Antes de meternos en materia en la "La venus negra" (2010) de Abdellatif Keniche, traeremos a colación una famosa anécdota sobre la duración y la cantidad de notas musicales que cualquier obra musical debería tener, en este caso en "El rapto en el serrallo", la famosa ópera de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1971), tal y como nos es presentada en "Amadeus" (1984) de Miloš Forman, cuando el emperador José II de Austria (Jeffrey Jones) se quejaba precisamente de la profusión melódica de esta composición.
Sin perder la compostura, Mozart (Tom Hulce) replicó al monarca con aquella célebre frase: "ni una sola nota de más, Majestad".
Quizás a esta película de Abdellatif Keniche no le sobren escenas ni fotogramas, aunque en nuestra modeta opinión pueda resultar un tanto redundante a la hora de contarnos la desventurada historia de Saartije Baartman (Yahima Torres), la mujer sudafricana del siglo XIX paseada como atracción de feria entre Londres y París, un relato que posee de un marcado paralelismo con el del desventurado John Merrick (John Hurt) de "El hombre elefante" (1980) de David Lynch.
CINEFILIA
No confundir ésta con la película homónima "La Venus negra" (1983) de Claude Mulot, un drama romántico erótico en el que un escultor en horas bajas (José Antonio Ceinos) recupera la inspiración gracias a la aparición de una bella y misteriosa musa de color (Josephine Jacqueline Jones)
Su padre fue asesinado mientras pastoreaba sus rebaños, y cuando llegó a la pubertad, Saartije se trasladó a Cape Flats, una región situada al sureste de Ciudad del Cabo, donde terminó siendo esclava de unos granjeros traficantes de nativos.
Se cree que tuvo dos hijos y que vivió como esposa de un soldado holandés apellidado Van Jong, hasta que su regimiento fue trasladado a otro destino. Al respecto, existe una escena en la película donde la protagonista deja escapar lágrimas amargas mientras recuerda a sus hijos perdidos.
En 1810 fue vendida al médico militar escocés Willian Dunlop, cirujano de la Armada británica, que le propuso viajar a Inglaterra para exhibirse como una rareza humana en un infame espectáculo circense de barraca de feria, especialmente por su llamativa estetatopigia y sus genitales prominentes.
Los historiadores continúan debatiendo si esta mujer aceptó libremente participar en aquellas exhibiciones o si lo hizo obligada por sus explotadores. La película tampoco resuelve estas dudas, de manera taxativa.
Pero su testimonio quedaría en entredicho, al ser una mujer extranjera en un medio social hostil, dependiente económicamente de los organizadores de sus espectáculos, y cuyo supuesto consentimiento difícilmente resultaría creíble en un entorno colonial decididamente desigual.
CINEFILIA
El personaje real de William Dunlop se transforma en la ficción cinematográfica en Alexander Dunlop (Jonathan Pienaar), socio de Hendrick César (Andrés Jacobs), un "free black" o mestizo libre en cuyo entorno doméstico habría trabajado Saartije como ama de casa y nodriza, y del cual continuaba dependiendo económicamente.
ESTEATOPIGIA
Se trata de una rasgo hereditario evolutivo consistente en la acumulación excesiva de tejido adiposo en la zona de los glúteos y los muslos, más frecuente y pronunciado en las mujeres que en los hombres.
Por ello es una característica predominante de algunas etnias africanas, como los pueblos khoisan: hotentotes (Khoi, dedicados al pastoreo) y bosquimanos (San, tradicionalmente cazadores y recolectores), pobladores de vastas extensiones en Sudáfrica, Botsuana y Angola.
Simplemente mencionar que los khoisan fueron los cazadores-recolectores originales del sur de África, y que entre los siglos X al XVI serían desplazados por las tribus bantúes (a las cuales pertenecen los belicosos zulúes), agricultores y ganaderos procedentes de África central y occidental, que los empujaron hacia zonas más inhóspitas como el desierto del Kalahari.
Las famosas estatuillas prehistóricas conocidas como "Venus" (como la célebre Venus de Willendorf) son ejemplos manifiestos de este típico rasgo anatómico, asociado con símbolos de la fertilidad y la salud.
La Venus de Willendorf
CINEFILIA"Zulú" (1964) de Cy Endfield es una película británica inspirada en los hechos reales que transcurrieron el 23 de enero de 1879, durante la sangrienta batalla de Rorke´s Drift, cuando 140 soldados británicos fueron masacrados por unos 4000 guerreros zulúes.
ZOOLÓGICOS HUMANOS
Durante el siglo XIX, personas procedentes de los territorios colonizados por las grandes potencias fueron expuestas en las metrópolis europeas y americanas en denigrantes espectáculos de corte racista, bajo la apariencia de una falsa ciencia que lo único que perseguía era la defensa de la supremacía del imperialismo occidental.
Sus inmediatos predecesores fueron los antiguos espectáculos de monstruos, que explotaban el morbo del populacho ante excepcionales fenómenos de la naturaleza, tal y como se nos muestra en la maravillosa e inquietante "La parada de los monstruos" (1932) de Tod Browning.
Durante la Exposición de Filipinas en Madrid, en 1887, el gobierno español organizó una recreación de un poblado indígena en el Parque del Retiro, donde se exhibieron decenas de nativos como los igorrotes, convertidos en atracción para la curiosidad de los visitantes.
Grupo de Igorrotes de Benguet-Tinguianes con su jefe Ismael Alzate
En 1889, durante la Exposición Universal de París, varios indígenas selk´nam (onas), pertenecientes a un pueblo nómada habitante de la Isla Grande de Tierra de Fuego (Chile y Argentina), fueron traídos a la capital francesa y exhibidos en condiciones denigrantes, en un evento que coincidió con la inauguración de la Torre Eiffel.
LA TRISTE HISTORIA DE OTA BENGA
Continuando con otro capítulo de la historia de la ignominia humana durante el siglo XIX, Ota Benga (1883-1916) fue un pigmeo batwa del entonces Estado Libre del Congo, administrado entre 1885 y 1908 por el rey Leopoldo II de Bélgica como si fuera su propiedad privada.
Allí fue capturado en marzo de 1904 por el comerciante estadounidense Samuel Verner, y se cree que entonces debía tener 12 ó 13 años.
Fotografía de Ota Benga (derecha) en la Feria Mundial de 1904, junto a otros jóvenes africanos. Missouri Historial Society
Desde África alcanzó Nueva Orleans, y desde allí fue expuesto en la Exposición Universal de Saint Louis junto a otros 8 jóvenes. Finalizado aquel evento, en 1906 fue exhibido durante 3 semanas en el Zoo del Bronx, junto con un orangután amaestrado llamado Dohong. Semejante vileza pretendía promocionar la teoría evolutiva desde el mono hasta el hombre, así como la eugenesia y el racismo científico.
Hay quienes aseveran que el eminente zoólogo William Hornaday, responsable y fundador del icónico zoológico neoyorquino, y posteriormente director del Zoológico Nacional de Washington, DC, decoró la jaula de Ota Benga con huesos para sugerir su supuesto canibalismo, llegando incluso a alardear que aquel desdichado disponía de la mejor habitación en la casa de los monos.
La espectacular presencia de Ota Benga enjaulado con los simios atrajo a multitud de curiosos, pero también a varios ministros cristianos que abogaron por su inmediata liberación. Entonces fue trasladado al Asilo Howard para huérfanos de color de Nueva York, tutelado por el reverendo afroamericano James H. Gordon.
En 1910 se fue a vivir a la Escuela y Seminario para estudiantes negros de Lynchburg (Virginia), donde enseñó a los niños vecinos cómo cazar y pescar, mientras les narraba historias y aventuras de su selva natal.
Víctima de una profunda depresión, en marzo de 1916 puso fin a su vida disparándose un tiro en el pecho con un arma que guardaba escondida. Se estima que entonces debía tener unos 25 años.
UN BREVE APUNTE LITERARIO
"El sueño del celta" (2010) de Mario Vargas Llosa, se inspira en las tribulaciones de Roger Casement (1864-1916), personaje que en realidad fue diplomático británico, activista por los derechos humanos y nacionalista irlandés.
Como cónsul británico investigó los abusos cometidos por las autoridades coloniales belgas en el Estado Libre del Congo, documentando en su informe de 1904 múltiples asesinatos, mutilaciones, trabajos forzados y otras atrocidades relacionadas con la explotación del caucho.
LAS TEORÍAS RACIALES ANTROPOLÓGICAS.
Todavía en 1980, al comenzar los estudios en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, los profesores nos recomendaban el Tratado de Anatomía de Testut y Latarjet, 4 tomos que todavía conservo, así como el compendio de los mismos, todos ellos adquiridos en la mítica y desaparecida Librería González, en la Rúa do Vilar.
Ya entonces se comentaba que las primeras ediciones de ese monumental tratado albergaban referencias a las teorías raciales propias de la antropología física del siglo XIX.
Dentro del contexto científico de aquella época, Léo Testut (1849-1925) fue un anatomista excepcional, pero a la vez un hombre de su tiempo. Cuando publicó su famoso tratado (1887-1890), la antropología física europea se encontraba fuertemente influída por las clasificaciones raciales desarrolladas por autores como Johann Friedrich Blumenbach (1752-1840), Paul Broca (1824-1880), Georges Cuvier (1769-1832), y Joseph Arthur de Gobineau (1816-1882), erigidas más desde la ideología que desde la anatomía.
Aproximadamente en torno a 1830, los hermanos taxidermistas franceses Jules y Édouard Verreaux, sustrajeron el cuerpo de este líder bosquimano de la aldea de Dithakong (entonces Litakou) en la actual República de Sudáfrica.
Una vez disecado fue enviado a Europa, donde lo modificaron oscureciendo su piel y le añadieron vestimenta y atributos tribales, con la finalidad de convertirlo en un mero objeto de exposición acorde con los gustos coloniales la época.
En 1916 fue adquirido por el zoólogo Francescs Darder para su museo homólogo de Banyoles (Girona). Y en sus instalaciones permaneció expuesto al público el cuerpo del conocido como "Bosquimano o Negro de Bañolas", hasta que en el año 2000, no sin cierta polémica, fue enviado al Museo nacional de Antropología de Madrid, donde se le extrajeron el relleno que había reemplazado a sus órganos internos, los ojos, el cabello, los genitales y toda la piel.
Ese mismo año, el cráneo y los demás restos óseos fueron enviados en un ferétro hasta Botswana, donde fueron enterrados en el Parque Nacional de Tsholofelo el 4 de octubre de 2000, recibiendo los honores hasta entonces reservados a los héroes nacionales.
E incluso después de todas estas peripecias, Molawa VIII continuó generando polémica, pues realmente no se trataba de un bosquimano, sino de un hotentote (denominación que los holandeses les dieron a los khoikhoi) de Ciudad del Cabo, y por tanto sus restos deberían haberse inhumado en Sudáfrica.
"El negre té nom" (2025) de Félix Colomer Vallés, es un documental que revela la verdadera identidad de Molawa VIII como un líder local sudafricano de comienzos del siglo XIX (y tal vez coetáneo de la Venus negra), cuyo cuerpo es el único que no está enterrado con el resto de su linaje.
Como curiosa anécdota, el libro "El negro y yo" (2004) del escritor neerlandés Frank Westerman menciona que Georges Curvier también tuvo conocimiento de Molawa VIII.
GEORGE CUVIER Y LA VENUS NEGRA
Georges Léopold Chrétien Fréderic Dagobert Cuvier, barón de Cuvier (1769-1832) fue un eminente zoólogo francés pionero de la anatomía comparada y la paleontología.
En la película está encarnado por el actor François Marthouret.
En 1795 Curvier comenzó a trabajar en el Museo Nacional de Historia Natural de Francia, donde alcanzó a ser el mayor experto en anatomía de animales de todo el mundo, investigando al lado del prestigioso catedrático de zoología de vertebrados, Étienne Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844).
En septiembre de 1814, después de un enconado proceso judicial incoado en 1810 por la Asociación Africana de Londres, entidad abolicionista que llevó su explotación ante el mismísimo Tribunal del Rey, Saartije Baartman llegó a París, donde continuó siendo explotada como atracción exótica en cafés, salones y espectáculos por un domador de animales llamado Réaux (Olivier Gourmet), que había convencido a Hendrick Cesar para que le cediera sus derechos empresariales sobre la Venus hotentote.
En París pronto despertó el interés de Saint-Hilaire, especialista en teratología. El 1 de abril de 1815 publicó un informe sobre las medidas antropométricas de Saartije Baartman, comparando su cráneo con la de los orangutanes rojos de las islas del Pacífico y el tamaño prodigioso de sus nalgas con las de las monas mammon y mandriles durante sus períodos menstruales.
George Curvier fue mucho más allá en sus estudios, especialmente de los genitales de la desafortunada protagonista de esta historia, en referencia a la característica anatómica denominada elongación de los labios menores, macroninfia o sinus pudoris, una variación natural no patológica descrita en su día como delantal hotentote, donde lkos labios menores sobresalen por debajo de los labios mayores, pudiendo llegar en algunos casos a medir varios centímetros de longitud.
Tras el fallecimiento de la Venus negra el 29 de diciembre de 1815, Cuvier consiguió que su cadáver fuera entregado al laboratorio de anatomía del Museo Nacional de Historia Natural, donde él mismo dirigió la autopsia contraviniendo las leyes imperiales que solamente permitían este tipo de intervenciones en la Facultad de Medicina o en el Hospital Pitié-Salpêtrière de París.




















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