domingo, 31 de octubre de 2010

PLANTA 4ª


"No somos cojos... ¡somos cojonudos!"



Si la memoria no nos falla, desde la excepcional "Camino" (Javier Fesser, 2008) el padecimiento del cáncer en la adolescencia no había vuelto a ser abordado en este blog...

El tema vuelve a estar de actualidad, debido al estreno de "Vivir para siempre" (Gustavo Ron, 2010), una historia protagonizada por un niño de 12 años enfermo de leucemia.

Para rodar "Planta 4ª" (Antonio Mercero, 2003), el veterano guionista y director entre otras de la claustrofóbica "La cabina" (1972) y de la exitosa serie televisiva "Verano azul", se basó en "Los pelones", obra teatral autobiográfica de Albert Espinosa, que luchó contra el cáncer entre los 14 a los 24 años.

Antonio Mercero

Como su título indica, la trama se desarrolla en una planta hospitalaria de traumatología infantil, donde se encuentran internados varios adolescentes que padecen las secuelas de accidentes de tráfico y diversas patologías tumorales.

Uno de los protagonistas es Juan José Ballesta, que se dio a conocer en el mundo del cine gracias a su extraordinario trabajo en la laureada "El Bola" (Achero Mañas, 2000). En "Planta 4ª" encarna a Miguel Ángel, un chaval alegre y travieso al que le han amputado una pierna debido a un osteosarcoma tibial.

Le acompañan en sus aventuras otros chicos afectados también por sendos osteosarcomas, Izan (Luis Ángel Priego), Dani (Gorka Moreno) y Guillermo (Marcos Cedillo), alias "Pepino", que correrá peor suerte que sus compañeros, pues cuando le diagnostican el cáncer óseo éste ya se habrá diseminado en forma de múltiples metástasis pulmonares... Recordemos que la recaída a distancia del osteosarcoma no suele responder a la quimioterapia y tiene muy mal pronóstico.


Dani, Miguel Ángel e Izan

OSTEOSARCOMA

Se trata del cáncer óseo más frecuente en la juventud; la edad promedio de diagnóstico son los 15 años. A finales de la adolescencia, su prevalencia es mayor en los varones. Aunque puede afectar a cualquier hueso, es más frecuente en las epífisis de los huesos largos, como la tibia y el fémur (ambas localizaciones cerca de la rodilla) y en el húmero proximal (cerca del hombro). En estos aspectos, el guión de la película se ajusta mucho a la realidad.

Desde el punto de vista anatomopatológico se clasifican en osteogénicos, con predominio de osteocitos atípicos que forman hueso osteoide, y osteolíticos, tumores menos diferenciados donde predominan los osteoclastos causantes de la necrosis y destrucción óseas.



Osteosarcoma osteogénico

Los síntomas más frecuentes son fracturas (que incluso pueden ocurrir de manera espontánea), dolor e inflamación local, y cierta incapacidad funcional (pudiendo provocar cojera si el tumor se localiza en la pierna).

El diagnóstico de confirmación se realiza mediante biopsia. En la película, Jorge (Alejandro Zafra) es un muchacho que ingresa en el hospital bajo la sospecha de padecer un tumor óseo. Tras sufrir un accidente de motocicleta, las radiografías revelaron una área radiotransparente en una de sus tibias...

LA PELÍCULA...

Las escenas de este film fueron filmadas en el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares. Respecto al tratamiento, Izan y Miguel Ángel han sufrido sendas amputaciones, debido al rechazo de los implante osteogénicos que en su día fueron empleados para tratar su enfermedad. Dani, sin embargo, no rechazó el implante, pero todavía está pendiente de completar los ciclos de tratamiento con quimioterapia.

En la película existe una escena muy reveladora. El intransigente Dr. Gallego (Miguel Foronda), más crítico con las travesuras de los muchachos que el Dr. Marcos (¡nuestro gallego Monti Castiñeiras!) informa a Dani, Izan y Miguel Ángel de la muerte del malogrado Guillermo. 

Observamos que el miedo y el rechazo de la quimioterapia es común entre estos enfermos, para nada dispuestos a soportar la alopecia, el decaimiento general, las náuseas, los vómitos y la esterilidad provocados por los fármacos citotóxicos (cisplatino, ciclofosfamida, ifosfamida, metotrexato con leucovorina a altas dosis y doxorrubicina).


Monti Castiñeiras es el Dr. Marcos

Mientras Miguel Ángel trata de superar el trauma que le provoca la enfermedad y la extraña relación de amor - odio frente a su padre, Izan pone todas sus esperanzas en la prótesis biomecánica que le permitirá llevar un vida más normal una vez haya abandonado el sanatorio. Paralelamente a todo ello, asistimos también a la historia de amor que protagonizan Dani y Gloria (Maite Jáuregui) una joven con anorexia ingresada en la planta de Psiquiatría, sentimiento que les servirá como motor para seguir luchando contra sus enfermedades...


Para sellar su compromiso con la muchacha, Dani le regalará una de las pulseras de identificación que luce en su muñeca, a modo de valiosos trofeos de guerra: cada operación, una pulsera... Cuantas más pulseras, mayor veteranía, y también mayores sufrimientos.

¿Cómo superan el cáncer los adolescentes hospitalizados? ¿Es real el drama que Antonio Mercero nos presenta en esta película? Pues lo consiguen gracias a la amistad, a la solidaridad, al amor, a la música, al deporte, a la imaginación, al humor y a la fantasía : ¿existe realmente la modelo con la que sueña Miguel Ángel?...

Desde nuestra humilde perspectiva respaldamos el valor médico y formativo de esta obra; asistimos como espectadores al particular microcosmos (a la manera del de McMurphy en "Alguien voló sobre el nido del cuco") generado entre las paredes de un centro sanitario, frías, asépticas, impersonales, y cómo el ingenio de estos jóvenes enfermos les permite sobrevivir al entorno, soportando el dolor de su propia enfermedad y la de sus compañeros.


PULSERAS ROJAS



"Polseres vermelles" es el título original de la exitosa serie de TV3 centrada en la vida de 6 adolescentes que deben pasar una larga estancia entre las paredes de un hospital, idea que entusiasmó al mismísimo Steven Spielberg y cuya adaptación a buen seguro realizará el salto a la fama en las pantallas norteamericanas.

Los problemas de la adolescencia, el primer amor, el aislamiento del joven enfermo, el compañerismo y la amistad... todos ellos son valores destacados en la película de Antonio Mercero. No en vano la historia sobre la que se vertebra la serie es la misma protagonizada personalmente por Albert Espinosa.

Mucha más información en el siguiente enlace...




CINEFILIA:
  • El personaje de Izan se apellida Espinosa; representa al alter ego de Albert Espinosa, autor de la obra teatral en la que se inspiró la película...
  • Todos los chicos son fans de "Estopa", que intervienen en la actuación final en el gimnasio del hospital.
  • Como en su día le ocurrió a Lew Ayres, Monti Castiñeiras también tiene cara de médico... A su papel como el Dr. Marcos en esta película debe añadirse su ulterior intervención como el Dr. Fernando en "¿Y tú quién eres" (Antonio Mercero, 2007)
  • La banda sonora original es obra del polifacético Manuel Villalta, arreglista y compositor que ha trabajado con Nacha Pop y Miguel Bosé, amén de componer la música de varias otras películas españolas.
  • El ejercicio colectivo de onanismo que protagonizan Dani, Izan y Miguel Ángel es el cuarto de baño de su habitación tiene como fondo musical la archiconocida "Marcha Radezstky", composición de Johann Strauss padre, un hito en el tradicional Concierto de Año Nuevo de Viena.

domingo, 24 de octubre de 2010

LA BALADA DE NARAYAMA




"Nuestras vidas son como narraciones o historias que contamos conforme las representamos en el mundo. Por tanto, al entender las historias de los ancianos, podemos entender mejor las diversas formas en las que los ancianos definen su autoestima y cuáles son los planteamientos problemáticos..."

"Ética y envejecimiento", George J. Agich. En "De la vida a la muerte", David C. Thomasma y Thomasine Kushner. Cambridge University Press, 1999.

Entonces, ¿podría valorarse a una sociedad determinada por el trato que dispensa a sus ancianos?

Varios cineastas han intentado contestar esta pregunta desde sensibilidades artísticas bien diversas, desde la flamante "Amador" (Fernando León de Aranoa, 2010), pasando por la oscarizada "Regreso a Bountiful" (Peter Masterson, 1985) o el descarnado neorrealismo de "Umberto D." (Vittorio de Sica, 1952), hasta esa obra de arte minimalista titulada "La ventana" (Carlos Sorín, 2008) o la coproducción hispano - argentina "Elsa y Fred" (Marcos Carnevale, 2005), protagonizada al alimón por China Zorrilla y nuestro entrañable Manuel Alexandre, recientemente desaparecido a los 92 años de edad.



China Zorrilla y Manuel Alexandre son "Elsa y Fred"

Comenzaba esta entrada haciendo referencia a un escrito de George J. Agich, médico y profesor especializado en Bioética.



Se trata del autor de un preclaro ensayo que intenta plantear ciertas cuestiones elementales sobre la ética del envejecimiento que entiendo contestadas de forma tal vez involuntaria, pero con demostrada solvencia, en "La balada de Narayama" (Shôhei Imamura, 1983).

Vayamos por partes. La contemplación del abandono de un anciano nos provoca un sentimiento de pena y una inmensa sensación de repulsa. Esta situación inaceptable aparentemente entraría en colisión con la historia que Imamura expone delante de nuestra mirada.


En una sociedad contemporánea, donde se rinde culto a la juventud, a la salud y a la independencia, ¿resultaría admisible desentendernos de nuestros mayores? Si por los avances sanitarios nuestra sociedad cada vez está más envejecida, si además la actual crisis económica mundial ha servido para despertarnos de aquel dulce sueño de los recursos ilimitados, ¿terminarán siendo los ancianos, los débiles y los desfavorecidos los más perjudicados?



Como siempre, el cine no ha podido eludir el reto de la realidad, aunque esta vez no sea en el presente sino en ulteriores tiempos más pesimistas. "Aufstand der Alter" (Jörg Lühdorff, 2007), una serie televisiva alemana cuyo título podríamos traducir como "La rebelión de los ancianos", plantea bajo el formato de un falso documental la revuelta de los ciudadanos mayores en el año 2030 ante las condiciones infrahumanas que les toca vivir. ¿Ciencia - ficción?...



En "La balada de Narayama", a modo de un magno haiku pleno de lirismo y belleza, el influente cineasta nipón desarrolla la subsistencia de una familia rural en el Japón de la Era Meiji (1868 - 1912), donde el realismo y la brutalidad escandalizan nuestras conciencias de personas "civilizadas": el suicidio, el infanticidio (ese cadáver de un recién nacido abandonado sobre los campos de arroz helados), el asesinato, el bestialismo (el tarado que alivia su concupiscencia con una hermosa perra de la raza Akita Inu), el utilitarismo, la ley del talión... Imamura hace proliferar las escenas de animales copulando para recordarnos la frontera difusa que separa a aquellos desdichados humanos de las propias bestias...


El frío, la tempestad, la nieve, el deshielo, la suciedad, el viento, el hedor que puede llegar a desprender el cuerpo humano, en contraposición al aroma de las flores o al dulzor que desprende el arroz recién hervido, y la fatigosa ascensión hasta el improvisado osario de la montaña, abandonan la pantalla para estremecernos, si cabe aún más, como espectadores del esta sensacional obra de arte cinematográfico.


¿Acaso podría alguien evitar el sobrecogimiento ante la despiadada escena en la que un hombre empuja a su anciano padre por un despeñadero?


Orin (Sumiko Sakamoto) y Tatshuei (Ken Ogata)

La protagonista es Orin (Sumiko Sakamoto). La fecha de su 70º aniversario se aproxima y ella, encorvada por el trabajo y por el peso de los años, comienza a plantearse su último viaje al monte Narayama para completar su ciclo vital. Ancestrales costumbres imponen a un varón de la familia llevar al anciano que cumple 70 años hasta las inhóspitas cumbres para abandonarlo allí a su suerte. Cuestión de supervivencia. Como el vender o matar a los hijos varones cuando ya existen en la familia un primogénito y un benjamín.

Encorvada por unas más que probables osteoporosis y artrosis vertebrales, a pesar de su edad Orin disfruta de una vida saludable. Trabaja en el campo y capitanea las labores domésticas, y todavía posee una dentadura en buen estado que le permite alimentarse sin problemas. En una conmovedora escena veremos como ella misma se rompe varios dientes golpeándose contra una piedra, para acelerar su discapacidad.

Su hijo mayor es Tatsuhei (Ken Ogata), patriarca familiar desde que su padre desapareció en el pasado, cargado para siempre con el estigma de la cobardía por no haberse atrevido a llevar hasta el Narayama a su madre. Tatsuhei ama y respeta profundamente a Orin. Sus sentimientos se debaten entre el afecto hacia la venerable anciana y la ira contenida por tenerse que responsabilizar de la inhumana tarea del cruel abandono.

¿Por qué una sociedad debe deshacerse de uno de sus individuos que todavía goza de autonomía propia? ¿Acaso Orin, a pesar de sus limitaciones e inmersa en el fragor de sus tareas cotidianas, no lleva la mejor vida posible? He aquí una de las primeras controversias presentes en el film de Imamura.


Shôhei Imamura

Contra la opinión popular "La balada de Narayama" no es una obra original de Shôhei Imamura. El guión está basado en la novela original de Shihirô Fukazawa (1914 - 1987). Existe una versión homónima de 1958, dirigida por Keisuke Kinoshita, protagonizada por la prolífica actriz japonesa Kinuyo Tanaka en el papel de Orin.




El filósofo Daniel Callahan (The Hastings Center - Nueva York), reconocida autoridad en Bioética, ha argumentado sobre la función positiva de los ancianos en la sociedad, especialmente a la hora de transmitir a las generaciones más jóvenes sus experiencias vitales y sus preciados valores. Este positivismo levaría implícito, sobre todo para los mayores de 85 años, la disposición a aceptar la muerte como algo apropiado. En otras palabras, los ancianos estarían obligados a participar en la función social de dejar sitio para la siguiente generación. En el ámbito laboral, esto ya viene ocurriendo con la jubilación. Según Callahan, podría ser injusto apoyar y exigir el empleo de tecnologías e investigaciones destinadas a prolongar la vida a los muy ancianos. La controversia queda servida.

En contraposición a estas ideas, culturas no occidentales no solamente valoran la vejez, sino que además la honran y veneran. Todavía está fresco y reciente el descubrimiento en Atapuerca de los restos fósiles de un Homo antecessor senil y minusválido, supuestamente cuidado por el resto de la comunidad hasta el final de sus días.


¿Dónde establecerían los lindes para renunciar a la vida? Callahan propone los 85 años (por cierto, ¡él tiene en la actualidad 80!). Simplemente recordar aquí que la esperanza actual de vida de las mujeres en Galicia y en España roza casi ya esa edad... En "La balada de Narayama" el límite son los 70 años, tal vez una cifra nada desdeñable considerando las condiciones sanitarias y sociales del Japón rural en aquellos tiempos...

En la película "La fuga de Logan" (Michael Anderson, 1976), que posteriormente generaría una exitosa serie televisiva, la frontera estaba en los 30 años; sin embargo, en la novela original de William F. Nolan y George Clayton Johnson inspiradora del guión cinematográfico la obligación de extinción se situaba en los ¡21 años!.


La anciana Orin tuvo suerte: el día que ascendió al Narayama para completar su existencia, comenzó a nevar...


Finalizamos estas reflexiones tal y como comenzamos, con una cita de George J. Argich:

"la injusticia más evidente relacionada con la vejez en nuestra sociedad, una injusticia que los meros cambios en la política social no erradicarán con facilidad, es que no logra valorar a los ancianos por lo que son, personas ancianas. Se trata de personas que han sobrevivido y vivido épocas pasadas. Si no somos capaces de apreciar esta simple verdad, nuestra sociedad seguirá sin resolver las cuestiones éticas relacionadas con la senectud".


domingo, 17 de octubre de 2010

PRECIOUS


"Precious" (Lee Daniels, 2009) es una película poseedora de una cualidad exigua en el cine contemporáneo, pues ha conseguido ganarse a la par los elogios de la crítica y los del público.

Aunque a primera vista pudiéramos etiquetarla dentro del cine comprometido y social, su director ha confesado sin pudor sus claras intenciones a la hora de realizar una película taquillera, aunque sea a costa de un formato dramático sobre la capacidad de superación humana.

El guión de Geoffrey Fletcher está basado en "Push", la novela original de la escritora afroamericana Sapphire, que también desempeña un breve papel en la película.

No estamos ante un film que se centre en una patología concreta. Como espectadores asistimos a la desgarradora historia de Clareece "Precious" Jones (colosal interpretación de la debutante Gabourey Sidibe), una joven de 16 años que en toda su vida jamás ha disfrutado de un momento de felicidad: mujer, de color, obesa, nacida en el Harlem más profundo y marginal, sometida con la connivencia materna a los abusos sexuales de su padre desde los 3 años de edad, violada sistemáticamente por su progenitor, analfabeta...


Gabourey Gabby Sidibe es Precious

Con apenas 16 años debe cargar sobre sus corpulentas espaldas con la pesada carga de 2 hijos que a la vez serían sus hermanos, una niña con síndrome de Down, y además sufrir sin descanso las constantes humillaciones de una madre brutal (Mo´nique) que además la responsabiliza de todas sus desgracias... Un panorama desolador...

La traemos a este blog como motivo de reflexión de una patología, la obesidad mórbida, que se extiende por nuestra sociedad como una gran mancha de aceite.



Las mujeres de la familia Jones

Hasta hace unas décadas, la obesidad era interpretada como una enfermedad de la opulencia. Sin embargo, las estadísticas nos muestran que las clases sociales más deprimidas son las más afectadas por esta patología. La obesidad suele ir acompañada de otra cruel enfermedad, la diabetes tipo 2. Incluso hay autores que identifican a la pobreza como la causa directa de la obesidad, con un efecto superior al de los malos hábitos alimenticios:



Esta película parece creada para argumentar este axioma. Las mujeres de la familia Jones son pobres y obesas. Mary Jones, la madre, se nos muestra en todo momento sentada delante del televisor exigiendo permanentemente los cuidados de su hija Precious. Alcohol, bebidas hipercalóricas gaseadas, grasientas manitas de cerdo y porciones de pollo frito son parte habitual de su dieta, alimentos abundantes y baratos de los que se nutren los menesterosos en el supuestamente mundo desarrollado. Al sedentarismo, la madre añade otro factor que eleva su riesgo cardiovascular: fumar.



Mo´nique es la despótica Mary Jones

Precious es cliente habitual de los establecimientos de comida rápida. En una de las escenas podemos verla huir por las calles con un enorme recipiente lleno de alitas de pollo frito.

Cuando Precious da a luz a su pequeño Abdul, las compañeras en la escuela alternativa "Each One/Teach One" le hacen una visita en la maternidad. Todas se confiesan devotas de las hamburguesas y de la llamada comida basura.

Las personas que se preocupan por esta desdichada muchacha son muy pocas:

  • El rockero Lenny Kravitz interpreta al enfermero John, que cuida de Precious tras su segundo parto.


    • Mariah Carey es la Srta Weiss, la trabajadora social encargada de la familia Jones.

    • Por último, la bella Paula Patton es la Srta Rain, la combativa maestra encargada del programa de educación alternativa, que incluso llega a albergar a la joven marginada cuando huye con su pequeño de la brutalidad del hogar materno.