en guerra contra la sociedad, que se desplomaría si se permitiera la libre expresión de la sexualidad..."

Es entonces cuando reta a Breuer; intentará desenmascarar el trauma sexual oculto en la mojigata Cecily Koertner, la verdadera causa de su sintomatología histérica.

Comienza una verdadera labor de detectives; primero Breuer, gracias a la regresión hipnótica, y luego Freud mediante la asociación libre, escarbarán en los recuerdos de la infortunada Cecily. Descubren que el padre de la muchacha, el difunto Herr Koertner (Joseph Fürst), realmente falleció en un burdel napolitano, y no en un hospital como la muchacha fabula, que la policía trasladó a Cecily hasta aquel infausto lugar para identificar el cadáver, hecho que le provocó a ella un profundo trauma psicológico; también se enterarán de que Herr Koertner era un asiduo visitante de prostíbulos y lupanares.

Ante la inminente marcha del Dr. Breuer de vacaciones a Venecia con su esposa, Cecily sufre una recaída en su particular trastorno de conversión. Aunque no está embarazada, en plena crisis histérica simula todos los síntomas de un parto. Mediante la hipnosis, el atribulado médico calma a la paciente, dejándola a cargo de Freud. Cecily está enamorada de su cuidador, y éste debe abandonar su tratamiento para salvar su matrimonio.

Pronto comenzarán también los problemas domésticos de Freud, al chocar frontalmente sus argumentos sobre el modelo psicosexual del comportamiento humano con las ideas más conservadoras de su esposa Martha. La sombra de ambas pulsiones contrapuestas, Eros y Tanathos, se cierne ahora sobre su propia existencia.

Sigmund Freud y su esposa Martha


Al fallecer su padre (David Kossoff), Freud tiene un extraño sueño: a las puertas del camposanto hebreo nuestro protagonista sufre un trastorno agudo, una crisis de ansiedad que le provoca un desvanecimiento. Convencido de que los sueños tienen un significado para la persona que sueña ("¿podría ser que los sueños sean ideas que escapan disfrazadas de la represión?") transmite su desasosiego a Breuer. Esta vez, ambos amigos acuden personalmente hasta la puerta del cementerio judío de Viena. Freud revive su angustia, con temblores, taquicardia, rigidez en las piernas e hiperventilación, que desaparecen al abandonar el lugar. Comienza a bucear en su mente, se autopsicoanaliza, pensando que él también es víctima de un trastorno neurótico de tipo histérico.


Si las neurosis empezasen en la infancia, bastante tiempo antes del verdadero despertar del estímulo sexual, su propia teoría etiopatogéncia de la misma quedaría completamente invalidada; para descubrir el significado de su sueño, Freud le pide a Breuer que lo hipnotice. Por supuesto, su amigo no acepta tan descabellada propuesta.


En aquellos días, Freud retoma el caso de Cecily Koertner, esta vez en solitario. En unas escenas capitales en esta película, Huston encuadra a Freud y a su paciente en unos fotogramas prototípicos del psicoanálisis: ella, recostada comodamente en un diván; él, atento a su lado, formulándole preguntas. Sin necesidad de hipnotizar a la muchacha, Freud consigue que afloren a su mente muchos recuerdos. Así descubre la especial inclinación de Cecily hacia su padre ("complejo de Electra") y la confrontación con la figura de la madre (Eileen Herlie).


En un determinado momento, Cecily confunde involuntariamente las palabras "prostituta" y "protestante". Como afortunados espectadores, capaces de viajar hacia el pasado gracias a la magia del cine, asistimos al nacimiento de la técnica psicoanalítica de la libre asociación: la paciente expresa todo lo que se le ocurre, sin ninguna discriminación, aunque le parezca completamente inadecuado. Poco a poco, Freud irá ocupando en el afecto de Cecily el trono vacante que habría dejado Breuer.

Nuestro protagonista empieza a pensar que Cecily ha sublimado primero en Breuer (y posteriormente en él mismo), la figura de un afecto mucho mayor, más potente y reprimido. Sus sospechas, se irán confirmando poco a poco. Descubre las frecuentes infidelidades de Herr Koertner, sus constantes visitas a la calle de la Torre Roja, en el barrio caliente vienés, el oscuro pasado de Frau Koertner, la devoción de Cecily por su padre y el rechazo hacia su madre, y el terrible secreto sobre su sexualidad que la muchacha mantiene tenazmente cohibido (le hace creer a Freud que su padre abusaba sexualmente de ella). Enfrentando a Cecily a sus recuerdos, Freud consigue que la joven vuelva a andar.


Basándose en los casos de Cecily y Carl, Freud enciende una luz que ilumina las tinieblas de su propio inconsciente. En sueños, retorna a la caverna, pero esta vez no es Von Schlosser el que tira de la cuerda, sino un niño vestido de árabe ("pequeño árabe" era el apelativo cariñoso que la madre dedicaba al pequeño Sigmund). Esta vez, mientras el niño se frota lascivo contra la figura femenina, ésta le regala a Freud la serpiente que lleva enrollada en su brazo. Precisamente una pulsera materna en forma de ofidio le sirve al psicoanalista para rebuscar en sus recuerdos.

El diván de Freud, conservado en su museo de Londres



Pero nada de esto resulta gratuito, pues nuestro protagonista vuelve a dudar sobre la bondad de sus descubrimientos. Simplemente recordemos aquí cómo el propio Freud destruyó todos sus escritos en dos ocasiones, una de ellas, en 1885.

El final de la película supone el principio del éxito profesional de Freud. Repudiado por Breuer, en el fragor de fenomal polémica, defiende sus postulados sobre el desarrollo psicosexual basado en sus famosas tres etapas: oral (la lactancia de los bebés), anal (el control de los esfínteres) y fálica (el complejo de Edipo). Cuando un individuo no es capaz de superar dicho complejo, aparecerá la enfermedad, la neurosis.

Iluminado por fín su inconsciente, Sigmund Freud podrá rendir honores a la memoria de su padre visitando su tumba en el viejo cementerio hebreo de Viena.

7 comentarios:

Madame Black dijo...

holaaa...


como estas?

Muy interesantee y sorprendente Freud

saludo000s..!!
hasta pronto

Atte. Samantha...

about MC dijo...

Hola, primero agradecerte que cites mi blog donde cuento la operación que sufrió Montgomery Clift en pleno rodaje.

Y felicitarte por el blog tan interesante que tienes, sin duda es frcutífera la relación entre ambas materias.

Un saludo.

Karen [♥] dijo...

Muchisimas gracias, este tema me ha servido de mucho... la explicacion que se da sobre cada parte de la pelicula esta super bien. Tenia la tarea de explicar esta pelicula, y ahora eh comprendido cosas que simplemente no entendia ^^. Super bueno el blog, mil gracias. XDD

Paola dijo...

Creo que al comentario de la película le hace falta agregar la información sobre lo que es verdad y la ficción que le agregaron a dicho filme, como el que Freud en realidad nunca atendio a Cecily.

Anónimo dijo...

Sobre la muerte de Sigmund Freud:

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/06/18/oncologia/1340041172.html

yareli roblez dijo...

Cuantos años tenía Cecil?

yareli roblez dijo...

Cuantos años tenía Cecil?