En este caso, "Napoleón" (Ridley Scott, 2023) es mucho más que una película histórica y bélica; tampoco se trata stricto sensu de un biopic del autoproclamado Emperador de Francia.
En palabras del propio director, que afrontó semejante descomunal esfuerzo creativo a los 86 años de edad, más allá de la descripción de las victorias y conquistas militares, con magníficas secuencias de sus contiendas más famosas (especialmente el sitio de Tolon, Austerlitz, Waterloo y más brevemente la campaña en Egipto), la batalla de Borodinó (el enfrentamiento más sangriento de un solo día de las guerras napoleónicas) o la ocupación de Moscú y su desastrosa retirada invernal, Ridley Scott ha pretendido profundizar en la mente de Napoleón (Joaquin Phoenix) y en sus turbulentas relaciones conyugales con Josefina de Beauharnais (excepcional Vanesa Kirby), su primera esposa.
Respecto al protagonista, en nuestra modesta opinión, Joaquin Phoenix se habría puesto un listón difícil de superar tras sus extraordinarias interpretaciones previas como el pérfido Cómodo de "Gladiator" (Ridley Scott, 2000), el introvertido solitario Theodore Towmbly de "Her" (Spike Jonze, 2013) o el extraordinario histrión gelástico de "Joker" (Todd Philips, 2019), por destacar algunos ejemplos.
Sin embargo, confesamos nuestra fascinación por la interpretación de Vanesa Kirby, cuya belleza y delicada fragilidad nos trae a la memoria a la inolvidable Marisa Berenson en su papel de Lady Honoria Lyndon en esa imponente obra de arte que es "Barry Lyndon" (Stanley Kubrick, 1975).
Marisa Berenson es Lady Lyndon
Además obtuvieron (o merecían obtener) meritorias nominaciones los esfuerzos y la profesionalidad como responsables de la banda sonora (Martin Phipps), la dirección de fotografía (Dariuz Wolski), el diseño de producción (Arthur Max), la dirección artística, la ambientación y decorados, el maquillaje, los peinados y el suntuoso vestuario (con David Crossman como responsable de los convincentes uniformes militares, y Janty Yates)
LA MASACRE DE LOS SOLDADOS DE LA GRANDE ARMÉE
Frío, hambre, agotamiento e infecciones. Todas estas causas se combinaron para diezmar a los ejércitos napoleónicos en su retirada desde Rusia.
En 1812, entre 500000 y 615000 soldados franceses cruzaron el río Niemen. Sin embargo, el ejército central encargado de marchar directamente sobre Moscú sumaba unos 422000 soldados. Solamente unos 10000 de estos efectivos regresaron a Francia.
3 de cada 10 soldados perdieron la vida en el viaje de ida, y sólo 1 de los 10 restantes consiguió salvar su vida y retornar a casa. Son las cifras que representan la magnitud de una estrepitosa derrota.
Durante la retirada de Moscú, cuerpos volantes de tropas regulares rusas, grupos de partisanos y la movilización popular hostigaron constantemente a los franceses mediante emboscadas y certeros golpes de mano. La Guerra Patriótica impulsada por el gobierno ruso se cebó con la deficiente preparación de los servicios de retaguardia napoleónica, que se vio forzada a buscar comida y bebida sobre el terreno.
Un estudio reciente, publicado en la revista Current Biology, encabezado por el profesor Nicolás Rascovan, jefe de la Unidad Paleogenómica Microbinana del Instituto Pasteur. Estos investigadores tomaron muestras de los dientes de 13 soldados napoleónicos enterrados en Vilna, la capital de Lituania.
Buscaban indicios genéticos de las supuestas bacterias que podrían haber estado implicadas en la mortandad de las tropas en retirada, pensando sobre todo en la disentería y el tifus, patologías que hicieron estragos en aquella época.
Joseph Romain Louis Kerckhoff (1789-1867)
En 1836, el célebre médico militar Joseph Romain Louis Kerckhoff describió en sus escritos cómo la diarrea y la fiebre habían diezmado a los soldados franceses que se replegaban a través de Lituania. Habían descubierto grandes barriles repletos de remolachas saladas, de las que se apresuraron a dar buena cuenta, así como del líquido de los mismos que bebieron acuciados por la sed.
Pero entre las muestras dentales de los difuntos los investigadores no detectaron Rickettsia prowazekki, causante del tifus. Tampoco rastro de Bartonella quintana, la bacteria responsable de la famosa fiebre de ls trincheras.
Sin embargo sí estaban presentes Salmonella enterica (subespecia Paratyphi C), responsable de la fiebre paratifoidea, que suele cursar con cefalea, erupciones cutáneas, astenia, fiebre y síntomas digestivos, y Borrelia recurrentis, bacteria transmitida por los piojos y que provoca episodios de fiebre elevada alternantes con períodos de aparente mejora.
Parece ser pues que las remolachas encurtidas a las que culpabilizó el médico napoleónico fueron inocentes.
CRÍTICAS
En este aspecto estamos de acuerdo con aquellos que opinaron sobre:
1.- LA CONSTRUCCIÓN DEL PERSONAJE DE JOSEFINA: coincidimos con que es lo mejor de esta película, gracias al admirable trabajo de la actriz británica Vanesa Kirby, seductora e impúdica en sus primera apariciones, con los cabellos cortos y trasquilados de una candidata a la guillotina, de la que se libró precisamente por estar embarazada, y fascinante en el resto de la película: impasible en las escenas de sexo, demoledora cuando censura la brutalidad del antiguo artillero corso y conmovedora en su exilio en la Malmaison, donde falleció de difteria.
2.- EL FRAGOR DE LOS CAÑONES: en la película el Napoleón cautivo, que se había graduado como oficial artillero a los 16 años de edad, presume de ser un experto en geometría ante los guardiamarinas británicos del HMS Bellerophon que lo escuchan embelesados antes de su exilio definitivo en Santa Helena: él siempre supo donde situar exactamente sus cañones.
Los efectos especiales de su atronadora artillería y la carnicería provocada por el impacto y las explosiones de los proyectiles en el campo de batalla figuran entre lo más notable de la película.
A destacar la escena del sitio de Tolon, cuando una bala de cañón destroza el pecho del caballo montado por Napoleón y cómo, al final de la batalla, extrae de los restos del animal la negra bola de metal que enviará a su madre como recuerdo.
3.- LOS AMANTES DE JOSEFINA: de soltera Josefina Tascher de la Pagerie, después de enviudar del militar y aristócrata Alexandre de Beauharnais, la futura emperatriz francesa mantuvo varias relaciones con firmas influyentes del Directorio francés, incluyendo a su líder Paul Barras (Tahar Rahim), el encargado de presentársela a su entonces favorito, Napoleón Bonaparte, con el que contrajo matrimonio el 9 de marzo de 1796.
En este aspecto, resulta importante reseñar al oficial de húsares Hippolyte Charles (Jannis Niewöhner), personaje de breve aparición en la película pero que en la realidad desató los furibundos celos de Napoleón y pudo causarle serios problemas, al arrastrar a Josefina a una oscura red de fraudulentos contratos con el ejército francés.
Ridley Scott ya nos había adelantado en "Los duelistas" (1977) su exquisito gusto a la hora de seleccionar los uniformes militares de la época.
Harvey Keitel y Keith Carradine son los tenientes Gabriel Feraud y Armand D´Hubert
CINEFILIA"El duelo" es la novela original de Joseph Conrad que inspiró la película de Ridley Scott, el encarnizado conflicto que en la realidad mantuvieron dos oficiales de los húsares en la época napoleónica: Pierre Dupont de l´Étang y François Fournier Sarlovèze, rivales en una treintena de duelos entre 1794 y 1831. Curtidos militares con amplia experiencia en las guerras napoleónicas, ambos llegaron a alcanzar el generalato al final de sus carreras.
Simplemente recordar que el magnífico vestuario de "Los duelistas" fue obra de Tom Rand, por el que fue nominado a los premios Bafta. Posteriormente, esta vez por su excelente trabajo en "La mujer del teniente francés" (Karel Reizs, 1981), obtuvo también una nominación al Óscar en esta misma categoría.
4.- LA FIDELIDAD HISTÓRICA: aceptando que "Napoleón" no es un documental, sino la aproximación artística y muy personal de Ridley Scott al mítico personaje, disculpamos al cineasta ante las críticas más aceradas por los defectos en la fidelidad histórica de su película.
Más concretamente, en la ausencia de referencias a la Guerra de la Independencia española, donde se fraguaron algunas de las derrotas más estrepitosas de los ejércitos napoleónicos a manos de rivales peor armados y teóricamente con inferior formación militar, en una guerra de guerrillas que en la película solamente contemplamos en los ataques de los cosacos al grueso del ejército francés durante la campaña de Rusia.
Al comenzar la campaña de Rusia, se estima que unos 30000 cosacos procedentes de Ucrania y el Cáucaso, al mando de su temible líder el Conde Matvei Ivanovich Platoff, se unieron al ejército del Emperador Alejandro I.
Asimismo, los críticos señalan las escenas de la campaña de Egipto, porque Napoleón nunca dio orden de disparar contra las pirámides. En contrapartida, destacamos la original escena entre Napoleón y la momia.
Después de la campaña de Italia, Napoleón desembarcó en el país del Nilo al frente de un ejército de 30000 soldados franceses, con el objetivo de proseguir su avance hacia Siria.
Resulta a todas luces complicado saber si el episodio de la pirámide ocurrió o no en la realidad. De ser cierto, Bonaparte pudo haber sufrido una experiencia mística especial inducida por la soledad, la oscuridad, las temperaturas extremas y los ruidos distorsionados por los ecos en el interior. Quienes le conocieron de cerca afirman que dicha vivencia supuso un antes y un después en el carácter del hábil estratega militar.
Existen varias obras de ficción que recrean esta posible visita a la tumba de Keops, como la novela "El Ocho" (Katherine Neville, 1988) o "El Secreto Egipcio de Napoleón" (Javier Sierra, 2002)
Retomando la película, en las secuencias del bombardeo de las pirámides precisamente podemos contemplar entre las tropas egipcias a varios mamelucos. En 1801, regresaron a Francia con el Ejército de Oriente un escuadrón de 240 mamelucos egipcios, soldados que desde ese momento fueron progresivamente integrados en el ejército napoleónico.
Uno de ellos, Rustam Raza, se convirtió en asistente personal y guardaespaldas del emperador. Entre otras, participaron en la batalla de Austerlitz y en la guerra de España, integrando las tropas del Gran Duque de Berg, Joachim Murat. Tras la caída de Napoleón, fueron dispersados, y muchos de ellos asesinados en Marsella durante el Terror Blanco.
Quizás en la versión del director, de cuatro horas de duración, podamos comprobar si realmente se suprimieron escenas relacionadas con las ausencias históricas aquí comentadas.
5.- LOS HIJOS DE NAPOLEÓN: la causa fundamental del divorcio de Napoleón y Josefina fue la esterilidad de ella. Gracias a la película (y a la realidad) sabemos de sus dos hijos (Eugène y Hortense), los frutos de su primer matrimonio con Alexandre François Marie, vizconde de Beauharnais (1760-1794), aristócrata nacido en La Martinica, que llegó a ser general del Ejército del Rin antes de abandonar el ejército.
Durante la etapa del Terror, fue juzgado por traición por el Tribunal Revolucionario y condenado a la guillotina.
Eugène de Beauharnais
- Josefina, que fue reina consorte de Óscar I de Suecia y Noruega, a su vez hijo de una antigua amante de Napoleón, Désiré Clary, y del mariscal Bernadotte, y que en 1818 ascendieron al trono como Carlos XIV Juan de Suecia y Carlos II Juan de Noruega, y como la reina Desideria.
- Eugenia, casada con el príncipe Constantino de Hohenzollern-Hechigen.
- Augusto, casado con la reina María II de Portugal.
- Amelia, casada con el emperador Pedro I de Brasil (padre de María II de Portugal), siendo emperatriz consorte de Brasil.
- Teolinda, casada con el duque Guillermo I de Urach.
- Carolina.
- Maximiliano, duque de Leuchtenberg, casado con María Nikoáyevna, gran duquesa de Rusia e hija del zar Nicolás I de Rusia.
Por su parte, Hortense de Beauharnais (1783-1837) fue reina de Holanda y madre del emperador Napoleón III de Francia. En la película está encarnada por la pequeña Erin Ainsworth y de adulta por Isabella Brownson, que acompañó a su madre en el lecho de muerte.
LOS OTROS NAPOLEONES
Como ha ocurrido en el caso de Adolf Hitler, los críticos y los aficionados al cine no se ponen de acuerdo en qué actor ha conseguido encarnar más fidedignamente a Napoleón.
"Napoleón" (Abel Gance, 1927) es una película muda escrita, producida y dirigida por el renombrado cineasta francés. Se considera una obra maestra definitiva gracias al desarrollo de sus innovadoras técnicas de lenguaje cinematográfico, su vertiginoso montaje y al empleo del sistema de triple pantalla Polyvision.
Protagonizada por el inolvidable Albert Dieudonné (1889-1976), la mimetización del actor fue tal que la leyenda urbana todavía afirma que acabó creyéndose ser su personaje en la vida real.
"Desirée" (Henry Koster, 1954) es una aproximación melodramática a la relación entre Napoleón (Marlon Brando) y su primer amor Desirée Clary (Jean Simmons), donde el actor desplegó todo su magnetismo e intensidad característicos de la época dorada de Hollywood.
CINEFILIA
Por culpa de una dolorosa crisis hemorroidal, Napoleón no pudo montarse en su caballo para dirigir la batalla, como siempre hacía. Mientras se daba baños para paliar su dolor, fue testigo de su última derrota desde su tienda de campaña, adormilado por los efectos del láudano.
Realmente su caída fue menos romántica de la mostrada por Ridley Scott en su película.
Aquella aciaga jornada, Napoleón pudo salvar su vida gracias a que el mismísimo Lord Wellington consiguió convencer al general prusiano Brücher de que no fusilara inmediatamente al recién capturado emperador de los franceses.
LA MUERTE DE NAPOLEÓN
Desde el punto de vista médico, esta película nos sirve para comentar determinadas cuestiones relacionadas con el fallecimiento de Napoleón en su exilio en Santa Elena.
Existen teorías que defienden un supuesto envenenamiento como la causa principal de su muerte, ocurrida el 5 de mayo de 1821.
Según la autopsia practicada entonces, los médicos achacaron el fallecimiento a un cáncer gástrico.
Años más tarde, el cadáver fue trasladado a Francia, extrañamente bien preservado. Un segundo examen forense, junto al análisis de sus cabellos, determinó un niveles de arsénico extraordinariamente elevados, circunstancia que podría justificar el buen estado de conservación del cuerpo. Enseguida se especuló que el "Pequeño Gran Corso" había sido realmente envenenado por sus captores británicos.
Según el propio testimonio del gobernador de la isla encargado de su vigilancia, el general Sir Hudson Lowe, popularmente conocido como "carcelero de Napoleón", las dependencias donde permaneció recluido eran gélidas y húmedas.
Curiosamente, el general Lowe participó en la defensa de Tolón (1793), ciudad sitiada en su día por Napoleón como puede comprobarse en la película de Ridley Scott. También participó en diversas operaciones bélicas en la isla de Córcega. Estuvo destinado en la ciudad de Ajaccio, cerca del lugar donde habían vivido las hermanas de Napoleón antes de huir a la Francia continental.
Sir Hudson Lowe (1769-1844)
Retomando las inhóspitas condiciones de la reclusión de Bonaparte, resulta que personalmente solicitó que se pintaran las paredes de su presidio con verde de Scheele, un pigmento de color verde cuyo nombre honra a su descubridor, el célebre químico sueco Carl Wilheim Scheele, al que se atribuye la identificación del molibdeno, tungsteno, bario, nitrógeno y cloro, el descubrimiento del oxígeno de forma independiente y con anterioridad a Joseph Priestley, así como los hallazgos de los ácidos orgánicos tartárico, oxálico, láctico, cítrico, fluorhídrico, cianhídrico y arsénico.
Carl Wilhem Scheele (1742-1786)
Este pigmento verdoso contiene arsenito de cobre, un producto altamente tóxico y subestimado como veneno en tiempos de Napoleón. Su exposición regular por vía aérea oncrementa el riesgo de padecer diferentes patologías, entre ellas el cáncer de estómago.
En 1860 se demostró la toxicidad del verde de Scheele, aunque todavía tardaría años en prohibirse su comercialización.
Lo cierto es que tal vez la combinación de los compuestos de arsénico, unido al efecto de la proliferación de hongos en las rezumantes estancias, liberaron arsano, un gas altamente tóxico que se absorbe por el tracto gastrointestinal.
Y así Napoleón, con el que no pudieron las balas y los sables, se fue a la tumba sin saber que la culpa era del aire que respiraba, encerrado en su habitación.
Existen testimonio de quien convivieron con él en sus últimos días, que relatan síntomas compatibles con una intoxicación crónica por arsenio, como una exgaerada e inusual sed.
ÚLTIMAS INVESTIGACIONES
Más allá de los hipotéticos envenamientos y cánceres de estómago, el endocrinólogo Robert Greenblat defendió su curiosa teoría, publicada en los años 80 en el British Journal of Sexual Medicine.
Según este especialista, el deterioro físico galopante sufrido por Napoleón en la última etapa de su vida podría haberse debido al padecimiento de un síndrome de Zollinger-Ellison, provocado por algunos tumores (gastrinomas) localizados en la cabeza del páncreas y en los segmentos proximales del intestino delgado.
Esta sería la verdadera causa de la transexualización del emperador, con una apariencia obesa y redondeada, junto a una atrofia genital manifiesta.
Generalmente, los pacientes de este raro síndrome padecen una neoplasia endocrina múltiple tipo I (NEM I), que cursa con graves trastornos hormonales.
A partir de detalles de la autopsia de Napoleón, el Dr. Greenblat refiere que el ilustre cadáver presentaba una espesa capa de grasa subcutánea cubierta por una piel blanca, con la espalda estrecha y las manos y los pies pequeños, hasta el extremo de llegar a sorprender a los forenses por la belleza de las manos y los pechos redondos y lampiños de Bonaparte.
EL DR. FRANCESO CARLO ANTOMMARCHI
Este destacado médico cirujano y anatomista corso fue el último médico de Bonaparte en Santa Elena.
En 1819 había sido el elegido por la madre de Napoleón, Maria Leticia Ramolino, para asistir al emperador en su exilio.
Y aunque la relación entre ambos fue en todo momento tensa y compleja, el Dr. Atommarchi lo acompañó en su lecho de muerte. También se encargó de la autopsia oficial del emperador, y el que tomó el molde de su famosa máscara mortuoria de bronce.
En 1825 publicó sus Memorias del Dr. Antomamarchi, o los últimos momentos de Napoleón, donde detalla la evolución clínica del mandatario, dejando entrever que el fallecimiento fue provocado por un envenenamiento crónico, contradiciendo la tesis oficial británica del cáncer gástrico.
El Dr. Franceso Carlo Antommarchi (1780 ó 1789-1838)
Según testimonios de la época, durante la autopsia de Napoleón el Dr. Antommarchi amputó el miembro viril del cadáver, unos dicen que por orden del abate Angelo Paolo Vignali, el capellán que prestó sus servicios y consuelo espiritual a Bonaparte durante sus últimos años. Fue él quien se encargó de la última confesión y de ungirle con la extremaunción.
Otras versiones, sin embargo, afirman que fue el propio Vignali el que obtuvo al valioso pene de 4 cm para venderlo posteriormente. El abate solicitó al Dr. Antommarchi ciertas partes del difunto para conservarlas, según lo narrado en 1854 en las memorias de Louis Saint-Denis, el ayuda de cámara de Napoleón, conocido como "Alí el Mameluco".
El pater fue asesinado en 1828, después de su retorno a Córcega, en un oscuro crimen relacionado con los odios y las rencillas típicas de los isleños. Y entonces, todas sus pertenencias fueron a parar a su única hermana, que se las dejó en herencia a su hijo Charles Marie Gianetti.
En 1916, los herederos del señor Gianetti contactaron con la prestigiosa librería Maggs Bros. de Londres, especializada en manuscritos y libros raros. Esta prestigiosa empresa, que todavía existe en la actualidad, adquirió la colección Vignali completa, por un valor nunca revelado.
Y durante 8 años conservó su posesión, hasta que en 1924 se la vendieron a un viejo conocido y colega que llevaba años presionando e insistiendo en su cesión.
En 1924, las morbosas reliquias fueron adquiridas por el librero estadounidense Abraham Simon Wolf Rosenbach, que las llevó al Museo de Arte Francés de Nueva York.
Junto al micropene momificado (identificado durante años con. un tendón) se encontraban la última copa donde bebió Napoleón, unas cartas del Dr. Antommarchi, un caliz de plata con las armas imperiales, un juego de cubiertos también con las armas imperiales, camisas, pañuelos, un par de calzones blancos y chalecos de piqué que había usado en vida Bonaparte.
En 1946, tras la muerte de Abraham Rosenbach, la colección fue nuevamente vendida por sus herederos de la Rosenbach Company a Donald F. Hyde, un coleccionista y apasionado de los libros antiguos, quien la conservó intacta hasta su fallecimiento, cuando su desconsolada viuda se la vendió a John Feming, a la sazón director de la Rosenbach Company.
En 1969 Bruno Gimelson, un comerciante especializado en antigüedades, adquirió el lote al completo. Más pragmático y avispado que todos los anteriores propietarios, Gimelson deshizo la colección y la fue vendiendo por piezas.
En 1999, el profesor emérito y jefe de Urología de la Universidad de Columbia, el Dr. John Lattimer se hizo con el pequeño miembro viril por 3000 dólares en una subasta organizada por dicho museo, incorporándolo a su colección particular.
Profesor Dr. John Lattimer (1914-2007)
Este médico era una eminencia que había sido el urólogo de los jerarcas nazis acusado durante los Juicios de Nuremberg. Entre otras cosas, en esa época se hizo con un pequeño frasco que supuestamente albergó el veneno con el que Herman Göring puso fin a su vida.
Consumado coleccionista de objetos raros y extraños, Lattimer también poseía el cuello duro y ensangrentado de la camisa que había usado Abraham Lincoln para ir al teatro en la noche que fue asesinado.
Habiendo sido uno de los especialistas que practicaron la autopsia del presidente John Fitzgerald Kennedy, no sería de extrañar que se hubiera quedado también con alguna que otra reliquia.
En la actualidad, la afamada verga viajera pertenece a la hija del urólogo, Evan Lattimer. Vive en Nueva Jersey y ha posado para la prensa en diversas ocasiones con la pieza más codiciada de su colección.
Si alguno de ustedes se anima, parecer ser que ella estaría dispuesta a desprenderse de ella con infinita tristeza, a cambio de la exhorbitante cantidad de 100000 dólares.
COLOFÓN
Cada día sin excepción, Napoleón tomaba un baño caliente a más de 40 grados, con la cabeza envuelta en un pañuelo, permaneciendo hasta 2 ó 3 horas sumergido en la bañera mientras despachaba sus asuntos. Cumplía a rajatabla con este ritual incluso cuando se encontraba en campaña, para después empaparse de colonia.
Comía de manera compulsiva, hasta llegar a sufrir cólicos intestinales, una dieta compuesta por judías, lentejas, patatas y pasta. Pero apenas bebía vino y raras veces se atrevió a fumar tabaco en pipa, aunque sí era un gran aficionado al rapé.










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