lunes, 19 de octubre de 2026

LA CASA ES NEGRA

 


«El mundo está lleno de fealdad. Aún habría más si el hombre apartara la mirada. Pero el hombre puede remediarla». 


Nos preguntamos si en pleno siglo XXI la lepra continúa siendo una de las enfermedades más olvidadas por la humanidad? Se trata de una infección crónica bacteriana causada por Mycobacterium leprae (y en menor medida por Mycobacterium lepromatosis) que afecta principalmente a la piel y a los nervios periféricos.

Considerada tradicionalmente como un castigo divino, durante décadas ha permanecido en el olvido sanitario y mediático arrastrando un inaceptable estigma social, al tratarse de una de las enfermedades humanas más antiguas, y que permanece activa con alrededor de 200000 casos anuales a nivel mundial.


Mycobacterium leprae. Fotografía de Cdc/Science Photo Library (2016)

Mycobacterium leprae es la causa principal e histórica en la mayoría de los países del mundo. Esta bacteria fue descubierta en 1873 por el médico noruego Gerhard Henrick Armauer Hansen en muestras de tejidos infectados. Por ello, en su honor, se conoce como bacilo de Hansen.

Puede causar tanto la forma benigna de la enfermedad, denominada tuberculoide, como la severa o lepromatosa.

Gerhard Henrick Armauer Hansen (1841 – 1912)

Sin embargo, Mycobacterium lepromatosis es un especie distinta, descubierta en 2008, en pacientes de México. Se asocia principalmente a casos de América del Norte y Central, aunque se verdadero alcance todavía se sigue estudiando.

Por el momento, ha sido vinculada con una variante particular más agresiva, causante de la lepra lepromatosa difusa (LDH) o fenómeno de Lucio.

Lo cierto es que ambas bacterias, que se diferencian en apenas un 9% de sus genomas, comparten un ancestro común.

Ambas especies son parásitos intracelulares obligados y no se pueden cultivar en medios convencionales en los laboratorios, si bien responden a las mismas pautas de tratamientos antibióticos (poliquimioterapia).

ESTIGMA SOCIAL

Durante siglos la lepra se contempló como un castigo por los pecados, la lujuria o la inmoralidad de quienes la padecían.

En el Levítico y otros libros de la Biblia, la lepra significaba una marca de impureza espiritual o un directamente un castigo divino. Los sacerdotes examinaban a los enfermos y a partir de ahí se les obligaba a vivir fuera de la comunidad, a rasgarse las vestiduras y a cubrirse las barbas. Para advertir a los demás debían anunciar su presencia gritando la palabra "inmundo".

Ya en la Edad Media, el diagnóstico de la enfermedad llevaba parejo el ritual del funeral en vida (separatio leprosorum), lo que implicaba realmente la legítima muerte social del leproso, que además eran obligados a vestir ropas distintivas, portar campanas o matracas para anunciar su presencia, e incluso caminar siempre a favor del viento para evitar corromper el aire.


En diferentes culturas, como por ejemplo en la India, los leprosos continúan siendo objeto del rechazo social, se les prohibe trabajar y son recluidos en colonias específicas.

En la isla de Rapa Nui (Chile), a finales del siglo XIX y principios del XX, estos enfermos también fueron confinados en leprosarios bajo inhumanas lógicas coloniales.

Desde el punto de vista médico, la lepra no se diferenciaba de otras patologías dermatológicas, como la psoriasis o la elefantiasis, quedando todas ellas englobadas bajo el mismo e injusto estigma social.


Elefantiasis
Dibujo de Johan Ludvig Losting.
Centro del Museo Hordaland/Museo Digitalt.

EL MIEDO AL CONTAGIO

Esta es una de las principales causas del rechazo y la estigmatización de los leprosos.

Este documental nos permite reflexionar sobre cómo el temor al contagio puede convertirse en un mecanismo de exclusión, sobre todo cuando la información médica resulta insuficiente o se encuentra subordinada a perjuicios sociales.

La transmisión de la lepra se produce principalmente por el contacto estrecho y frecuente con enfermos sin tratamiento antibiótico, a través de las gotículas procedentes de la nariz y de la boca.

Recordemos que los enfermos tratados adecuadamente dejan de transmitir la infección.
No se transmite por contactos ocasionales, como por ejemplo dar la mano, abrazar a alguien, compartir una comida o sentarse al lado. Todo esto contrasta con la percepción histórica del leproso como una especie de apestado del que se debía uno mantener distanciado en todo momento.


San Francisco abrazando a un leproso. 
Oleo sobre lienzo. Zacarías González Vázquez (circa 1787)
Museo del Prado

SÍNTOMAS

Esta patología afecta principalmente a la piel y a los nervios periféricos, aunque también puede comprometer a la mucosa de las vías respiratorias superiores y a los ojos.

Sus manifestaciones clínicas son variables, pero sus signos más característicos corresponden a las lesiones cutáneas con pérdida de sensibilidad, engrosamiento de determinados nervios periféricos y debilidad muscular asociada a la afectación neurológica.

Lepra lepromatosa

La pérdida de la sensibilidad protectora es una de sus principales complicaciones. Por ello, cuando un leproso no percibe el dolor, la temperatura o los traumatismos, puede sufrir heridas repetidas sin advertirlas. 

Si estas lesiones no se detectan y tratan a tiempo, pueden aparecer úlceras, infecciones secundarias, lecciones óseas y discapacidades permanentes.


TRATAMIENTO
La Lepra Paucibacilar (PB): casos con 1 a 5 lesiones cutáneas. Se trata con dapsona y rifampicina, generalmente durante 6 meses.
La Lepra Multibacilar (MB): casos con más de 5 lesiones cutáneas, con afectación de los nervios o con comprobación de la presencia de bacilos, a dapsona y rifampicina se añade clofazimina. La duración puede prolongarse hasta los 12 meses y los 2 años.
La rifampicina es el antibiótico más rápido y potente. Dapsona (antibacteriano del grupo de las sulfonas) actúa frenando la replicación del bacilo, mientras que clofazimina aúna efectos antimicrobianos y antiinflamatorios.
Como profiláxis antibiótica tras la exposición, la OMS recomienda la administración de una dosis única de rifampicina entre los contactos cercanos de estos enfermos.
Al poco tiempo de iniciar el tratamiento antibiótico, los enfermos dejan de transmitir las bacterias. Aunque el avance de la infección se detiene, ni las lesiones neurológicas ni las deformaciones previas resultan reversibles, de ahí la importancia esencial de un diagnóstico precoz.
Los casos severos de lepra suelen requerir tratamientos rehabilitadores e incluso cirugía reconstructiva.

¿Ha cambiado nuestra forma de tratar a las personas con lepra?

Desde la década de 1960 se han producido avances sustanciales en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Hansen. La politerapia permite curarla y el reconocimiento temprano de las complicaciones ayuda a prevenir discapacidades.

No obstante, los avances biomédicos no han eliminado por completo el estigma.

La OMS continúa considerando la discriminación y la exclusión social entre los desafíos fundamentales relacionados con la lepra. En muchos contextos, las personas afectadas siguen enfrentándose a barreras para recibir atención, mantener sus relaciones familiares, acceder al empleo o participar plenamente en la comunidad.


Esto revela una diferencia importante entre curar una infección y reparar todas sus consecuencias sociales. El tratamiento antibiótico actúa sobre la enfermedad, pero no elimina automáticamente los prejuicios ni restablece por sí solo los vínculos dañados.

La respuesta debe incluir información sanitaria rigurosa, atención integral, rehabilitación cuando sea necesaria y protección de los derechos de las personas afectadas.

En ese sentido, "La casa es negra" conserva su vigencia porque no se limita a documentar una situación histórica. Nos obliga a examinar las actitudes que persisten cuando una enfermedad, una discapacidad o una diferencia física se convierten en motivos de exclusión.

EL CASO DE OLIVER OLLEBUST

Oliver Ollebust, un zapatero noruego de 24 años, fue examinado en 1884 por el médico francés Henri Leloir. La lepra, que había comenzado cinco años antes con lesiones en rodillas y codos, avanzó hasta afectar su rostro, manos, ojos, mucosas y laringe.


Su caso llamó la atención por sus antecedentes familiares: su padre, su abuela paterna y tres tías también habían padecido la enfermedad. Leloir detectó bacilos en muestras de su barba y publicó el caso en 1886.

En aquella época, la lepra seguía siendo incomprendida. Bergen era un centro clave para su estudio, pues en 1873 Gerhard Armauer Hansen había identificado la bacteria responsable.

LA PELÍCULA
"La casa es negra" (Forugh Farrokhzad, 1963) es un cortometraje documental en blanco y negro imprescindible para la comprensión de la dimensión de la lepra, la exclusión y el estigma social de los leprosos y el valor de la mirada cinematográfica para cuestionar cómo contemplamos el sufrimiento del prójimo.

Forugh Farrokhzad (1935-1967)

Estrenada 1963, esta elogiada obra de la malograda poetisa y directora de cine iraní Forugh Farrokhzad fue rodada en una leprosería Bababaghi Hospice, situada cerca de Tabriz, en el noroeste de Irán.

Constituye un testimonio de extraordinaria fuerza sobre el sufrimiento físico, el aislamiento y la dignidad de quienes viven al margen de la sociedad, transitando entre el documental médico, la poesía y la reflexión filosófica.

La cámara no se limita a registrar las manifestaciones visibles de la enfermedad, sino que observa a las personas que la padecen, sus gestos cotidianos, sus relaciones, su educación y su vida comunitaria.

La película también se considera una obra precursora de la Nueva Ola iraní. Su influencia cinematográfica se relaciona con la libertad formal, el uso expresivo de la voz en off y la capacidad de convertir una realidad concreta en una reflexión universal.

Su importancia para la medicina humanística reside en que desplaza la atención desde la enfermedad como objeto de estudio hacia la persona que vive con ella.

Este documental permite abordar todas estas cuestiones sin recurrir a recursos abstractos, sino que lo consigue a través de los rostros, los gestos y las escenas cotidianas que muestran la perseverancia de la vida inclusive en circunstancias de grandes penurias y dificultades.

EL ORIGEN DEL DOCUMENTAL

Forugh Farrokhzad es una de las voces más notables de la moderna poesía iraní. Su obra abordó cuestiones todavía vigentes como la libertad, la identidad femenina, el deseo y la represión en una sociedad profundamente condicionada por las convenciones culturales y religiosas.

En su corta existencia, pues falleció a los 32 años en un accidente de tráfico en circunstancias todavía no bien aclaradas, fue una mujer libre e iconoclasta.

"La casa es negra" fue su única película. Galardonada en varias ocasiones, para su realización contó con el productor y cineasta Ebrahim Golestan y el director de fotografía Soleiman Minasian.

Ebrahim Golestan (1922 - 2023)

En realidad no se trata de un documental sanitario en el sentido más convencional, pues su contenido no se organiza en torno a la explicación sistemática de los síntomas, su diagnóstico y su tratamiento. 

En lugar de ello, combina una serie de imágenes directas de la vida cotidiana de los leprosos y sus hijos con una narración poética que incorpora conocidas referencias religiosas, reflexiones filosóficas y textos de la propia directora.

El emotivo resultado es una obra contemplativa que no pretende ofrecer una visión aséptica y convencional de la enfermedad, sino una combinación del sufrimiento, la vida diaria y la humanidad que convierten a "La casa es negra" en un documento cinematográfico muy singular.

Y si bien sus fotogramas evidencian las lesiones cutáneas y las terribles deformidades producidas por la enfermedad avanzada, también nois presentan a personas comunes que conversan, trabajan, estudian, juegas y comparten momentos de su peculiar existencia.

Los protagonistas no son víctimas pasivas. La comunidad mantiene sus rutinas, vínculos y formas de organización. Los niños van a la escuela. Los adultos realizan sus actividades cotidianas. Las personas se relacionan entre sí. La enfermedad es omnipresente, pero no extingue sus identidades.

Porque una persona no es solamente el diagnóstico que refleja su historia clínica, ni puede resumirse en sus lesiones, su discapacidad o su propia apariencia física. En este aspecto, la película nos plantea interrogantes sobre cuánto sufrimiento del enfermo procede de su patología y qué parte se agrava por la respuesta de su propio entorno y circunstancias. 


Una imagen del rodaje de "La casa es negra"

Para intentar comprender un poco más la importancia de esta película debemos situarla en el contexto histórico de su rodaje.

Durante siglos, la lepra fue asociada a mitos, temores y perjuicios. En diversas sociedades estos desdichados enfermos fueron segregados de sus comunidades, separados de sus familias, desterrados en páramos o confinados en instituciones específicas.

La evidencia de las lesiones cutáneas, de sus amputaciones y discapacidades favoreció que estas personas fueran estigmatizadas como impuras, peligrosas y víctimas de castigos divinos.

CINEFILIA

En la oscarizada "Ben-Hur" (William Wyler, 1959), el personaje de Esther (Haya Harareet) acompaña al protagonista Judá Ben-Hur (Charlton Heston) hasta el Valle de los Leprosos, un lazareto para proscritos, donde se ocultan su madre Miriam (Martha Scott) y su hermana Tirzah (Cathy O´Donnell).


Cathy O´Donnell, Martha Scott y Haya Harareet con Charlton Heston en "Ben-Hur"

Allí descubre que ambas mujeres no habían muerto en prisión, sino que sobrevivían en penosas condiciones. En aquellos fríos y húmedos calabozos supuestamente se habrían contagiado de lepra.

Es legendaria la escena, filmada en la antigua cantera de Latomies di Salone (cerca de Roma), en la que Ben-Hur se oculta entre las sombras detrás de unas rocas contemplando cómo su madre y su hermana abandonan su escondrijo para recoger los alimentos que Esther les deja en una cesta.

Al final de la historia, como símbolo del perdón y la reconciliación, ambas mujeres son curadas milagrosamente tras las crucifixión de Jesús de Nazaret.

Retomando "La casa es negra", en el Irán de mediados del siglo XX las colonias de leprosos y los lazaretos formaban parte de una realidad sanitaria donde el aislamiento de los enfermos podía prolongarse durante años.

La leprosería Bababaghi Hospice de Tabriz no debe interpretarse solamente como un espacio clínico, sino como la barrera que separa a la sociedad de quienes quedaban apartados de ella.

MOLOKAI

"Molokai, la isla maldita" (Luis Lucía, 1959) es un película española basada en la vida de San Damián de Molokai con los leprosos en la isla homónima, entonces perteneciente al reino de Hawaii, a finales del siglo XIX.

Josef de Veuster nació en 1840 en el seno de una humilde familia de campesinos. Conocido también como Padre Damián, fue un sacerdote misionero católico belga perteneciente a la Congregación de los Sagrados Corazones, patrón espiritual de los leprosos, los marginados (incluyendo los enfermos de sida) y del Estado de Hawaii (Estados Unidos).

Apóstol de los leprosos, dedicó gran parte de su vida al cuidado de los mismos en aquella remota isla del Pacífico.


El Padre Damián enfermo de lepra

Entre 1866 y 1969 unas 8000 personas fueron trasladadas a Kalaupapa, una remota península situada al norte de Molokai, exilio forzado de leprosos durante un siglo.

En 1865 Hawái aprobó leyes que permitían el arresto y traslado de los leprosos a lugares de tratamiento y aislamiento. La colonia de Kalaupapa se creó en 1866.

En la actualidad permanece todavía allí una decena de pacientes, que a pesar de disponer de toda la libertad para ello, decidieron permanecer en sus alojamientos de aquellas tierras aisladas, donde construyeron sus vidas y forjaron sus familias, llegando incluso a ser felices en su adversidad.


Los leprosos de Molokai, alrededor de 1920

En 1873, el Padre Damián arribó como voluntario a Molokai, para hacerse cargo de las necesidades espirituales y materiales de la comunidad de leprosos de Kaulapapa. Y así lo hizo durante 16 fructíferos años.

En diciembre de 1884, mientras se preparaba para bañarse, se quemó gravemente los pies sin darse cuenta con agua hirviendo. Comprendió entonces que se había contagiado de lepra y que había perdido la sensibilidad cutánea protectora.

Aún así continuó trabajando para construir nuevas casas, iglesias, capillas, una escuela y un hospital, atendiendo a los enfermos y dejando planes detallados para que su labor continuara después de su muerte, finalmente ocurrida en 1889, a los 49 años de edad.


En la ficción cinematográfica, el actor valenciano Javier Escribá fue el encargado de dar vida al santo belga.

Posteriormente "Molokai: la historia del Padre Damián" (Paul Cox, 1999) se inspira asimismo en la misma crónica, esta vez encarnando al protagonista el actor australiano David Wenham.

EL CUERPO ENFERMO COMO DOCUMENTO CINEMATOGRÁFICO

Uno de los elementos más llamativos de "La casa es negra" es la manera en que nos muestra los cuerpos enfermos

Forugh Farrokhzad no oculta las lesiones ni recurre sistemáticamente a recursos que las disimulen. La cámara observa los rostros, las manos y las extremidades de las personas afectadas. La imagen cinematográfica obliga al espectador a enfrentarse a una realidad que, durante siglos, se había mantenido fuera de la vista pública.

Pero mostrar no equivale necesariamente a explotar.


La cuestión ética reside en cómo se construye esa mirada, qué lugar ocupa la persona filmada y qué significado se atribuye a su cuerpo. En el documental, las imágenes médicamente impactantes conviven con escenas de aprendizaje, juego y vida comunitaria. Las personas aparecen como sujetos de una experiencia humana compleja, no únicamente como ejemplos visuales de una patología.

Este planteamiento resulta especialmente relevante en una época en la que la fotografía clínica y las imágenes difundidas por medios de comunicación pueden circular sin suficiente contexto o sin respetar la dignidad de quienes aparecen en ellas.



La representación de una enfermedad visible exige algo más que exactitud descriptiva. Requiere preguntarse si la imagen contribuye a comprender al paciente o si, por el contrario, refuerza una mirada que lo convierte en objeto de curiosidad.

En este sentido, el documental plantea un dilema que sigue presente en la medicina contemporánea: cómo mostrar el sufrimiento sin deshumanizar a quien lo experimenta.

LA DIMENSIÓN PSICOLÓGICA

Las consecuencias de la lepra no se limitan a las lesiones físicas. El rechazo social, la pérdida de vínculos y la separación de la comunidad pueden afectar profundamente al bienestar psicológico.

El estigma puede favorecer sentimientos de vergüenza, aislamiento, ansiedad y desesperanza. También puede dificultar las relaciones personales, el acceso al empleo y la participación en la vida social.

Conviene señalar que la película no constituye un estudio psicológico sistemático y no permite atribuir un estado emocional concreto a cada persona que aparece en ella. Su valor reside en mostrar una comunidad cuya existencia se encuentra atravesada por la enfermedad y por las condiciones sociales que la rodean.

La narración poética introduce, además, preguntas sobre el sufrimiento, la fe, la belleza y el sentido de la existencia. La presencia de referencias religiosas no convierte la enfermedad en un castigo divino: más bien sitúa el dolor humano dentro de una reflexión más amplia sobre la vulnerabilidad y la condición humana.

Para los profesionales sanitarios, esta perspectiva tiene una consecuencia importante. La atención de una persona con una enfermedad crónica o discapacitante no puede limitarse a tratar las lesiones. También debe contemplar su autonomía, sus relaciones sociales, su salud mental y las condiciones que determinan su acceso a los cuidados.

CINEFILIA

"L´Odre" (Jean - Daniel Pollet, Maurice Born y Malo Aguttant) es un documental de 44 minutos inspirado en la vida de los leprosos confinados en la pequeña isla de Spinalonga (Kalydon en griego), frente a la costa de Creta.

Se trata de una obra de encargo y difusión institucional limitada, producida por los Laboratorios Sandoz (hoy en día Novartis), que no buscaban patrocinar un antibiótico específico con su nombre comercial, sino más bien ensalzar el triunfo generalizado de la nueva era de estos medicamentos.

La historia se articula sobre el testimonio de Epaminondas Remoundakis, un leproso que vivió allí durante décadas. Hijo de un abogado, contrajo la lepra y pasó 36 años de su vida confinado en Spinalonga, la última leprosería de Europa.

En 1903 el gobierno griego decidió confinar en la isla a los leprosos de Creta y del resto del país para mantenerlos aislados.

A pesar de la dureza de las condiciones iniciales, los propios leprosos de la colonia construyeron una pequeña sociedad con tiendas, cafés, escuela, iglesia y su propio periódico. 

En sus momentos de mayor población esta comunidad llegó a albergar a cerca de unos 400 leprosos residentes. Hasta que en 1957 fue disuelta al descubrirse los tratamientos efectivos contra su enfermedad.


Fotografía grupal de pacientes con lepra alrededor de 1920. 
©Archivo de Maurice Born

El último habitante de Spinalonga fue un sacerdote ortodoxo que abandonó la isla en 1962, que permaneció allí con el único propósito de cumplir la tradición de la iglesia ortodoxa griega: realizar misas conmemorativas por los leprosos enterrados en aquella remota isla hasta 5 años después de su fallecimiento.

En "L´Odre", además de relatar su propia experiencia personal, Epaminondas Ramoundakis denuncia el maltrato y el abandono padecido por los leprosos, obligados forzosamente a vivir separados del resto del mundo. 

Pero, lejos de pedir compasión, su alegato se alza a favor del reconocimiento de la dignidad de los enfermos y su derecho a vivir.

CHRYSANTHOS KATSOULOGIANNAKIS

Fue un jeromonje (monje ortodoxo con facultades sacerdotales). Su existencia combina un profundo sentido del deber religioso con lo que muchos creyentes en Grecia consideran un milagro de fe y resilencia.

Permaneció en la "isla de los muertos" completamente solo hasta 1962. Como señalamos anteriormente, lo hizo para respetar la estricta tradición litúrgica de la iglesia ortodoxa griega, que exige oficiar misas de conmemoración y vigilias a las almas de los difuntos a intervalos específicos de 40 días, 6 meses y al cumplirse 1, 3 y 5 años de su fallecimiento.


Con anterioridad, el padre Chrysantos, que según su propio testimonio también llegó a contagiarse de lepra, oficiaba la Santa Liturgia para los enfermos. En el rito ortodoxo, la comunión se administra ofreciendo el pan y el vino consagrados mezclados en un cáliz, empleando una única cuchara común para todos los fieles.

Tras dar la comunión uno por uno a los cientos de leprosos de la isla, las leyes canónicas de la Iglesia exigen que el sacerdote consuma obligatoriamente todo el remanente del cáliz directamente con esa misma cuchara.

MÁS CINEFILIA

"Últimas palabras" (Werner Herzog, 1968) - título original en alemán "Letzte Worte" es un cortometraje alemán escrito y dirigido por Herzog, con una duración de 13 minutos.

Se trata de una obra experimental situada en la frontera entre el documental y la ficción, rodada en apenas 2 días en las islas de Creta y Spinalonga, aprovechando los descansos del rodaje del primer largometraje del genial cineasta alemán, "Signos de vida" (1968).


Narra la supuesta historia del último habitante de Spinalonga, un anciano músico que tras ser desalojado a la fuerza por la policía, es reintegrado a la sociedad preso del mutismo más absoluto. Tan sólo se limitará a tañer una lira cretense por la noche, en las tabernas.

El silencio del anciano sugiere que no existen palabras adecuadas para describir la soledad vivida en Spinalonga.

A su alrededor, una serie de personajes excéntricos (policías, un pescador, un camarero) hablan directamente a la cámara. Sin embargo, en lugar de aportar claridad, repiten mecánicamente y en bucle las mismas frases absurdas a través de largos planos secuencia.


En el fondo se trata de una crítica irónica sobre la incapacidad del lenguaje para comunicarnos la realidad.

Este cortometraje explora temas recurrentes en el cine de Werner Herzog: la exclusión de los desamparados, el trauma del desarraigo y el silencio como la forma definitiva de resistencia frente a una sociedad que exige conformidad. 

Esta pieza clave en los inicios del director ganó el Gran Premio en el Festival Internacional de Cortometrajes de Oberhausen en 1968.


domingo, 11 de octubre de 2026

FRIDA

 


 - Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior"

- "Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad"

Frida Kahlo, en "Frida" (Julie Taymor, 2002)


La figura artística de Magdalena Frida Carmen Kahlo y Calderón (1907-1954), popularmente conocida como Frida Kahlo, ha trascendido desde los límites del personaje real, una vida constantemente atormentada por el sufrimiento y la enfermedad, hasta convertirse en un icono pop de la cultura mundial, y de la mexicana en particular.

DEL LIENZO AL CELULOIDE

Su producción pictórica, intrínsecamente ligada a la autorrepresentación y a los padecimientos psíquicos y somáticos, posee una naturaleza narrativa que desafía los límites del lienzo estático.

 
Es precisamente esta cualidad artística profundamente visual la que ha convertido su biografía en un fecundo territorio de exploración para el séptimo arte, desde el documental "Frida: naturaleza viva" (Paul Leduc, 1983), producción de bajo presupuesto y elevada calidad artística considerada obra maestra del cine poético y vanguardista, protagonizada por la actriz mexicana Ofelia Medina, pasando por "Frida" (Julie Taymor, 2002), la realización de Hollywood producida y protagonizada por Salma Hayek, hasta "Dos Fridas" (Ishtar Yasin Gutiérrez, 2018), el largometraje que explora la relación entre la pintora y la enfermera costarricense Judith Ferreto (María de Medeiros).


Inspirados por esta carismática artista mexicana se han realizado diversos documentales inspirados en su extensa correspondencia, sus diarios y en archivos fotográficos reales y auténticos, entre los que destacamos el excelente reportaje televisivo "The Life and Times of Frida Kahlo" (Amy Stechler, 2005), producido por Daylight Films, que contextualiza su vida a la par de los movimientos revolucionarios mexicanos.

"Frida - Viva la Vida" (Giovanni Troilo, 2019) constituye un periplo cinematográfico que alterna entrevistas con recreaciones artísticas del simbolismo de su obra pictórica.

Finalmente, el aclamado documental "Frida" (Carla Gutiérrez, 2024) destaca por la narración de la vida de la protagonista empleando exclusivamente sus propias palabras extraídas de sus diarios y sus cartas.


SUFRIMIENTO

Estas consideraciones pretenden analizar las diversas modalidades en que la cinematografía ha codificado y reinterpretado el mito global de Kahlo, dedicando especial atención a las íntimas relaciones entre su dilatada historia clínica (enfermedades, traumatismos, intervenciones quirúrgicas y abortos) con su obra plástica.

Frida Kahlo (1907-1954)

INFANCIA Y POLIOMELITIS

En 1913, con apenas seis años de edad, Frida contrajo poliomielitis, una enfermedad infecciosa aguda muy contagiosa causada por un enterovirus humano de serotipos 1, 2 y 3, más popularmente conocido como poliovirus, transmitido por via fecal - oral a través de agua o alimentos contaminados, o por contacto directo con la saliva o las secreciones nasales.

Afecta especialmente a niños menores de 5 años que no están correctamente vacunados. En el 70-75% de los casos, los infectados no manifiestan síntomas, si bien la forma abortiva cursa con fiebre, cansancio, dolor de cabeza, vómitos o molestias similares a las de un síndrome gripal.


Pero en el 1% de los casos existe una forma grave o paralítica, cuando el virus invade el sistema nervioso y destruye neuronas motoras, lo que se traduce en debilidad o parálisis flácida, habitualmente en las piernas, y que puede resultar mortal si afecta a los músculos respiratorios.

Décadas después, en personas que ya pasaron la enfermedad, puede aparecer un síndrome pospoliomielítico, que cursa con fatiga y debilidad muscular.

A principios del siglo XX, la poliomielitis en México era una enfermedad poco conocida, de carácter esporádico y frecuentemente confundida con otros padecimientos neurológicos. A diferencia de lo que ocurrió a mediados de siglo, cuando se transformó en una verdadera crisis de salud pública de carácter epidémico, las primeras décadas del siglo XX estuvieron marcadas por el subregistro y la falta de herramientas médicas

Durante las primeras dos décadas, los expedientes médicos eran escasos. Se sabe que el virus circulaba de forma silenciosa e infectaba de manera asintomática a gran parte de la población (lo que generaba anticuerpos naturales en los adultos). 

Uno de los casos documentados más antiguos de parálisis infantil en el país se rastreó retrospectivamente en 1912.

La polio afectó principalmente a su pierna derecha, que posteriormente quedó más delgada y aparentemente más corta que la izquierda. Frida tuvo que utilizar calzado ortopédico especial para compensar la diferencia.

Probablemente esta enfermedad tuvo en ella consecuencias tanto físicas como psicológicas. La cojera y el aspecto diferente de su pierna hicieron que otros niños se burlaran de ella llamándole "pata de palo".

CINEFILIA

En "Frida" (Julie Taymor, 2002) no abundan referencias explícitas a las secuelas de la polio en la artista, a la que contemplamos incluso corriendo y bailando en distintas escenas, hasta que la acción ha avanzado lo suficiente como para ver a la protagonistas junto a León Trosky ascendiendo por las empinadas escaleras de las Pirámides del Sol y la Luna, en el complejo arqueológico de Teotihuacán. 

La cojera de Frida a partir de este momento se hará mucho más evidente en la película.


Frida y su hermana menor Cristina

FRIDA Y TROSKY

Ambos se conocieron en 1937, cuando el líder revolucionario ruso se refugió en México como exiliado político, huyendo de la persecución de Stalin.

Y esta acogida fue posible gracias a la intermediación del pintor Diego Rivera, entonces un troskista convencido, que intercedió directamente ante el presidente Lázaro Cárdenas para obtener el asilo.


Frida se encargó de la acogida de Trosky y su esposa Natalia Sedova. Los recibió en el puerto de Tampico y los trasladó a Ciudad de México, donde se alojaron en la casa familiar de los Kahlo, la famosa Casa Azul de Coyoacán. Allí vivieron durante dos años bajo estrictas medidas de seguridad.

Poco después de su llegada, Frida y Trosky mantuvieron un romance, en la primavera de 1937. El veterano revolucionario, de 57 años de edad, quedó prendado por la belleza, inteligencia y rebeldía de aquella frágil artista de 29 años, que inició aquella relación como venganza por las constantes infidelidades de Diego Rivera.


Geoffrey Rush y Margarita Sanz son León Trosky y Natalia Sedova

LA ESPINA BÍFIDA

Algunos investigadores médicos han propuesto que Frida Kahlo podría haber padecido una anomalía congénita de la columna compatible con espina bífida, además de la poliomielitis. 

Esta interpretación procede principalmente de estudios retrospectivos y de referencias a radiografías y observaciones de sus médicos, si bien no existe una historia clínica completa que permita confirmar con absoluta seguridad el diagnóstico.


De la revisión de los historiales clínicos realizados por sus médicos de cabecera se puede deducir que Frida nació con esta afección oculta.

En 1930, las notas del Dr. Leo Eloesser registraban una disminución de la sensibilidad en la parte inferior de su cuerpo, lo que el facultativo atribuyó a una supuesta espina bífida.


Dr. Leo Rogers Eloesser (1881-1976)

Frida trataba cariñosamente a este afamado cirujano torácico estadounidense radicado en San Francisco como "mi querido doctorcito". Ambos mantuvieron una estrecha correspondencia entre 1936 y 1954.

El Dr. Eloesser la trató y aconsejó durante sus peores crisis de dolor en la columna vertebral y en diversas operaciones.

Como muestra de su profundo cariño y agradecimiento, Frida Kahlo pintó el "Autorretrato dedicado al Dr. Eloesser" en 1940, con su rostro serio adornado con flores que refleja la lealtad y el afecto que unió a ambos mientras ella estuvo en vida, y la corona de espinas rodeando su cuello, símbolo directo del sufrimiento físico y emocional que entonces la atormentaba.


Se cree que esta condición congénitanpudo contribuir, junto con las secuelas de la poliomielitis, a la dismetría de su pierna derecha (la cual era notablemente más corta y delgada). 

Sin embargo, los investigadores señalan que en sus cartas y testimonios no existían quejas de dolor crónico limitante asociado a esta afección antes de su accidente de adolescencia.


EL SÍNDROME DE LA COLA DE CABALLO

Revisiones diagnósticas recientes, como las realizadas por neurólogos especializados del Institut Guttmann de Barcelona, ratificaron la presencia de una espina bífida, si bien concluyeron que los dolores y síntomas sensitivos más severos de Frida Kahlo se explican mejor por el padecimiento de un síndrome de la cola de caballo (SCC) de origen traumático, una rara afección causada por la una lesión de las raíces nerviosas de la parte inferior de la médula espinal, en este caso derivado del posterior y catastrófico accidente de autobús, el cual interactuó con los problemas congénitos previos y las secuelas de la polio.

EL ACCIDENTE

A los 18 años, el aciago 17 de septiembre de 1925, Frida retornaba a casa desde la Escuela Nacional Preparatoria, donde había iniciado su instrucción con la firme intención de estudiar Medicina.

Iba acompañada por su entonces novio Alejandro Gómez Arias, a bordo de un frágil autobús de madera que fue arrollado por un tranvía, quedando completamente destrozado tras ser aplastado y hecho añicos contra un muro.

Como consecuencia de este terrible accidente, se dislocó el codo izquierdo y sufrió una luxación de hombro. Su columna vertebral de fracturó en 3 partes. Además padeció una fractura de clavícula, dos costales y tres pélvicas.

Su pierna derecha, previamente afectada por la polio, se fracturó en 11 fragmentos. Su pie derecho fue aplastado y dislocado.

Y una barandilla de hierro que se desprendió del techo le provocó una perforación abdominal con orificio de entrada en la cadera izquierda y salida por la vagina. Al respecto, la artista siempre comentaba que de esa manera tan brutal había perdido su virginidad.


Dibujo de la propia artista recreando su terrible accidente

Su cuerpo herido quedó cubierto de sangre y polvo de oro, derramado accidentalmente por un otro pasajero accidentado, un pintor decorador que lo portaba entre sus útiles de trabajo

A raíz de todas estas lesiones, Frida permaneció ingresada un mes en el hospital y pasó otros dos recuperándose en su casa. Después de esta dilatada convalecencia continuó experimentando fatiga y dolores crónicos en la espalda, las piernas y los genitales.

Los médicos y cirujanos de de su tiempo le practicaron múltiples operaciones quirúrgicas (por lo menos 32 a lo largo de su vida), le prescribieron corsés de yeso y de otros tipos, y la sometieron a diversos mecanismos de tracción y estiramientos.


Su lecho de enferma se convirtió en el lugar fundamental de su recuperación, pues allí postrada comenzó a pintar de manera sistemática.

Su madre colocó un espejo sobre la cama para que pudiera utilizarse a sí misma como modelo. De ahí surgiría una de las características más importantes de su obra: el autorretrato como exploración de su propio cuerpo.

DOLOR CRÓNICO Y PROBLEMAS NEUROLÓGICOS

Después del accidente Frida padeció un dolor crónico persistente, dificultades para caminar y largos períodos de reposo en cama. También utilizaba una silla de ruedas para moverse.

Estudios neurológicos retrospectivos han relacionado estos síntomas con una combinación de secuelas de la polio y de su politraumatismo, posible anomalías congénitas anteriormente mencionadas, lesiones en las extremidades, dolor neuropático y problemas circulatorios en la pierna y el pie derecho.

Todos estos diagnósticos deben considerarse con cautela, pues la documentación clínica que podría acreditarlos está incompleta, y algunas interpretaciones se han realizado a partir de radiografías, testimonios, pinturas de la artistas y otros registros hospitalarios.

LA CIRUGIA DE COLUMNA: NUEVA YORK 1946

El deterioro progresivo de su columna vertebral la llevó hasta Nueva York, donde fue sometida a una fusión espinal en el Hospital for Special Surgery por un equipo quirúrgico dirigido por el eminente cirujano ortopédico Dr. Philip Wilson, una autoridad mundial en cirugía reconstructiva de la columna.

En su correspondencia, Frida siempre describió a este especialista como maravilloso.


Dr. Philip Duncan Wilson (1886-1969)

Formado en la prestigiosa Escuela de Medicina de Harvard, durante la Segunda Guerra Mundial el Dr. Wilson organizó el Hospital Americano en Gran Bretaña, dedicado a prestar asistencia a los heridos en combate.

Posteriormente ejerció como director médico y cirujano jefe del Hospital for Special Surgery desde 1935 hasta 1955, transformando esta institución en un referente global de la ortopedia.

En junio de 1946, durante la delicada intervención quirúrgica, los cirujanos le colocaron a Frida una varilla metálica de 15 centímetros, y utilizaron un injerto de hueso extraído de su propia pelvis para soldar sus vértebras en cuatro niveles lumbares.

La artista permaneció ingresada durante más de 60 días. Después tuvo que utilizar un corsé de acero durante otros 8 meses.


Desafortunadamente, la operación no obtuvo el resultado esperado, y los dolores crónicos continuaron empeorando tras su regreso a México, especialmente para moverse y caminar. Hay también quien ha opinado sobre la posibilidad de que las vertebras fusionadas no fueran las correctas.


"La columna rota" (1944)

Estas traumáticas experiencias aparecen reflejadas especialmente en obras como "La columna rota" y "Árbol de la esperanza, mantente firme", con la salvaguarda de las diferencias entre las representaciones artísticas y los registros médicos literales.


"Árbol de la esperanza, mantente firme" (1946)

MÁS INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS: 1950-1951

A comienzos de los años 50 la situación de Frida empeoró considerablemente, ya que pasó casi un año ingresando y saliendo del Hospital Inglés (también conocido como Sanatorio Cowdray), en la actualidad el Centro Médico ABC de Ciudad de México, tras haberse fusionado en 1941 con el Hospital Americano (fundado en 1886)

1923. Abre sus puertas el Sanatorio Cowdray en la calle de Mariano ...1.431 × 8651.431 × 865

Durante este período de tiempo le practicaron otras 7 operaciones en su columna. Además, sufrió graves problemas circulatorios en su pie derecho y tuvieron que amputarle dos dedos.

Los episodios de hospitalización se hicieron más frecuentes y prolongados, permaneciendo confinada en su lecho prisionera en incómodos corsés de yeso, que la obligaban incluso a pintar acostada.

PATOLOGÍA CIRCULATORIA

En la película podemos contemplar cómo la protagonista consume en exceso alcohol y tabaco. Su pierna derecha, afectada desde la infancia y posteriormente gravemente dañada por el accidente de 1925, fue desarrollando cada vez más graves complicaciones.

Estudios y registros posteriores desvelan problemas circulatorios y úlceras crónicas en su extremidad inferior derecha, especialmente en el pie, tal y como también refleja esta película.

En esta etapa, el Dr. Juan Farill (a veces escrito Farrill), desempeñó un papel sumamente importante en la vida de Frida. En la película está interpretado por el actor mexicano Roberto Medina.


El Dr. Juan Farill (1902-1973) junto a Frida Kahlo

Este eminente cirujano fue uno de los pioneros de la Ortopedia y Traumatología en México, convirtiéndose en el médico de cabecera de la pintora en sus postreros complicados días.

El Dr. Farill estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional (UNAM) entre 1919 y 1925, donde más tarde fue también docente.

Especialista en las patologías del sistema músculo-esquelético, él mismo padecía una condición física que le obligóa a utilizar muletas durante toda su vida.

Llegó a ser el Jefe del Servicio de Ortopedia del Hospital General de México (HGM), así como director del área de ortopedia en el Hospital Infantil de México (HIM)

En 1951 asumió el enorme reto de tratar los severos daños en la columna vertebral de Frida, realizándole siete intervenciones consecutivas. Tras una larga convalecencia, este especialista consiguió controlar el dolor de la artista como para permitirle volver a pintar.


Como muestra de agradecimiento, fue inmortalizado en el célebre cuadro "Autorretrato con el retrato del doctor Farill" (1951). 

Y apenas 8 días antes de morir, incluyó su nombre en su última pintura, "Naturaleza muerta. Viva la vida y el Dr. Juan Farill" (1954).

AMPUTACIÓN DE LA PIERNA DERECHA: 1953

Este punto crítico se alcanzó el 11 de agosto de 1953, cuando los médicos tuvieron que amputarle esta extremidad por debajo de la rodilla, como consecuencia de las graves complicaciones de una gangrena.

Para Frida esta fue una experiencia terrible y devastadora, tanto desde su experiencia física como psicológica. Finalmente, después de todas la vicisitudes atravesadas por las secuelas de la polio y del grave accidente, terminó perdiendo su pierna derecha.

Poseedora de una tenacidad increíble, aún así continuó pintando y participando en la vida social y artística de su entorno más cercano, hasta el punto de acudir en 1953 a una exposición suya individual en una ambulancia, postrada en una cama de hospital.

DOLOR, MEDICAMENTOS Y DETERIORO PSICOLÓGICO

El dolor crónico fue una constante en la vida de Frida Kahlo, especialmente durante buena parte de su vida adulta. Una vez más, sus cartas, sus diarios y sus pinturas reflejan hasta qué punto los padecimientos modificaron su identidad y su estado emocional.

Nuevamente los especialistas nos recomiendan prudencia, porque se ha especulado demasiado con patologías como la depresión, la ansiedad, la dependencia de analgésicos e incluso posibles intentos autolíticos, pero las fuentes históricas a menudo no permiten establecer diagnósticos concretos.

LOS ABORTOS

La película focaliza las tribulaciones padecidas por Frida en su tormentosa relación sentimental con el monumental muralista mexicano Diego Rivera (Alfred Molina). A lo largo de su matrimonio, la maternidad imposible se reflejó directamente en sus escritos y su obra pictórica.


Alfred Molina y Salma Hayek son Diego Rivera y Frida Kahlo

En este apartado, debemos considerar asimismo los graves destrozos internos provocado por el accidente de 1925, cuando un fragmento de un pasamanos metálico le atravesó la pelvis y el útero, perforando también las paredes vaginales, secuelas que mermaron seriamente su capacidad reproductiva.

Los tres abortos representaron un tremendo dolor emocional y un penoso estímulo creativo a lo largo de su existencia.


Diego Rivera (1886-1957)
Juan O’Gorman. Retrato de Diego Rivera, 1958. 
Temple sobre masonite 

El primer aborto tuvo lugar en 1930, transcurridos apenas unos meses de su primer embarazo. En este caso se produjo por indicación terapéutica, ya que el feto se encontraba mal posicionado y las anteriores fracturas pélvicas podían poner en peligro la vida de la madre.

El segundo aborto, sin duda el más traumático para Frida, se produjo en 1932 en Detroit mientras Diego Rivera trabajaba allí en unos murales. Esta vez fue un aborto espontáneo muy doloroso, que obligó a su hospitalización urgente. De esta terrible experiencia surgieron su famosa pintura "Hospital Henry Ford" y su único grabado conocido titulado precisamente "El aborto".


El tercer y último aborto se produjo en 1934, tras un nuevo intento de embarazo que minaría profundamente su salud física y emocional.

SUS ÚLTIMOS MESES Y FALLECIMIENTO

Durante 1954, el estado general de Frida era muy frágil y preocupante, si bien continuaban pintando regularmente, hasta que el 13 de julio de 1954 falleció en la Casa Azul, a los 47 años.

La causa fundamental de su muerte se atribuyó a una embolia pulmonar, aunque existen ciertas dudas históricas porque no se le practicó una autopsia. Esta circunstancia también ha nutrido diversas conjeturas sobre una posible sobredosis de medicamentos, que nunca se ha podido demostrar.

Y todo ello relacionado con el consumo de once pastillas para el dolor la noche previa a su muerte, rompiendo el protocolo de control por su enfermera, que controlaba estrictamente estas dosis, y que sólo tenía autorizado administrarle siete.


"Naturaleza muerta: vida la vida" (1954)
Es la última obra de Frida Kahlo, terminada apenas 8 días antes de su muerte.

LOS FÁRMACOS

En su historial clínico están documentados los siguientes:

Demerol®, cuyo principio activo es meperidina, un potente analgésico opioide sintético, consumido de forma recurrente en sus últimos años de vida. La adicción de Frida a esta droga está ampliamente documentada en su biografía y expedientes médicos.


Morfina, utilizada constantemente para intentar controlar el intenso dolor neuropático ocasionado por las lesiones espinales y la posterior amputación de su pierna derecha.

Alcohol y cannabis, que no siendo realmente medicamentos, eran sustancias a las que Frida recurría con frecuencia para aliviar su sufrimiento y depresión. El abuso de brandy, coñac, tequila y marihuana fueron paliativos adicionales que la evadían de sus tormentos físicos y psicológicos.