De esta manera, el pintor holandés habría padecido el mismo tipo de intoxicación, aunque por causas bien distintas, que su preclaro colega Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) y el genial compositor Ludwig van Beethoven (1770-1827), y de cuya patología nos hemos ocupado anteriormente en este mismo blog ("Beethoven: cine y enfermedad") repasando su presencia en el cine.
Los doctores González Luque y Montejo González verificaron diversas fuentes de información, incluyendo los pedidos de tubos de pintura que van Gogh realizaba regularmente (blanco de plomo - carbonato de plomo; amarillo de cromo - cromato de plomo). Y todo ello corroborado por los análisis de sus lienzos mediante rayos X realizados por la National Gallery y el Instituto Courtauld de Londres.
Los primeros síntomas imprecisos aparecieron cuando el artista llevaba más o menos un año pintando al óleo: debilidad, postración, abatimiento..., en principio achacados a su alimentación deficiente, exceso de trabajo, tabaquismo y agotamiento.
Sus penurias habían comenzado en 1879, durante su etapa como misionero metodista, tratando de seguir el ejemplo de su propio padre, Theodorus van Gogh (Henry Daniell), pastor evangelista, en las minas de Borinage (Bélgica), donde llegó a subsistir en una miserable barraca, pasando hambre y compartiendo con los pobres lo poco que tenía. De allí se trasladaría a la vecina Cuesmes por orden de sus superiores, permaneciendo otro año en la más absoluta pobreza. Fue entonces cuando tomó verdadera conciencia de que quería ser pintor.
"Mineros" (1880). Lápiz sobre papel
Años más tarde, durante su breve estadía en Amberes (noviembre 1885 - febrero 1886), comenzó a padecer una serie de síntomas digestivos que oscilaron entre la característica gingivitis por plomo, que la provocó serios trastornos y la pérdida de varias piezas dentales, dificultad para tragar alimentos, flemas grisáceas (sin tos), dolores abdominales (cólico saturnino) y problemas digestivos que le acompañarían el resto de sus días; curiosamente, éstos mejorarían durante su etapa en Arlés, al mudar el uso del blanco de plomo por el blanco de zinc.
En la correspondencia con su hermano existen referencias de que Vincent solía mordisquear pinceles y pinturas. También relata esta manía el doctor Peyron mientras estuvo a su cargo en Saint-Remy, así como el testimonio directo de uno de sus cuidadores en dicha institución que lo confirmó décadas más tarde. Parece ser que lo hacía de manera inconsciente, y desde luego, sin intención de causarse mal o terminar con su vida.
Según Wilfred N. Arnold, profesor de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kansas (EEUU), van Gogh habría desarrollado una pica para los terpenos. Para este autor, la interacción entre la trementina mezclada con los pigmentos resultaba agradable para las papilas gustativas del pintor.
La pica es un trastorno alimentario que se manifiesta por un deseo irresistible de comer o lamer sustancias no alimenticias y poco usuales como tierra, tiza, yeso, hielo, virutas de pintura, bicarbonato sódico, almidón, pegamento, moho, ceniza o papel, por ejemplo.
Los terpenos son unos compuestos químicos aromáticos y volátiles, metabolitos secundarios responsables del aroma y el sabor de las plantas aromáticas, y que forman la mayor parte de los aceites esenciales de dichos vegetales. Desempeñan fundamentalmente funciones de protección de la planta frente a los insectos y los animales hervíboros, así como ante las temperaturas elevadas.
Además los terpenos, en su biosíntesis y almacenamiento, comparten rutas con los cannabinoides (compuestos terpeno-fenólicos). El aceite de la planta Cannabis sativa contiene altas proporciones de terpenos.
"Iris", 1890, óleo sobre lienzo.
The Metropolitan Museum of Art, Nueva York (EEUU)
Finalmente, se sospecha la instauración de una neuropatía periférica de origen plúmbico, traducida en una supuesta debilidad muscular en sus manos, según las valoraciones realizadas de sus últimas epístolas y pinturas, donde se constatan modificaciones grafológicas y cierta simplificación en los dibujos. Podrían detectarse señales de ello en "Tres raíces y troncos", el cuadro que estaba pintando el fatídico 27 de julio de 1890, horas antes de recibir el disparo que acabó matándolo.
"Tres raíces y troncos", julio 1890. Óleo sobre tela.
Museo Van Gogh, Amsterdam (Países Bajos)
Van Gogh también estuvo expuesto a otro tipo de tóxicos, como el sulfuro de mercurio, presente en el color bermellón o cinabrio, prácticamente insoluble en agua, con una composición del 85% de mercurio y un 15% de azufre. La exposición a este pigmento pudo causarle al artista una intoxicación por mercurio, conocida como hidrargiria, hidrargirismo o mercurialismo, y que dependiendo de la dosis y tiempo de absorción, puede provocar asimismo una neuropatía periférica (parestesias, picazón, dolor o ardor), decoloración y descamación cutánea en mejillas y dedos, pérdida de dientes y uñas, así como hipertensión arterial, taquicardia y sudoración profusa (por su bloqueo del metabolismo de las catecolaminas).
De la misma manera, la absorción de elevadas cantidades de sales de cromo puede cursar con vértigo, dolor abdominal y vómitos, que puede progresar en los casos más graves y crónicos hasta convulsiones, coma y muerte. Y aunque en sus cartas no figuran datos objetivos sobre el uso de amarillos y rojos ricos en arsénico, ni de amarillos de cadmio, los intensos dolores abdominales, las náuseas y los vómitos que padecía van Gogh podrían justificarse también de esta manera.
2.- ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL: durante su permanencia en Amberes contraería sífilis, cuya evolución a neurosífilis también ha servido como fundamento para explicar la patobiografía del artista. La infección, al parecer tratada, dañó prácticamente toda su dentadura. Algunos expertos estiman que el 10% de la población europea de finales de siglo XIX tenía sífilis. En "Locos egregios" (2002), el profesor y psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera (1926-1990) defendió esta posibilidad en "El crepúsculo de Van Gogh".
Existen diferentes tipos patológicos y varios de estos indicios estuvieron presentes en la vida de van Gogh (y en "El loco del pelo rojo"):
a) Meningovascular: una forma crónica de meningitis, en la que pueden verse afectados el cerebro y la médula espinal. Su sintomatología más frecuente comprende cefalea, vértigo, falta de concentración, astenia, insomnio de conciliación, visión borrosa, rigidez cervical, confusión mental, convulsiones, papiledema o tumefacción del nervio óptico, anomalías de las pupilas, afasia y parálisis de una extremidad o de la mitad del cuerpo.
"Autorretrato" (1889). Óleo sobre lienzo. Nasjonalgalleriet, Oslo (Noruega)
b) Parética: parálisis general progresiva que comienza con una serie de alteraciones del comportamiento que afectan a personas entre 40 - 50 años, algo improbable para el caso que nos ocupa, pues Vincent van Gogh falleció a los 37 años. Puede manifestarse con convulsiones, dificultad para hablar, parálisis temporal, hemiparesia temporal, irritabilidad, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, juicio defectuoso, cefalea, fatiga, letargo, deterioro de la higiene personal, cambios bruscos de humor, pérdida de fuerza y energía, depresión, delirios de grandeza y finalmente demencia.
c) Tabética: la tabes dorsal es una enfermedad progresiva y gradual que afecta a la médula espinal. Suele comenzar con un dolor punzante e intenso que afecta a las piernas, con dificultad para deambular. Además afecta a la vejiga, con pérdida del control miccional e infecciones de repetición, pudiendo perderse la capacidad de erección masculina. La presencia de temblores en la boca y la lengua dificultan la deglución, y en las manos provocan una caligrafía ilegible. Existen espasmos dolorosos en el aparato digestivo (estómago, recto...) que pueden causar vómitos. La pérdida de sensibilidad puede provocar úlceras indoloras en las plantas de los pies. El aspecto de estas personas es de importante delgadez y semblante triste, característico de algunos autorretratos de van Gogh.
"Autorretrato" (1887). Óleo sobre tela.
Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut (EEUU)
La sífilis no fue la única enfermedad sexual contraída por el pintor, pues según su propio testimonio, pudo haberse contagiado de gonorrea en La Haya en 1882, infección frecuente entre aquellos que frecuentaban prostitutas. Una de ellas fue Clasina María Hoornik, apodada "Sien" ("Cristina" en la película, interpretada por Pamela Brown). Tenía una hija de 5 años, María, y estaba embarazada cuando se conocieron; además ella consumía alcohol y tabaco en exceso. Dedicado en cuerpo y alma al arte, Vincent compartió hogar con Sien, María y el pequeño Wilhem, tal vez con la esperanza de constituir una verdadera familia, en contra de la voluntad de Theo y Anna Cornelia van Gogh-Carbentus (Madge Kennedy), la matriarca de la familia. Pero la convivencia problemática y la miseria económica llevó a la ruptura de la pareja en 1883. Ella, la modelo de varias de sus obras, como por ejemplo "Sorrow / Pena" (1882), retornó al ejercicio de la prostitución, mientras van Gogh partió hacia Drente, al norte de los Países Bajos.
"Dolor" (1882), dibujo a tiza.
Colección Garman Ryan; The New Art Gallery Walsall (Reino Unido)
En realidad, no disponemos de la confirmación definitiva de que el pintor holandés hubiera padecido sífilis. No aparece registrado en los informes de los médicos que lo atendieron en el hospital de Arlés (Rey, Urpar, Peyron), así como tampoco en los del Doctor Gachet en Auvers.
Por el contrario, la neurosífilis se ha barajado como la posible causa de la enfermedad y muerte de Theo van Gogh (1857-1891), infección que habría contraído durante su adolescencia.
3.- PSICOSIS: el psiquiatra alemán Karl Leonhard (1904-1988) fue un discípulo destacado del también psiquiatra y neurólogo Karl Kleist (1879-1960), autor de notables avances en el campo de la psicopatología descriptiva y la neuropatología, y que a su vez se había formado con el célebre psiquiatra y anatomista alemán Carl Wernicke (1848-1905). Kleist y Leonhard establecieron una compleja clasificación de las enfermedades psicóticas denominada Nosología.
Pues bien, en 1988 Leonhard realizó un análisis detallado de la vida y la correspondencia de van Gogh desde una peculiar perspectiva de las psicosis endógenas, incluyendo los datos biográficos aportados por Johanna van Gogh-Bonger (1862-1925), esposa de Theo y cuñada de Vincent. Intentó unificar los síntomas agudos y el curso de la enfermedad con características premórbidas del artista bajo su concepto particular de psicosis de angustia-felicidad.
En 1873, a los 20 años de edad, Van Gogh sufrió un primer episodio depresivo a raíz del rechazo amoroso por parte de Eugenia, la hija de su patrona Úrsula Loyer, mientras trabaja en Londres como aprendiz de marchante para Goupil and Co. (posteriormente Boussod and Valadon), una importante compañía internacional de comercio de arte. En 1874 regresó a casa, convertido en un personaje raro, solitario y taciturno, que no mejoró ni siquiera durante su primera estancia en París, en 1875.
En 1876 pareció buscar refugio en su fanatismo religioso, con una vehemencia casi demencial. Débil, escuálido, insomne y ansioso, se trasladó a las cuencas carboníferas belgas de Bolinage y Cuesmes, donde llevó una existencia mísera. Cuando se apagó este celo religioso, surgió la angustia por su futuro.
El semblante atormentado del artista
Sobre una personalidad ciertamente particular, los informes médicos y la comunicación epistolar de van Gogh encaminan su diagnóstico al de una patología psiquiátrica, incluyendo por supuesto un trastorno depresivo.
En 2016, un equipo de 30 investigadores, entre los que se encontraban psiquiatras historiadores, analizó la correspondencia conservada en el Museo Van Gogh de Amsterdam (Países Bajos), llegando a la conclusión de que el artista padecía episodios de psicosis intermitentes, un síntoma común a varias enfermedades psiquiátricas, como por ejemplo la esquizofrenia, los trastornos bipolares y la depresión.
Para estos especialistas, las cartas escritas por el pintor desvelan episodios recurrentes de alucinaciones y delirio, correspondientes a la psicosis.
4.- EPILEPSIA: algunos especialistas, como la doctora Shakram Khoshbin, profesora de Neurología en la Facultad de Medicina de Harvard (EEUU), afirman que Vincent van Gogh sufría una epilepsia del lóbulo temporal con un trastorno de la personalidad asociado, conocido como síndrome de Gastaud-Geschwind, y cuyo síntoma más característico es la hipergrafía (escribir extensa o compulsivamente); en este caso, la variación comprendería también la obsesión por realizar materiales gráficos (pinturas y dibujos). No podemos olvidar que asimismo fue un prolífico escritor de misivas, algunas de ellas de 6 páginas o más.
Norman Geschwind (1926-1984)
También conocido como "síndrome del filósofo", fue descrito por primera vez en 1975, por los neurólogos Norman Geschwind y Stephen G. Waxman, dentro de las epilepsias focales del lóbulo temporal, donde existen cambios patológicos en el sistema limbdico.
Se encuentran presentes alteraciones de la conducta sexual (hiposexualidad), con hiperagresividad, religiosidad y una tendencia compulsiva a escribir extensamente. Por si fuera poco, estos sujeto son extremadamente sensibles ante la más pequeña violación de sus principios, desarrollando conductas agresivas. Tales creencias morales y religiosas pueden anticipar las crisis violentas.
"Autorretrato con retrato de Bernard (Los Miserables)". Paul Gauguin, 1888
Óleo sobre lienzo. Museo Van Gogh, Amsterdam (Países Bajos)
Si hacemos caso al testimonio del propio Gauguin, durante su tormentosa estancia en Arles, ambos mantenían encarnizadas y prolongadas discusiones filosóficas que en algunas ocasiones no terminaban bien, tal y como ocurre en diversas secuencias de "El loco del pelo rojo".
5.- TRASTORNO BIPOLAR: se trata de una enfermedad mental, en ocasiones grave, en la que el paciente presenta cambios de humor extremos, como podemos constatar con el protagonista en diversas escenas de esta película. En otras ocasiones se ha nombrado como depresión maníaca o enfermedad maníaco-depresiva.
Existen diferentes formas de presentación, en función de los síntomas y de la frecuencia de los mismos. En los episodios maníacos, el paciente se siente exageradamente entusiasmado, repleto de energía y no consigue descansar, como contemplamos durante el encuentro entre Van Gogh y Gauguin en Arlés. En esas 9 semanas de turbulenta convivencia, ambos artistas pintaron varios de sus mejores cuadros, incluyendo autorretratos que se dedicaron entre sí.
En otras ocasiones, durante los episodios depresivos, el enfermo se siente abandonado y demasiado triste, sumido en el dolor y la desesperación.
"Van Gogh pintando girasoles". Paul Gauguin, 1888.
Óleo sobre yute. Museo Van Gogh, Amsterdam (Países Bajos)
Estos pacientes fluctúan entre la manía y la depresión, pudiendo coexistir síntomas de ambos tipos, de forma frecuente y duración corta, o por el contrario, ser más extensos y duraderos.
Los signos más frecuentes de manía son excitación, nerviosismo, irritabilidad, hipersensibilidad, dificultades para concentrarse, insomnio, hiperactividad, abuso de sustancias, conductas temerarias, verborrea y taquipsiquia (aceleración del pensamiento).
Respecto a los signos depresivos más habituales, podemos encontrarnos con anhedonia, tristeza, labilidad emocional, llanto fácil, bradipsiquia, astenia, desesperación, cefaleas, variaciones ponderales aparatosas, y pensamientos fúnebres y autolíticos.
"Autorretrato como bonzo (dedicado a Paul Gauguin)", 1888
Óleo sobre lienzo. Fogg Art Museum, Universidad de Harvard (EEUU)
Especialistas del Instituto Karolinska (Suecia) emprendieron un vasto estudio que comprendió 1.2 millones de personas, destinado a valorar la posible relación entre creatividad y enfermedades mentales. Así detectaron que el trastorno bipolar era más frecuente en profesionales creativos y científicos.
En el mismo sentido, investigadores de Harvard detectaron los índices más altos de creatividad en aquellos sujetos con trastornos bipolares, si bien fueron la excelencia en el lenguaje y en la música los que se correlacionaron con una mayor riesgo de padecer un trastorno bipolar.
6.- OTRAS INTOXICACIONES: esta posibilidad comenzó a considerarse al comparar síntomas típicos de la misma con determinados aspectos muy específicos de su producción artística, especialmente el empleo de los diferentes tonos de color amarillo.
Digitalis purpurea
Actualmente, el derivado más popular de la planta Digitalis purpúrea (dedalera) es la digoxina, fármaco utilizado en el tratamiento de determinadas patologías cardíacas. Debido al estricto control de sus niveles en sangre, no suelen detectarse problemas visuales en los pacientes que deben tomarla. Pero, antiguamente, no era raro que los consumidores de sustancias digitálicas presentasen una visión amarillenta o percibieran halos de este color alrededor de los objetos, un síntoma conocido como xantopsia o xantocromatopsia.
"El doctor Paul Gachet", primera versión, 1890. Óleo sobre lienzo.
Colección privada, Tokio (Japón)
En el caso de van Gogh no consta expresamente que su supuesta epilepsia fuera tratada con este tipo de medicamentos. Sin embargo, sí lo fue con derivados del bromo y del alcanfor. Es posible que el doctor Paul Gachet (encarnado por el actor Everett Sloane) le hubiera prescrito digital para controlar las crisis maníaco-depresivas del artista, por sus propiedades sedativas y anticonvulsivantes. De hecho, existen dos versiones de su retrato portando un ramo de dedalera en la mano. Por si fuera poco, este médico psiquiatra y homeópata también trató los dolores gástricos de van Gogh con santonina, un derivado de la planta Artemisia maritima, usada habitualmente como vermífugo, y que asimismo podía provocar xantopsia.
"El doctor Paul Gachet", segunda versión, 1890. Óleo sobre lienzo.
Museo d´Orsay, París (Francia)
Además, el pintor era aficionado a la bebida, especialmente al absenta o ajenjo, licor de elevada graduación alcohólica, de sabor anisado y amargo, obtenida a partir de determinadas hierbas como la Artemisa absinthium, las flores de hinojo y el anís estrellado, y cuyo consumo habían puesto de moda los artistas plásticos parisinos a finales del siglo XIX, ya que según ellos el "hada verde" estimulaba la creación artística.
Artemisa absinthium
Existían diversas variedades de este licor, a las que se les añadían sustancias alucinógenas y adictivas, como por ejemplo la tujona, un aceite relacionado con el alcanfor, que puede provocar ansiedad e insomnio, cuando no era directamente adulterado con productos químicos como virutas de cobre, zinc o índigo, para intensificar su color verde característico, o cloruro de antimonio para reforzar el aspecto lechoso que adquiría al mezclar el ajenjo con agua y azúcar.
"La absenta". Edgar Degas, 1876. Óleo sobre lienzo.
Museo d´Orsay, París (Francia)
El consumo crónico y excesivo de esta brebaje podía ocasionar la visión de halos amarillos alrededor de los objetos. En "El loco del pelo rojo" podemos contemplar a Vincent van Gogh y Gauguin consumiendo esta bebida verdosa en varias escenas. El pintor holandés solía mordisquear sus pinceles manchados de pintura, particularmente tóxica por su contenido en plomo, y beber pequeños tragos de trementina.
De todas las maneras, el empeño del artista en el uso de los tonos amarillentos dorados parece corresponderse más a inclinaciones puramente estéticas que a condicionamientos patológicos, pues sentía verdadera fascinación por la deslumbrante luz mediterránea derramada sobre los girasoles y los trigales de la Provenza (Francia), así como en el rostro de algunos retratos como el del doctor Félix Rey (Alec Mango en este film, aunque sin acreditar), por aquel entonces un joven médico interno de 21 años, que le prestó atención en el hospital de Arlés tras la mutilación auricular. Poco más tarde, a comienzos de 1889 le diagnosticó una epilepsia, recomendándole encarecidamente abandonar el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas.
"Retrato del doctor Félix Rey" 1889, óleo sobre lienzo
Museo Pushkin, Moscú (Rusia)
7.- OTRAS ENFERMEDADES
Algunos autores han llegado incluso a interpretar el cuadro patológico de van Gogh como una caso de porfiria aguda intermitente.
Su etiología es la carencia de la enzima porfobilinógeno-desaminasa (también conocida como hidroximetilbilano-sintasa), que se traduce en una acumulación de determinados precursores del grupo hemo en el hígado.
Es un trastorno hereditario, provocado por un único gen anómalo procedente de uno de los progenitores, ya que el gen normal del otro progenitor permite mantener al 50% los niveles de la enzima deficitaria.
A favor de esta teoría se han manifestado algunos autores, como por ejemplo Marc Edo Tralbault, puesto que varios síntomas de porfiria aguda intermitente pudieron darse en varios de los hermanos van Gogh, más concretamente en Vincent, Theo y Willlemien (Jill Bennet en la película), la hermana preferida del artista, que ingresó en un sanatorio psiquiátrico en 1902 para permanecer recluida hasta su fallecimiento en 1941.
Theo van Gogh (1857-1891)
En la mayoría de las ocasiones, cursa de manera asintomática, pero determinados factores pueden desencadenar episodios críticos, como por ejemplo las dietas bajas en calorías y pobres en hidratos de carbono, la ingestión de alcohol, la exposición a disolventes orgánicos y el estrés emocional, circunstancias todas ellas presentes en la existencia de Vincent van Gogh. Por lo general, en el desencadenamiento de una crisis pueden interactuar varios factores.
El dolor abdominal es el síntoma más frecuente, llegando en ocasiones a ser muy intenso. Puede acompañarse de otros síntomas digestivos, como náuseas, vómitos y estreñimiento. Van Gogh llegó a presentar síntomas de este tipo.
Además son frecuentes los síntomas psíquicos como irritabilidad, inquietud, insomnio, agitación, cansancio y depresión, también referidos por el pintor en múltiples ocasiones.
Entre los síntomas neurológicos también están presentes los temblores y las convulsiones, que en algunos casos podrían necesitar el diagnóstico diferencial con la epilepsia.
CINEFILIA
En este mismo blog nos hemos ocupado anteriormente de "La locura del Rey Jorge" (Nicholas Hytner, 1994), una excelente película basada en el libreto teatral del dramaturgo británico Alan Bennet, en la que contemplamos el padecimiento de esta enfermedad por el Rey Jorge III (Sir Nigel Hawthorne) del Reino Unido (1738-1820)
El 25 de julio de 1990, coincidiendo con el centenario del tránsito del artista, la prestigiosa revista JAMA publicaba un artículo firmado por varios especialistas en Otorrinolaringología de Colorado (EEUU), apoyando la tesis anterior del doctor Koichi Yasuda (1979), que tras revisar concienzudamente toda su correspondencia, llegó a la conclusión de que van Gogh podría haber padecido un síndrome de Ménière.
El especialista japonés corrobora lo que el propio artista confiesa en varias de sus cartas: el padecimiento de ataques de mareos y vértigo. También describe tinnitus y fenómenos de reclutamiento, es decir, la hipersensibilidad auditiva típica de aquellas personas que padecen una pérdida auditiva neurosensorial, y que van Gogh podría estar describiendo al referirse a los ecos y las voces escuchados por los pasillos del hospital psiquiátrico de Saint-Remy.
También las molestias estomacales, en forma de náuseas y vómitos, eran frecuentes como sintomatología acompañante de las crisis de vértigo.
En muchas ocasiones, el exceso de viajes y desplazamientos a lo largo de su vida pudieron ser el detonante de la aparición de las crisis, así como el padecimiento reiterado de las mismas pudo llegar a empujar al paciente hacia el suicidio.
Prosper Ménière (1799-1862)
Para estos especialistas, no existen datos en las cartas de van Gogh que demuestren fehacientemente su trastorno mental, ya que en todo momento parece controlar la razón mientras sufre ataques severos y repetitivos de un vértigo incapacitante, y no de un trastorno compulsivo.
Y es que la descripción completa de este síndrome apenas se conocía en tiempos de van Gogh, una patología del oído interno que continuaría diagnosticándose como epilepsia (al igual que hizo el doctor Peyron en Saint-Remy) hasta bien entrado el siglo XX.
Esta hipótesis diagnóstica se apoyaría en el análisis de "La noche estrellada", una de sus obras más famosas y para la que existen diferentes interpretaciones. Para el doctor Yasuda, las estrellas se representan flotando de izquierda a derecha como ondas giratorias, percibidas de esta manera por el pintor mientras padecía una crisis de vértigo, con la aparición de un nistagmo rotatorio horizontal.
"La noche estrellada", 1889. Óleo sobre lienzo.
MoMA, Nueva York (EEUU)
VINCENT VAN GOGH: ¿UN CASO DE PATOLOGÍA DUAL?
Los especialistas definen la patología dual como la coexistencia en un mismo paciente de la dependencia a una o más sustancias junto a otro trastorno psiquiátrico.
Siguiendo esta premisa, considerando la elevada prevalencia de este tipo de patología en la actualidad, y teniendo en cuenta el historial del pintor de la melancolía, podríamos sopesar esta posibilidad.
Las alteraciones psiquiátricas más frecuentes en personas que abusan de sustancias son los trastornos de ansiedad, afectivos, psicóticos y la esquizofrenia. La asociación de ambas patologías empeora su curso evolutivo, su pronóstico y complica su tratamiento.
No existen demasiadas dudas de que van Gogh padecía una enfermedad psiquiátrica, así como tampoco del abuso de diferentes sustancias (tabaco, absenta, vino) a lo largo de su existencia.
LOS MÉDICOS DE VAN GOGH
En realidad, fue el doctor Marie Jules Joseph Urpar (1857-1915), director médico del hospital de Arlés, el que diagnosticó la patología del artista como un brote maniático agudo acompañado de un episodio de delirium generalizado.
Pero sería el joven doctor Rey el encargado de curar la sección del pabellón auricular, así como de diagnosticarle un cuadro de anemia durante su ingreso en el hospital de Arlés, entre el 24 de diciembre de 1888 y el 7 de enero de 1889.
El doctor Félix Rey realizó la ilustración de la mutilación de van Gogh en 1930, 4 décadas después del fallecimiento del pintor, y se la envió a Irving Stone, autor del libro original que inspiró el guión de "El loco del pelo rojo".
Tras el alta, el pintor siguió manteniendo contacto con este galeno, que le prescribió un tratamiento con drogas para calmar su nerviosismo. Además atribuyó al exceso de tabaco, café y absenta las causas de su enfermedad, así como a los consejos de un manual de medicina naturista de la época publicado por Francois Vincent Raspail, y que van Gogh consultaba habitualmente.
"Naturaleza muerta con un plato de cebollas", 1899. Óleo sobre lienzo
Colección Museo Kröller-Müller, Otterlo (Países Bajos)
Curiosamente el primer trabajo realizado por van Gogh cuando abandonó el hospital de Arlés fue "Naturaleza muerta con un plato de cebollas", repleto de alusiones a su propio estado de salud: una pipa, una bolsa de tabaco y una botella de ajenjo vacía. Además está presente el libro "Manuel annuaire de la santé" de Raspail, una especie de guía de salud que el pintor consultaba con frecuencia, y que le llevaría, entre otras excentricidades, a empapar su almohada y colchón con alcanfor para aliviar su insomnio.
Poco después pintaría al doctor Rey, que aceptaría este regalo del artista, aunque nunca demostró demasiado entusiasmo por esta obra. Relegada al desván de su casa, serviría incluso temporalmente para cubrir un vidrio roto en el gallinero familiar.
Este cuadro fue vendido finalmente en 1990 al marchante Ambroise Vollard por 150 francos; en 1908 fue adquirido primero por la galería Casserier de Berlín, y más tarde por la galería Druet de París, donde sería comprado por 4600 francos por el coleccionista Stchoukine. Confiscado durante la Revolución Rusa, fue incorporado al Museo de Arte Moderno de Moscú, hasta su destino definitivo en el Museo Puskin.
Fotografía del doctor Félix Rey
Respecto al anteriormente mencionado doctor Paul-Ferdinand Gachet (1828-1909), especialista en enfermedades nerviosas, gran aficionado a la pintura y mecenas de artistas. Se encargó de Vincent van Gogh durante su estancia en Auvers-sur-Oise.
Retrato del Doctor Gachet: el hombre de la pipa, 1890. Auguafuerte.
Colección Lunder, Museo de Arte Colby College.
A lo largo de su existencia, adquirió una valiosa colección de obras impresionistas. Además, atendió como médico a la élite de los artistas plásticos de la época, como Cézanne, Corot, Daubigny, Daumier, Dupré, Geoffroy, Guillaumin, Manet, Oudinot, Pisarro y Renoir, siendo retratado por ellos mismos en diversas ocasiones.
Vincent van Gogh se mudó a Auvers en mayo de 1890 para recabar el tratamiento del doctor Gachet, que había adquirido la fama en el manejo de la melancolía, tal y como se denominaba en la época a los trastornos depresivos.
El artista había abandonado el hospital mental de Saint-Paul-de-Mausole, situado en un antiguo monasterio a las afueras de Saint-Remy-de-Provence, y la orientación terapéutica a cargo del doctor Theophile Zacharie August Peyron (1827-1895), interpretado en la película por el actor Lionel Jeffries.
Este ex-médico militar naval, se encontraba al frente de la dirección del nosocomio, si bien su verdadera especialidad era la Oftalmología; sin una formación especializada como psiquiatra, había diagnosticado al artista de depresión y ataques epilépticos.
Corredor del asilo de Saint Remy, 1899. Gouache sobre papel rosa
MoMA, Nueva York
Vincent entendía su estancia en el manicomio como una auténtica reclusión, ya que Peyron lo dirigía como un cuartel. Deseaba abandonarlo porque entendía perjudicaba sus habilidades artísticas. Médico y paciente tuvieron una relación nefasta, pues aunque el doctor Peyron permitió varias veces al artista salir a pintar al exterior, van Gogh terminó provocando sus reiterados ingresos al ingerir sus propias pinturas.
Desde enero de 1889 hasta febrero de 1890, el doctor Peyron escribió varias misivas a Theo van Gogh donde le contaba cómo se encontraba el artista. Además de relatar la intensa actividad pictórica de su paciente, confirmaba el diagnóstico de epilepsia intermitente, con una sucesión de ataques repetitivos que fundamentalmente se exacerbaban cuando Vincent salía para pintar al aire libre.
Según algunos expertos, van Gogh nunca pintaba cuando sufría los ataques típicos de su patología, con la única excepción de un episodio ocurrido en 1890. Es patente que sus logros artísticos dependieron de su particular talento pictórico, y no fueron efectos secundarios de su enfermedad.
CINEFILIA