lunes, 20 de agosto de 2007

EL HOMBRE ELEFANTE



"Yo no soy un animal! ¡Yo soy un ser humano! Yo... soy... un hombre..."

¿Quién fue el verdadero Hombre Elefante, cuya desafortunada existencia en la Inglaterra victoriana, abordó David Lynch en su homónima obra maestra ("El Hombre Elefante" - 1980) con tan sutil delicadeza y sensibilidad?; ¿existe alguna diferencia entre un fenómeno y un monstruo?; ¿cuál fue la enfermedad (o las enfermedades) que realmente padeció este ser humano excepcionalmente deforme?

Desde siempre, este tipo de personajes han cautivado a este particular cineasta; hay incluso quien sostiene que esta película sería la continuación de su primer film de culto, “Eraserhead” ("Cabeza Borradora", 1976). 


Jack Nance en "Cabeza borradora"

Además del laborioso maquillaje del protagonista (diseñado y creado por Christopher Tucker), destacamos también la espléndida fotografía en blanco y negro, a cargo de Freddie Francis, poseedor de una dilatada experiencia profesional como cámara y director de películas de misterio y terror.


John Hurt es el Hombre Elefante

Como si por arte de magia pudiéramos introducirnos en la paupérrima Whitechapel, en la misma época en la que Jack el Destripador cometía sus sanguinarios asesinatos en serie (1888), la ambientación cinematográfica de los escenarios resulta impecable, mostrándonos casas y calles muy semejantes a las del insalubre Londres de la Revolución Industrial, donde a mediados del siglo XIX también trabajó uno de los padres de la epidemiología, el Dr John Snow.

A pesar de todos los méritos adquiridos por esta película, y habiendo obtenido ocho nominaciones para los Óscar de 1980, no ganó ninguna estatuilla, porque en su camino se cruzaron Martin ScorseseRobert de Niro y su "Toro Salvaje"...

LA CONEXIÓN ONÍRICA

Este tipo de escenas, con la presencia de humo, animales enfurecidos (en este caso elefantes), incendios y llamaradas (lo que el filósofo Gaston Bachelard denominó "la poética del fuego"), nubes, rostros parlantes y un particular e incómodo ruido de fondo, (el ulular del viento y un eco repetitivo de maquinaria en funcionamiento), son características también presentes en otros filmes de Lynch (como por ejemplo en "Terciopelo Azul" o en la serie televisiva "Twin Peaks. Fire Walk With Me").

Así escribió Edgar Allan Poe en "Berenice":

"Las realidades terrenales me afectaban como visiones, y sólo como visiones, mientras las extrañas ideas del mundo de los sueños se tornaron, en cambio, no en pasto de mi existencia cotidiana, sino realmente en mi sola y entera existencia".

Según el crítico Antonio José Navarro, el cine de Lynch se distingue por su romanticismo negro (trágico, sin esperanza, hiperbólico y brutal), emparentado con la obra de algunos escritores encuadrados dentro del llamado American Gothic (como Charles Brockden Brown o Flannery O´Connor, por ejemplo). Por ello, en su opinión, Lynch no apela al gusto convencional, sino al placer del pathos.

En realidad, el auténtico Hombre Elefante se llamó Joseph Carey Merrick (John, en la película); nació en Leicester (Inglaterra) el 5 de agosto de 1862. Fallecería en Londres 28 años más tarde, el aciago 11 de abril de 1890.


En la ficción cinematográfica la muerte le sobreviene a Merrick mientras dormía, seguramente asfixiado por el peso de su propia cabeza. Lynch aborda este trance como si de un suicidio se tratase, buscando la paz eterna que por fin alivie el sufrimiento del desfigurado protagonista. Estremecedora la música de fondo que acompaña a estas escenas ("Adagio para cuerda" - Samuel BarberOrquesta Sinfónica de Londres - dirigida por André Previn).

CINEFILIA

Este mismo "Adagio para cuerda" sería también utilizado en la banda sonora de "Platoon" (Oliver Stone, 1986), en la adaptación musical dirigida por Georges Delerue...


Sin embargo, en la vida real, parece ser que el Hombre Elefante falleció como consecuencia de un dislocamiento cervical, al vencer su pesado cráneo la mermada resistencia cervical.

En la ficción, el supuesto origen de su deformidad se atribuye a la nefasta impresión que la proximidad de un elefante causó en su madre durante su cuarto mes de gestación, en una isla remota del continente africano, a la vez que el guionista habilmente insinúa una improbable violación bestial y la quimérica concepción de una aberrante criatura híbrida. Una licencia fantástica del séptimo arte.

LO PATOLÓGICO

Algunos expertos han defendido que nos encontramos ante un florido caso del síndrome de Proteo, una rara malformación congénita de la piel, los huesos, el tejido adiposo y el sistema vascular (angiodisplasia múltiple que afecta a las venas, a las arterias y a los vasos linfáticos). Dichas malformaciones vasculares se trombosan con demasiada frecuencia, por lo que estos pacientes suelen fallecer prematuramente debido a tromboembolismos fatales (sobre todo en el territorio pulmonar).

Este síndrome fue descrito por primera vez en 1979, por el Dr. Cohen. Su nombre proviene de la mitología griega, donde Proteo (Proteus) era un dios subalterno de Poseidón, dedicado al pastoreo de sus rebaños de focas. Además estaba dotado con el don de la profecía y con la capacidad de cambiar de forma. De manera similar, en la mitología hindú también existe Ganesh o Ganesha, dios de la sabiduría, medio humano y medio elefante.


Tal vez los primeros médicos que estudiaron el caso de Merrick pensaron que se encontraban ante un caso especial de elefantiasis (de ahí su apodo zoomórfico). 

Otros se decantaron por una neurofibromatosis extrema. En el año 2003, estudios genéticos realizados con ciertas partes del cadáver de Merrick (cabellos y fragmentos óseos), comparadas con algunas muestras sanguíneas extraídas de varios parientes cercanos y de sus descendientes, revelaron que posiblemente el desafortunado Hombre Elefante pudiera haberse visto afectado por el padecimiento simultáneo de una neurofibromatosis tipo I y de un síndrome de Proteo. Pero, considerando la prevalencia de estas dos inusuales enfermedades entre la población general, la probabilidad estadística de la concomitancia de ambas patologías es prácticamente nula.

LAS RELACIONES ENTRE EL MÉDICO Y EL PACIENTE

El Dr. Frederick Treves (pulcramente interpretado por Anthony Hopkins), cirujano del Hospital de Londres y profesor de Anatomía en la Facultad de Medicina, descubre a Merrick entre las atracciones de una feria. La curiosidad científica despierta su interés inicial por el paciente. Pero es el progresivo descubrimiento de la profunda humanidad del enfermo lo que terminará por reforzar la amistad y admiración entre ambos.


 Anthony Hopkins es el Dr. Treves

Sin embargo, a medida que el film avanza en su argumento, el Dr. Treves comienza a dudar sobre la bondad de su trabajo con John Merrick. Él mismo, sus colegas de profesión, el personal de enfermería del Hospital, los bedeles y vigilantes..., con su atención sobre el fenómeno, parecen dejar a un lado al verdadero ser humano, resucitando de nuevo al monstruo de feria, al Hombre Elefante.

EL DOPPELGÄNGER

Este término, acuñado por primera vez por el escritor del Romanticismo alemán, Jean-Paul Ritchter en su obra "Siebenkäs" (1796), sirve para designar la desposesión del Yo, la proyección del alma o de la conciencia en forma de entidad especular, de alter ego (Antonio José Navarro - "Universo Lynch", pp 26, Calamar Ediciones 2006), representados en este film por el Dr. Treves versus Bytes (Freddie Jones), el infame personaje que explotaba al Hombre Elefante en la ficción (que no en la vida real)


 Freddie Jones es el malvado Bytes

Tal vez David Lynch quisiera rendir un homenaje a "Freaks" ("La parada de los monstruos"), ya que al igual que en la obra de Tod Browning, serán los propios fenómenos y seres deformes los que salvarán a su prójimo, los que rediman a su querido hermano y semejante.

EL ÚNICO POEMA ATRIBUIDO A JOSEPH MERRICK

Es cierto que mi forma es muy extraña,
pero culparme por ello es culpar a Dios;
si yo pudiese crearme a mí mismo de nuevo
me haría de modo que te gustase a ti.
Si yo fuera tan alto
que pudiese alcanzar el polo
o abarcar el océano con mis brazos,
pediría que se me midiese por mi alma,
porque la verdadera medida del hombre es su mente.


1 comentario:

Anónimo dijo...

El Departamento de Defensa de EE UU le acaba de conceder 500.000 euros al bioquímico español Héctor Peinado para investigar una enfermedad rara y desconocida: la neurofibromatosis-1, asociada por error durante décadas al llamado “hombre elefante”, el inglés del siglo XIX Joseph Merrick, cuyas malformaciones se debían en realidad al síndrome de Proteus...http://elpais.com/elpais/2016/10/12/ciencia/1476280760_094992.html