domingo, 25 de mayo de 2008

LOS NIÑOS DEL BRASIL

"¿No le gustaría a usted vivir en un mundo lleno de Mozarts o Picassos?. Desde luego, es sólo un sueño. No sólo habría que reproducir el núcleo genético del donante, sino también todo su ambiente vivido..."

(Diálogo entre el profesor Bruckner y Ezra Lieberman en "Los niños del Brasil")

"Los niños del Brasil" (Franklin J. Schaffner, 1978), no cuenta con mi beneplácito; ni tan siquiera es una gran película pero, debido a la audaz propuesta que plantea sobre un tema especialmente polémico y controvertido como es la clonación humana (sobre todo tratada aquí en su vertiente negativa), su valoración crítica no podía demorarse más tiempo sin aparecer en esta bitácora.


Además, tiene el aliciente de contar entre su reparto estelar con el admirado y respetado actor Gregory Peck, interpretando uno de los escasos papeles de villano que realizaría a lo largo de su dilatada carrera: el del fanático y despiadado médico nazi Joseph Mengele.

Una curiosidad de la gran pantalla. El maestro británico en el arte de la interpretación contemporánea, Sir Laurence Olivier, encarnó en esta película al veterano cazador de nazis Erza Lieberman, una clara referencia a la persona y al significado de Simon Wiesenthal, el implacable vengador austriaco del genocidio judío, que realmente estuvo a punto de atrapar al verdadero Mengele cuando anduvo en Sudamérica tras los pasos de Adolf Eichmann. Pues bien, con anterioridad, en la película titulada "Marathon Man" (John Schlesinger, 1976), Laurence Olivier había encarnado al malvado Dr. Christian Szell, un criminal dentista nazi, personaje a su vez inspirado en el propio Dr. Mengele. Así, se cierra este peculiar círculo anecdótico.




Laurence Olivier, como el dentista nazi Christian Szell



Laurenc Olivier, caracterizado como Ezra Lieberman


El guión de este film está basado en la novela homónima del popular escritor neoyorquino Ira Levin, publicada en 1976. Cuenta con la magnífica banda sonora debida a Jerry Goldsmith, con variaciones sobre los atronadores acordes de un vals prusiano, pleno de ritmo y marcialidad.


En la década de los años 60 del pasado siglo XX, la presencia del verdadero Dr. Mengele en los ignotos territorios que forman la frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina parece no plantear demasiadas dudas. Murió en 1979 en Sao Paulo (Brasil), víctima de un infarto. Quién sabe si tal vez tuvo la oportunidad de revivir en las pantallas una parte de su infame historia.




Pero, desde el punto de vista médico y científico, ¿qué podría haber de cierto en el fantástico argumento sugerido en esta película?:

  • Grosso modo, la clonación es un tipo de reproducción asexual (sin dos gametos) que implica la formación de individuos idénticos al que aporta la carga genética nuclear. Para mejor entendernos, hoy en día es posible manipular un ovocito sin fertilizar y extraerle su núcleo celular, privándolo de esta manera de su carga genética inicial. Simultáneamente, se toma una célula somática de un sujeto donante y también se le extrae el núcleo, que es inyectado en el citoplasma del ovocito anteriormente desnucleado. El resultado es una "nueva" célula, que cuenta con el citoplasma del óvulo (¿materno?) y el núcleo con el material genético del individuo donante. Implantada en una hembra fértil, de esta forma podrá desarrollarse un embrión idéntico genéticamente al individuo que aportó la célula somática. Ya tenemos un clon.

  • Los experimentos pioneros en el campo de la clonación fueron realizados por John Gurdon y sus colaboradores de la Universidad de Oxoford, iniciados a finales de los años 50 del siglo XX. En 1967, Gurdon demostró que era posible clonar ranas a partir de las células intestinales de dichos anfibios. Por ello fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina. Neal First, de la Universidad norteamericana de Madison consiguió en 1986 la primera vaca por clonación.
  • En 1997, Ian Wilmut, del Instituto escocés de Roslin, consiguió clonar una oveja, la famosa Dolly. Aunque en su gestación empleó mejoras técnicas ostensibles, la base teórica fue similar a la demostrada por Gurdon. El perfeccionamiento de estos procedimientos pudiera posibilitar, algún día, la clonación de seres humanos (ya se ha hecho con simios).


  • En "Los niños del Brasil" asistimos a unas escenas en las que un incomprendido Mengele añora sus portentosos experimentos de clonación en la selva brasileña, solitario y apesadumbrado entre las ruinas del que un día fuera su pujante laboratorio, que llegó a contar incluso con una dotada clínica obstétrica anexa. Observamos cómo extraía los óvulos de las mujeres donantes mediante laparosocopia, cómo los manipulaba en el laboratorio y cómo volvía a implantar los embriones en las futuras madres gestantes. Los núcleos de las células donantes supuestamente se obtendrían a partir de las células hemáticas que Mengele habría extraído del Fuhrer antes de su suicidio en el bunker de Berlin.


  • Otra curiosidad para cinéfilos: cuando Ezra Lieberman, en la procura de información más concreta sobre las técnicas de clonación visita el Instituto Biológico de la Universidad de Viena, se entrevista con el Profesor Bruckner, experto en genética. Este personaje está interpretado por el actor Bruno Ganz, protagonista de "El hundimiento" (Oliver Hirshbiegel, 2004), donde encarnaría al mismísimo Adolf Hitler. Mediante un documental, la técnica de clonación que Bruckner explica a Lieberman es una variante de la desarrollada también por John Gurdon; concretamente, se emplea radiación ultravioleta para inutilizar el núcleo de un ovocito de una coneja blanca. Finalizado este proceso, al gameto desnuclearizado se le inyecta el material genético de una célula sanguínea procedente de un conejo negro. Los blastocistos cultivados en laboratorio, son implantados en el útero de conejas blancas, que al cabo de 1 mes parirán camadas de conejos completamente negros.

En "El hundimiento", un excelente Bruno Ganz recrea los últimos días de la vida de Hitler

viernes, 23 de mayo de 2008

EL CEREBRO QUE NO PODÍA MORIR



Una tenue voz ruega llorosa: "por favor, dejádme morir"...


Con estos comentarios críticos sobre "El cerebro que no podía morir" (Joseph Green, 1962) inauguramos una novedosa sección que tratará la inefable, divertida y apocalíptica relación establecida entre la medicina y el cautivador género cinematográfico de la ciencia-ficción.


El guión de este film de serie B, rodado en blanco y negro (como debe ser), se centra en la fábula clásica del amante desesperado que trata de arrebatar a su amada de las poderosas garras de la muerte. Fue escrito y llevado a las pantallas por el propio Joseph Green, en colaboración con el también productor Rex Carlton. Ambos imaginaron que, en ayuda de tan audaz protagonista, supuestamente acudiría una novedosa especialidad de la medicina moderna, la Neurocirugía, en el desesperado intento de reucitar esa tan querida carne exánime suya.


Tal vez su argumento pueda resultar sumamente manido y trivial: el reputado Dr. Bill Cortner (Herb Ellis) pierde a su escultural prometida Jan Compton (interpretada por la actriz y modelo Virginia Leith), víctima de un espantoso accidente de tráfico que él mismo imprudentemente ha provocado; como consecuencia, la bella mujer queda decapitada. A partir de entonces, tratará de trasplantar su cerebro (¡su cabeza!) a un nuevo cuerpo que le permita recuperar su perdido amor. Con tal finalidad, siempre auxiliado por su tullido y atormentado ayudante Kurt (Leslie Daniels), en el laboratorio de experimentación mantiene viva la cabeza de Jan, conectada a unos increíbles artefactos y flotando en una extraña perfusión. El siguiente paso será encontrar la candidata adecuada que "preste" su cuerpo para el demencial trasplante.

Pero, a medida que va transcurriendo el tiempo, el amor por la desgraciada muchacha pasará a un segundo plano; este sentimiento dejará paso a la desmedida ambición del médico, enajenado ante la posibilidad de un éxito experimental sin precedentes. Por si fuera poco, la increíble trama se complica con un espantoso mutante que el Dr. Cortner mantiene encerrado en un armario calabozo, al que Jan tratará de influenciar telepáticamente para que asesine a su creador. De esta manera, ella misma podrá por fin descansar en paz. He aquí la venganza del monstruo contra su creador, la misma que había inspirado en 1818 a la genial Mary Wollstoecraft Shelley...


Con toda razón, algunos cinéfilos han calificado a esta película como una de las peores de la historia del 7º Arte, haciéndola comparable a aquellas patéticas obras firmadas por el vilipendiado realizador Ed Wood. Recordamos aquí su extravagante figura, reivindicada en 1994 por el director Tim Burton y recreada por aquella inolvidable interpretación de Johnny Depp. Las escenas en las que el cirujano salva la cabeza seccionada de su novia de los restos incandescentes del automóvil descapotable mientras vaga desorientado por el bosque son verdaderamente esperpénticas. De la misma manera, una hilaridad mayúscula se desencadena en las imágenes donde aparece la taimada cabeza parlante...


Hagamos aquí en breve inciso hagiográfico: mártires decapitados (¡como Jan!) fueron los santos hermanos mellizos Cosme y Damián, que aprendieron y ejercieron la medicina en Siria, allá por sl siglo III después de Cristo. A ellos se atribuye el milagroso "trasplante de la pierna negra"; según la tradición cristiana, ambos curaron la gangrena que afectaba al diácono Justiniano amputándole la extremidad enferma y trasplantándole una pierna procedente del cadáver de un joven etíope recién fallecido.



A modo de un Dr. Frankenstein contemporáneo, el Dr. Cortner busca un cuerpo joven, bello y vigoroso para su terrible experimento. Con tal finalidad, acude a un sórdido club de striptease en la procura de una víctima, visita modelos en estudios fotográficos o simplemente sigue a las bellezas que se pasean por las calles de Tarrytown, Nueva York. Cuando está a punto de consumar sus criminales intenciones en la persona de la modelo Doris Powell (interpretada por la diminuta y preciosa actriz Adele Lamont), el monstruo ejecutará su terrible venganza.

Aunque su rodaje finalizó en 1959, la película que nos ocupa se estrenó en 1962... Los primeros trasplantes de riñón exitosos datan de mediados de los años 50... En 1961, comenzó a utilizarse la azatioprina, el primer fármaco inmunosupresor. En 1963, el Dr. Starzl realizó el primer trasplante hepático. El paciente sobrevivió apenas 5 horas... En 1966, el Dr. Lillehier realizó con fortuna el primer trasplante de páncreas... El primer trasplante cardíaco fue practicado en 1967 en Sudáfrica por el mítico Dr. Barnard... En 1962, las esperanzas futuras depositadas en estas innovadoras técnicas quirúrgicas eran infinitas; entonces, ¿por qué no dejar volar libremente la imaginación?




En fin, una película de bajo presupuesto huérfana de pretensiones artísticas (¡y científicas!), otra de tantas que a buen seguro sirvió de entretenimiento barato para los adolescentes norteamericanos de principios de los 60, una sencilla obra concebida para disfrutarla en un cine de verano al aire libre, recostado en un descapotable (en la película salen un Mercury y un Ford, modelos convertibles de 1959), con una sobrecogida noviecita temblando en el asiento de al lado...



A diferencia de otras, la moraleja de esta historia no aparece al final; en las escenas iniciales, mientras ambos se asean después de una complicada intervención quirúrgica, el Dr. Cortner padre (Bruce Brighton) le recomienda a su soberbio y altivo hijo Bill: "hazlo con ratones, con conejos, con monos..., pero nunca experimentes con seres humanos".


NOTAS:

  • Cuenta el Dr. Pedro García Barreno, en su ameno libro sobre la historia de la Medicina titulado "De pócimas y chips" que en 1954, el equipo quirúrgico que dirigía en Boston el Dr. Joseph E. Murray realizó con éxito el primer trasplante renal intervivos, siendo el donante y el receptor una pareja de hermanos gemelos.
  • El personaje del monstruo mutante fue interpretado por el gigante israelita Eddie Carmel (2.30 metros). Antes de ser actor, trabajó en el circo y llegó a ser campeón de lucha libre. Afectado por una acromegalia, falleció prematuramente a los 37 años, víctima de su patología endocrina.


  • Esta película puede verse directamente en Internet (en su versión original en inglés) a través del siguiente vínculo gratuito:

http://www.archive.org/details/the_brain_that_wouldnt_die



sábado, 17 de mayo de 2008

GATTACA



Ethan Hawke es Vincent Freeman/Jerome Morrow en "Gattaca"


"No existe ningún gen para el espíritu humano..."


En mi humilde opinión, estamos ante un intento fallido. Un buen argumento que, en manos de un cineasta más hábil, dotadas de una mayor pericia, originalidad y experiencia, sin duda alguna podrían haber dado como resultado la última película de culto del pasado siglo XX. Si se me permiten sugerencias, me gustaría ver qué hubieran hecho con este tema Stanley Kubrick (uno de mis favoritos, fallecido en 1999), Ridley Scott (magnífico creador de ambientes, que quizás se echen demasiado en falta aquí) o David Lynch, (inquietante, onírico, apocalíptico) por poner unos ejemplos.

Pero estimo que así quedó "Gattaca" convertida una bonita tentativa, un entretenido thriller a medio camino entre el videoclip (no en vano, y al igual que Ridley Scott, en este campo publicitario comenzó su carrera profesional el director Andrew Niccol) y el pretendido film de ciencia-ficción.

Este joven director neozelandés se responsabilizó también del guión de la película, en el que reconozco el mérito de introducir, en 1997, una serie de cuestiones metafísicas relacionadas con la posibilidad de utilizar técnicas de ingeniería genética para mejorar la naturaleza y las cualidades humanas, superando las barreras del campo meramente teórico y pasando directamente a su aplicación práctica.


1997. Creo recordar que fue el año de publicación de un sugestivo libro titulado "Vuelta al Edén. Más allá de la clonación en un mundo feliz", escrito por el Dr. Lee M. Silver, entonces catedrático de Biología Molecular, Ecología y Biología Evolutiva en la prestigiosa Universidad de Princeton. Recomendamos su lectura a todos aquellos aficionados a las cuestiones físicas y ontogénicas planteadas en "Gattaca".

http://www.leemsilver.net/


La palabra que sirve de título a esta película está formada por una combinación de las cuatro iniciales de las bases nitrogenadas que forman el ADN: adenina, citosina, guanina y timidina. Una pista complementaria aparece ya desde el inicio, en el juego de letras de los créditos iniciales.






La acción se desarrolla en un futuro no muy lejano. Desde el planeta Tierra se envían constantemente naves destinadas a la exploración espacial. Los seres humanos pueden elegir entre la reproducción sexual, mucho más primitiva y animal, basada en un desenfrenado y pasional intercambio de fluídos, donde el azar rige sempiternamente el destino del futuro ser, o la aséptica generación asexual, en la que el genetista une en el laboratorio los gametos femenino y masculino, depura los errores de su ADN y ensambla en el embrión el material genético necesario para la potenciación de sus futuras cualidades. Entonces, ya no habrá daltónicos, hemofílicos, dislipémicos, síndromicos... ni ningún desafortunado heredero de las taras y de las patologías de sus imperfectos ancestros. El homo sapiens habrá evolucionado al homo supergeneticus.


Vincent Freeman (interpretado aquí por un descafeinado Ethan Hawke) es fruto de la pasión de sus progenitores, Marie (Jayne Brook) y Antonio Freeman (Elias Koteas). Desde el mismo momento del nacimiento, a partir de una simple muestra de sangre extraída de su talón (método similar al actualmente empleado para la detección precoz de determinadas metabolopatías neonatales), su historial médico y patológico quedará indeleblemente escrito: miopía, cardiopatía isquémica, muerte precoz. Vincent será un "in-válido", un degenerado.


La frustración de la pareja tras el nacimiento de su tan limitado primogénito les lleva a engendrar un segundo vástago eugenésico, Anton (Loren Dean), dotado de una perfección genética artificial. Desde la más tierna infancia, la historia de unos nuevos Caín y Abel parece tomar cuerpo. Anton crece sano y vigoroso, mientras Vincent se refugia en sus anhelos: sueña con llegar a ser piloto espacial.


Con frecuencia, los dos hermanos se retan en un juego que ellos denominan "el gallina": ambos se adentran nadando desafiando las olas de un ambravecido mar, tratando de dirimir cuál es el primero que se cansa (o se amedrenta) y emprende el camino hacia la seguridad de la playa. Anton siempre resulta vencedor. Destacamos aquí el juego de palabras empleado por Niccol, pues simboliza al hermano mayor con el nombre de Vincent (en alusión a la palabra latina vincitor, vencedor), mientras el más joven recibe el nombre de Anton, hijo mitológico de Hércules.


Únicamente Vincent parece creer en sus posibilidades. Solitario en el enfrentamiento contra su propio destino, en tan sólo una ocasión logra superar a Anton en el reto natatorio, salvándole de paso la vida. Este es el punto de inflexión en su existencia. Abandona el hogar paterno y recorre diferentes oficios. Como miembro del servicio de limpieza, por fín consigue traspasar el umbral de Gattaca, el reino de los "válidos", el mítico centro de preparación de los futuros científicos y cosmonautas.

Llegados a este punto del relato, hay que reconocerle e Andrew Niccol otro mérito: el planteamiento de la futura segregación de la raza humana, no por cuestiones derivadas del color de la piel o de las diferencias económicas y sociales, sino por un inquietante hecho perfectamente factible en el futuro: el perfeccionamiento genético artificial. Lee M. Silver lo vaticinaba en su libro y el controvertido Craig Venter, pionero en la secuenciación del genoma humano, trabaja en la actualidad en la creación de ADN artificial...


La oportunidad de realizarse personal y profesionalmente dentro de Gattaca le llegará a Vincent a través de la suplantación de Jerome Morrow (encarnado por un hermoso y atormentado Jude Law), en mi opinión el verdadero protagonista de la historia, un ser programado para la perfección que, sin embargo, se encuentra encadenado a una silla de ruedas por haber sufrido un accidente de tráfico (en realidad, un fallido intento de suicidio); de esta manera transcurre su existencia, refugiado en el alcoholismo y la depresión.

Vuelvo a pedir disculpas, pero así como verdaderamente me encantó en el papel de Jake, el policía novato de "Training Day" (Antoine Fuqua, 2001), Ethan Hawke no me termina de convencer en el papel de Vincent/Jerome; si yo hubiera sido el director, le hubiera dado al propio Jude Law la doble representación del personaje del válido/in-válido...; creo que lo habría bordado.

La figura del verdadero Jerome Morrow, el válido diseñado practicamente para la inmortalidad, me trae a la memoria la perfección de los Nexus - 6 de "Blade Runner" (Ridley Scott, 1982), si bien estos engendros casi humanos estaban dotados de una indefectible fecha de caducidad, para evitar que algún día llegasen a dominar a sus propios creadores. Pero, por mucho que la programación genética haya potenciado sus cualidades físicas y psíquicas, nadie está libre de un desafortunado accidente que dé al traste con todo el proyecto genetista.

Vincent se convertirá en Jerome y Jerome se convertirá en Eugene (el "bien nacido" en griego), su fiel alter ego, su otro yo en la sombra, el preparador de las muestras de sangre y orina, cuyos test de verificación todos los días se convierten en la llave de entrada del impostor Jerome en Gattaca. Vincent adoptará la identidad de Jerome, se apropiará de su cuerpo y de su personalidad, mientras Eugene vivirá como suyos propios los sueños imposibles de Vincent. Dentro de Gattaca, Vincent/Jerome encontrará también el amor. Ella se llama Irene Cassini (una excesivamente gélida Uma Thurman), nombre que juega con las palabras "paz" (Irene en griego) y Cassini (el apellido del famoso astrónomo italino del siglo XVII) y que también aportaba su apellido a la sonda Huygens-Cassini que la NASA envió hacia los confines de nuestro sistema planetario precísamente en 1997.

Asumiendo en todo momento que estamos ante una ficción cinematográfica, y que defendemos escrupulosamente la libertad creativa del director y guionista a la hora de construir su relato, ciertos aspectos del film resultan poco ortodoxos desde el punto de vista médico y científico:

  • Las pruebas de detección de ADN a partir de muestras de cabellos sólo pueden realizarse cuando éstos van acompañados de células procedentes del folículo piloso. Otro tanto ocurre con las muestras urinarias, que en condiciones normales portan un número insuficiente de células, necesario para realizar un óptimo análisis.
  • El procedimiento para "fichar" en el trabajo, basado en constantes y dolorosos pinchazos en la yema de los dedos, en lugar de la socorrida impresión dactilar o la huella del iris.
  • También resulta increíble que alguien pueda suplantar la frecuencia cardíaca de otro sujeto con un artefacto de grabación, máxime cuando Vincent/Jerome desarrolla una taquicardia postesfuerzo acompañada de una disnea importante.
  • Por último, los cosmonautas inician el despegue hacia su misión espacial en el nebuloso Titán vestidos con corbata y clásicos ternos de paño oscuro.

Inicialmente, Andrew Niccol deseó titular su película como "El Octavo Día", encabezamiento de claras connotaciones bíblicas, pues según el Génesis, Dios creó el universo y sus criaturas en seis días, "y el séptimo descansó..." Esa octava jornada tendría al hombre como protagonista, capaz mediante la ciencia y la tecnología de erigirse también en creador de vida. No pudo ser, porque ya existía anteriormente una película belga sobre la amistad y el Síndrome de Down así titulada (Jaco Van Dormael, 1996).

Pero retornemos a la crítica cinematográfica. En la parte positiva, destacamos la original ambientación arquitectónica, la mayoría de los escenarios de rodaje situados en edificios californianos, con su luminosidad apergaminada reforzada artificialmente por Slawomir Idziak, el director de fotografía. Entre ellos distinguimos ejemplares del "brutalismo" (corriente posmoderna norteamericana, popular en los años 50), el Marin County Civic Center de San Rafael, la KJC Solar Farm de Los Ángeles (preciosa la imagen de Ethan y Uma, que llegaron a ser matrimonio en la reealidad, observando cómo se mueven las placas solares buscando los primeros rayos del amanecer), los aliviaderos del Dique de Sepúlveda, también en Los Ángeles, o la casa donde conviven el falso y el verdadero Jerome Morrow, con su escalera central de caracol, reminiscencia de la doble hélice del ADN.


Jude Law, Eugene/Jerome Morrow ante la escalera de caracol

Y un sobresaliente para el sobrio vestuario de corte clásico y colores oscuros debido a las expertas manos de Colleen Atwood, aunque a Uma Thurman no le siente nada bien; yo la prefiero con el traje de motorista de cuero amarillo de "Kill Bill" (Quentin Tarantino, 2003).


Quiero manifestar mi admiración por la música de Michael Nyman (aunque esta banda sonora no logre la brillantez de otras suyas, como sus colaboraciones con Peter Greenaway) y por el trabajo de los veteranos Ernest Borgnine (en el papel de Caesar, el jefe de limpieza) y para el iconoclasta Gore Vidal, que encarna al director de Gattaca, y que al final resulta ser, como en las novelas de Agatha Christie, el más insospechado asesino.

LA EPIGENÉTICA.

Por último, desde le punto de vista médico, empieza a ver la luz una serie de trabajos científicos que demuestran la importancia de la epigenética, especialidad responsable de todos esos cambios reversibles del ADN encargados de que determinados genes se expresen o no.

La epigenética:

  • es el nexo que relaciona la herencia con las influencias medioambientales, resucitando las clásicas teorías de Lalonde sobre la salud y la enfermedad humanas.
  • Es capaz de explicar las diferencias vitales entre dos hermanos gemelos univitelinos (clones genéticos naturales).
  • Es una potente luz que alumbra en las tinieblas del determinismo genético puro y duro, tema capital tratado en "Gattaca", preclara explicación que permite entender cómo un ser limitado genéticamente puede llegar a triunfar en el mundo de los perfectos super-hombres y mujeres diseñados en un laboratorio.

http://es.wikipedia.org/wiki/Epigen%C3%A9tica

sábado, 10 de mayo de 2008

LA FAMILIA SAVAGE


Philip Seymour Hoffman y Laura Linney son John y Wendy Savage


Damas y caballeros, señoras y señores: según el Instituto de Cine Americano, ante ustedes se presenta una de las mejores películas del año 2007 (espero que en el futuro, su valor continúe apreciándose a medida que vaya adquiriendo una mayor solera).

En esta lista, otros films que también hemos comentado en este blog: "Juno" (Jason Reitman, 2007) y "La escafandra y la mariposa" (Julian Schnabel, 2007). Hay quien no opina lo mismo, y me parece muy respetable, porque aquí radica unos de los fundamentos del cine como entretenimiento y espectáculo; el gusto, como el miedo, siempre es libre.






A los que desde siempre hemos vivido en Galicia, sobre todo en una pequeña ciudad de provincias como es el caso de Ourense, donde las costumbres ruales todavía conservan su peso específico (¡para lo bueno y para lo malo!), seguramente nos cueste aceptar cómo terminan su días las personas mayores en otras geografías, en otras culturas, en otras existencias.


Me explico: aunque el vertiginoso avance social sin duda alguna hará desaparacer progresivamente este modelo de cuidados, es frecuente que en un mismo hogar convivan varias generaciones familiares: abuelos, padres, hijos, nietos... El soporte vital y sus cargas asistenciales suelen repartirse entre todos. El anciano dependiente suele morir en su domicilio, bajo el cuidado de sus propios familiares.

Muy diferente es la situación que generalmente se vive en las grandes ciudades modernas, donde los miembros de las familias trabajan, los niños ingresan a temprana edad en las guarderias, se socializan en ese arquetipo, y los ancianos suelen ir a parar a diferentes instituciones asistenciales hasta que les llega la muerte.

El cine, como medio de expresión cultural, ha abordado el cuidado del anciano enfermo desde puntos de vista divergentes. Yo diría que existe un prototipo latino, más cercano a mis vivencias particulares, representado por "El hijo de la novia" (Juan José Campanella, 2001) y otro patrón que definiría como nórdico, anglosajón, que es el descrito en "La familia Savage" (Tamara Jenkins, 2007).

El comienzo de este trabajo de Tamara Jenkins, también autora del guión, resulta sugestivamente soprendente. Mientras Peggy Lee canta cadenciosamente "I don´t want to play in your yard", a cámara lenta un grupo de bailarinas seniles se desplaza en coordinada coreografía de un lado a otro de la pantalla, en un escenario idílico enmarcado por el sol omnipresente, el agua azul de las piscinas, el verde paisaje de los campos de golf y las apacibles casas de planta baja norteamericanas. Estamos en "Sun City", Arizona, una zona residencial que le ha ganado su habitabilidad al desierto, poblada por una comunidad de ancianos y sus cuidadores.

En una de las viviendas, nos encontramos con Leonard "Lenny" Savage (un inconmensurable Philip Bosco) y su acaudalada compañera Doris Metzger (Rosemary Murphy), afectada por una avanzada demencia. Los roces de convivencia son contínuos entre Lenny y Eduardo (David Zayas), el asistente personal contratado por la familia de Doris para su cuidado. Cuando ella fallece súbitamente, la vida de Lenny dará un giro radical. Enfermo de Parkinson, en plena evolución de su cuadro demencial, deberá abandonar el que ha sido su hogar durante los últimos 20 años y partir hacia Buffalo, Nueva York, donde será internado en un asilo.


La enfermedad de Parkinson es la segunda patología neurodegenerativa en frecuencia, detrás de la enfermedad de Alzheimer. Cursa con una serie de síntomas demostrativos de afectación psicomotriz, como por ejemplo temblor, rigidez (por la hipertonía muscular), bradicinesia (con movimientos lentos, congelados) y trastornos del equilibrio. Además, dentro de su cohorte sintomática, estos enfermos pueden desarrollar cuadros demenciales, con afectación especial de la memoria a largo plazo (en clara diferencia con el Alzheimer).


http://www.psicologia-online.com/colaboradores/parkmadrid/neuropsicologia.shtml


Lenny nunca ha sido un buen padre. Su brutalidad y mal carácter le mantuvieron durante años apartado de sus hijos Wendy (Laura Linney) y John (Phlip Seymour Hoffman). Ambos viven existencias desestructuradas:

  • Wendy es una mediocre oficinista que deposita todas sus ilusiones en un guión teatral autobiográfico que ha escrito relatando su tempestuosa relación con su huraño progenitor. Convive con su gato "Gengis" en un pequeño apartamento, donde periódicamente recibe las visitas de su amante Larry (Peter Friedman) y su fiel perra "Marly". Los ansiolíticos y los antidepresivos se convertirán en el apoyo artificial para soportar su anodina realidad.

  • John es obeso, dislipémico y desaliñado; catedrático universitario, se mantiene enfrascado en la redacción de un ensayo sobre la obra de Bertold Brecht. A lo largo del film, también aparecen referencias a Samuel Beckett, a Jean Genet y al "Teatro del Absurdo", donde el drama y la comedia a menudo se ensañan con la condición humana y la sinrazón de la existencia (como en la vida de la familia Savage). Incapaz de mantener su propia estabilidad sentimental, en su desorden vital incluso es capaz de renunciar a su novia Kasia (Cara Seymour), una becaria polaca que ante la falta de compromiso de John se verá forzada a retornar a Cracovia.

Ante tan desolador panorama, los hermanos Savage deberán viajar desde Nueva York hasta Arizona, para hacerse cargo de su provecto padre. Pero será sobre todo Wendy, quien con ternura y piedad irá descubriendo y recuperando la perdida figura paterna. Entre sus pertenencias encuentra viejos retratos infantiles de su hermano y de ella misma, que Lenny siempre ha conservado, quien sabe si por remordimiento o para tal vez cubrir las lagunas mnésicas a largo plazo típicas del Parkinson.


Especialmente conmovedoras resultan las escenas en la que Wendy y Lenny tratan de alcanzar a tiempo el excusado del avión que les lleva a la Gran Manzana, o aquellas en las que los hermanos Savage le plantean a su padre qué desea que hagan con sus restos mortales.

CURIOSIDADES MÉDICAS:

  • Cuando Wendy Savage recoge las pertenencias de su padre en Sun City, en el armarito de las medicinas encuentra un bote con Percocet. Se trata de un analgésico narcótico destinado al tratamiento de dolores moderados y severos. En una combinación de paracetamol y oxycodona. En la película, Wendy toma esta droga con finalidad sedativa, para alcanzar ese estado de ebriedad que le haga más llevadera su existencia; incluso recomienda y suministra alguno de estos comprimidos a su hermano John.
  • Los hermanos Savage se disponen a jugar un partido de tenis. En uno de los lances iniciales John sufre una distensión cervical. Para aliviar su dolor dispone de un aparato de tracción artesanal y casero, del que cuelga como contrapeso una bolsa de agua de 18 libras (algo más de 8 kilos).

El otro día le escuché a un amigo, que estuvo cuidando a su madre enferma de Alzheimer duante cuatro largos y penosos años, el pensamiento siguiente: "desafortunadamente, con su muerte, me llegó la liberación que realmente no deseaba".

miércoles, 7 de mayo de 2008

JUNO


Ellen Page es "Juno"


JUNO: esposa de Júpiter, diosa romana protectora del matrimonio y de los recién nacidos...


¿Dónde radica la singularidad y la desfachatez de una comedia iconoclasta, rodada por un equipo de novatos en los frondosos paisajes de la Columbia Británica, que ha convencido (y seducido) por igual a los críticos partidarios y detractores del aborto?

Tal vez la respuesta a este interrogante consiga explicar por qué "Juno" (Jason Reitman, 2007) fue galardonada con el Óscar al mejor guión original ese año, y por qué además este film tiene un espacio propio en MySpace:





Sin lugar a dudas, estamos ante una producción cinematográfica "independiente", poseedora de un potente marketing mucho más propio de las producciones comerciales de Hollywood (el "universo de Juno" o "Junoverso"). ¿Tal vez se convertirá con el paso del tiempo en un cotizado film de culto?


http://www.fox.es/juno/


Sin embargo, tengo la impresión que el problema del embarazo de las muchachas adolescentes en España no se encaja con tanto humor y filosofía.

Según los datos manejados en el año 2003 por la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), alrededor de 18000 mujeres menores de 19 años se quedan embarazadas anualmente. De ellas, casi la mitad, unas 7000, deciden interrumpir su embarazo. Si consideramos el grupo comprendido entre los 11 y los 15 años, 800 niñas y chicas se enfrentan cada año en nuestro país a su primera gestación. El 50% de estos embarazos finalizan en abortos.

En EEUU, unas 800000 muchachas menores de 20 años se quedan embarazadas cada año, el 75% de forma accidental. Aproximadamente unas 500000 llevan su embarazo a término.

A pesar de la ingente información sobre sexualidad, de las recomendaciones sobre el uso del preservativo y del funcionamiento de los centros de planificación familiar en la sanidad pública, muchas adolescentes siguen teniendo embarazos no deseados.

Mejorar los canales informativos, implementar los recursos educativos, incrementar la accesibilidad a los centros especializados, mentalizar al estamento asistencial de atención primaria de su importante labor en este campo, junto a la gratuidad de los métodos anticonceptivos, incluyendo la anticoncepción de emergencia, la prescripción de anovulatorios (orales y tópicos) y la insercción de dispositivos intrauterinos (DIU) siguen siendo medidas necesarias para evitar los embarazos no deseados en una franja de población femenina sexualmente muy activa.

Por cierto, ¡que nadie se olvide de los varones! (el embarazo siempre es cosa de dos...)

La recomendación de la abstinencia, cuyo impacto preventivo depende más de determinantes morales, religiosos, sociales y culturales, me da la impresión de no haber demostrado demasiada efectividad entre el colectivo femenino adolescente.

A los 16 años, Juno, Junito para sus seres queridos, decide mantener sus primeras relaciones sexuales con el muchacho del que está enamorada. Ambos no utilizan ninguna medida anticonceptiva. Datos españoles publicados en el año 2004 en la Revista Fusión, revelaron que el 25% de nuestras adolescentes con edades comprendidas entre 15 y 17 años mantiene relaciones sexuales frecuentes. Sólo una de cada diez refiere emplear regularmente un método anticonceptivo. El resultado: el 3.5% sufren embarazos no deseados. El problema sociosanitario que esta situación genera no es desdeñable.

http://www.revistafusion.com/2004/febrero/repor125.htm

Entonces, ¿por qué me ha gustado "Juno"?:


  • Por su FRESCURA: no resulta nada sencillo abordar un tema tan controvertido como el aborto en clave de comedia. Aunque reconozco que el saladísimo personaje encarnado por la actriz canadiense Ellen Page no se parece a ninguna de las adolescentes que conozco en mi entorno, desde los primeros fotogramas en los que aparece, su frágil presencia se adueñó de mi simpatía. Me llamó poderosamente la atención la expresividad no verbal de la actriz, sobre todo de sus manos, semejantes a pequeñas garras de un gorrión que trata de sobrevivir contra viento y marea.
  • Por su GUIÓN: me ha parecido muy atractiva la idea original de Diablo Cody, que en realidad es el pseudónimo de una polifacética artista llamada Brook Brusey, escritora, guionista y... ¡antigua stripper!. Fue galardonado en la gala de los Oscar de 2007 y más recientemente en los "Spirits Awards" de 2008, que premiaron la labor del cine independiente (mejor película, mejor actriz protagonista y mejor guión).

http://www.myspace.com/diablocody



  • Por su DIRECCIÓN: Jason Reitman ya había debutado exitosamente en esta faceta artística con su singular obra "Gracias por fumar" (2006). Hijo del también director Ivan Reitman, que alcanzó la fama a mediados de los 80 gracias a su taquillera película "Los cazafantasmas" (1984), el bisoño Jason consigue una creación fílmica redonda, donde el encaje visual, argumental y musical se me antoja inmejorable. Pese a su juventud, su trabajo con los actores resulta excelente. Aquí destacamos sobre todo a la madrastra, Bren McGuff, representada por Allison Janney, a la desafortunda Vanessa, la mujer elegida por Juno para la adopción de su hijo, cuya languida fragilidad es encarnada por la actriz Jeniffer Garner, y, por supuesto, al pusilánime Paulie Bleeker (personaje bordado por el también joven actor canadiense Michael Cera), introvertido corredor de fondo aficionado a los tic-tacs (pastillas) de naranja que, todavía hoy en día, ni yo ni Mac MacGuff (J.K. Simmons) el moderado padre de Juno, entendemos cómo pudo preñar a su precoz y mucho más madura compañera.

  • Por sus COMPLEMENTOS: incluyo aquí la banda sonora, la ambientación (aunque la acción supuestamente se desarrolla en Minnesota, la película fue filmada en Canadá - Columbia Británica -), y especialmente el "Junoverso" (o más apropiadamente, el "universo de Diablo Cody"): el teléfono hamburguesa, objeto rabiosamente kitchs que en la vida real pertenece a la propia guionista, la desvencijada camioneta Toyota Previa que lleva a Juno de un lado para otro, el sofá y la alfombra que Juno encuentra abandonados en el jardín de un chalet vecino, y Yuki, la preñada heroína fantástica de Manga, invención creada por la mismísima Diablo Cody...)

Salvando las distancias, marcadas por los avances sociales y el indefectible paso del tiempo, la visión de "Juno" me trajo a la memoria aquel cine agridulce sobre amores adolescentes que debemos al genial y malogrado director y humorista andaluz Manuel Summers. Me estoy refiriendo a "Del rosa al amarillo" (1963) y, sobre todo, a "Adios, cigüeña, adios" (1971) y a su secuela "El niño es nuestro" (1972). ¿Dónde estaban ustedes entonces?

Para finalizar, y gracias a la amabilidad de mi compañera Celsa Perdiz, trabajadora social del Centro de Orientación Familiar (COF) de Ourense, presentamos unos datos sobre la interrupción voluntaria del embarazo recogidos a partir de sus más recientes investigaciones. Corroboramos que en nuestro entorno profesional, más del 50% de las mujeres que desean abortar son menores de 20 años. Si consideramos a las menores de 18 años, el porcentaje puede alcanzar el 35%.